Muchas personas utilizan en su vida cotidiana, reglas y normas, pensamientos o creencias, ideas y conceptos aprendidos de sus antepasados (padres, abuelos, bisabuelos, etc.). A éstos se suman nuevas reglas o ideas, establecidos por ellos mismos conforme su experiencia.
Este conjunto de pensamientos y sentimientos (forma de pensar, forma de hablar y forma de actuar), constituyen los hábitos y costumbres familiares que van a dar lugar al carácter y personalidad de sus miembros. A esto lo llaman tradición familiar.
De otro lado, nosotros no somos simplemente cuerpo físico o carnal, sino esencialmente espiritual. Nuestra verdadera vida es el Yo Verdadero, eterno y perfecto por naturaleza. Como tal, en forma natural, propendemos al crecimiento espiritual para lograr nuestra verdadera felicidad y la de los demás.
Por tanto, conviene reflexionar sobre las “tradiciones” o “valores” familiares. Algunas de ellas, analizadas con mente natural, resultan ser negativos, impiden el crecimiento espiritual y conducen a la autodestrucción de sus miembros.
Por ejemplo, el “apego” a determinadas formas de contraer matrimonio, con testigos, vestimenta especial, fiestas, etc., son formalidades materiales. Cuando los contrayentes no siguen estas costumbres, generalmente los padres sufren. En verdad, lo más importante es el acuerdo libre, voluntario y responsable de los que se casan para iniciar una nueva vida en común y formar un hogar de crecimiento contínuo, reverenciándose y respetándose entre sí.
Muchas veces, por mantener la “manía de pureza” y/o “rigidez de carácter”, los seres humanos nos hacemos sufrir unos a otros, en lugar de desarrollar, nuestra magnanimidad y capacidad de perdonar, que son virtudes mayores.
¿Acaso Jesús no perdonó sus pecados a una famosa prostituta?
¿Acaso Jesús no compartió la mesa con un detestado recaudador de impuestos?
Cuando se habla de estrés, es conveniente considerar el estrés que beneficia y el que perjudica la salud de la persona.
Ejemplo de estrés beneficioso y útil es cuando se presenta una emergencia causada por un terremoto, incendio, accidente, etc., en la cual, gracias a la adrenalina que se libera en ese momento en el organismo, la persona puede ser capaz de conservar y salvar su vida, y la de los demás.
El otro tipo de estrés perjudicial, que puede conducir a la persona, al malestar que luego puede derivar en depresión, enfermedad y muerte, es el tema de hoy.
El ser humano busca los mejores métodos y técnicas, para manejar y controlar el estrés, y evitar que lo lleve por el camino de su autodestrucción. El estrés es un estado de desestabilización del equilibrio físico-mental-emocional, que puede perjudicar seriamente a las personas.
Una de las innumerables técnicas para aliviar este estrés, consiste en caminar todos los días durante 10 a 30 minutos; y mientras camina, sonría ampliamente.
La caminata no debe ser apresurada, tensa ni preocupante. La caminata debe ser tranquila, pausada, tratando de concentrarse en sus movimientos, en los pasos que da; debería ser hecho con la mente tranquila y en paz, disfrutando cada paso y tratando de masajear la planta de los pies en cada paso dado.
Alguien que acude a su centro de trabajo caminando, es una maravillosa oportunidad para aprovechar esta caminata, haciéndola saludable y disfrutando de cada momento presente.
Cuando se camina (y en todo momento de ser posible) es muy importante mantener, una sonrisa alegre, natural y espontánea, en señal de gratitud y satisfacción por todo lo recibido de la Gran Vida: aire que respiramos, agua que bebemos, vida que se aloja en nuestro interior, etc. Esto es, dejar que se manifieste en nuestra vida cotidiana, nuestro Yo Verdadero.
Creo que todos comprendemos el significado de estar cansado o fatigado; por ejemplo, un altleta después de recorrer 10 kilómetros, o un estudiante después de estar leyendo durante muchas horas, o una ama de casa después de las tareas domésticas del día, etc.
Entonces, el concepto de cansancio o fatiga, lo hemos adquirido desde que el hombre empezó a poblar la tierra; y, está tan arraigado que nos parece de lo más normal y natural pensar, hablar y actuar, manifestando el cansancio en nuestra vida cotidiana.
Ahora, vamos a romper los esquemas mentales, los paradigmas, y realizar una reingeniería mental. El cansancio pertenece al cuerpo carnal o físico, es decir, pertenece al mundo material, al mundo de los cinco sentidos; es un concepto creado por el “yo falso” del ser humano.
Jesucristo dijo: “Mi reino no es de este mundo”, y también dijo: “El reino de Dios está en vuestro interior”. Quiso decir que este mundo físico donde vivimos, no es más que sombra, es decir, una proyección de nuestra mente y de la mente colectiva de toda la humanidad. El cuerpo carnal, también es proyección de nuestra mente subconsciente (donde se almacenan los paradigmas, los conceptos y conocimientos, los pensamientos y creencias, ideas y sentimientos).
El verdadero mundo es nuestro Yo Verdadero (hijo de Dios) que se aloja como esencia de vida en nuestro interior, éste jamás se cansa ni fatiga.
La vida de San Martín de Porres, nos ilustra con claridad este aspecto. San Martín de Porres, logró concientizar su Yo Verdadero y trascender su cuerpo carnal, pudiendo trabajar muchas horas sin descanso, y dispuesto a acudir en ayuda de los más necesitados.
Desde este punto de vista espiritual, si logramos concientizar y exteriorizar nuestro Yo Verdadero, cuanto más esfuerzo y trabajo realicemos en bien de las personas, no llegaremos a sentir cansancio ni fatiga; por el contrario, podremos desarrollar nuestra capacidad infinita.
¿Qué es el verdadero amor?
La característica del amor es la perseverancia. La persona que luego pierde la paciencia y abandona un propósito tiene poco amor. El amor jamás busca exhibirse; el amor es sereno; una pasión ardiente que luego se apaga no es amor verdadero.
En el amor verdadero no hay celos; se tiene celos cuando hay deseo de poseer exclusivamente para sí, y eso no es el amor verdadero.
El amor es aquello que vivifica al prójimo con serenidad y perseverancia, sin perder jamás la esperanza. Cuando el amor es profundo, jamás pierde la esperanza en el prójimo. El amor jamás es desesperación; aquél que se desespera no está amando verdaderamente al prójimo. El amor ve la perfección del Yo verdadero o Esencia espiritual. El amor nunca ata o amarra al prójimo; el amor libera, pero no abandona.
El amor es el fuego sagrado que viene de los cielos. Es la más preciosa entre las dádivas de Dios. Dios es amor. Cuando se logra amar a alguien, no por interés, felicidad o placer de sí mismo, sino, con puro y verdadero amor, entonces se manifiesta Dios.
El amor abre realmente las puertas de la felicidad y bienestar, es decir, la puerta del paraíso.
Debemos vivir amando a todas las personas, cosas y hechos. Sólo el corazón que ama también es amado. La esposa que ama al esposo, es amada por el esposo; y, el esposo que ama a la esposa, es amado por la esposa.
Los padres que aman a los hijos, son amados por los hijos; y los hijos que aman a sus padres, son amados por sus padres. Este mundo es un lugar donde todo está de acuerdo con nuestra mente, con nuestro pensamiento y creencia.
No debemos odiar a las personas. Odiar secretamente a una persona o hablar mal de ella equivale a traspasarla con un cuchillo.
Vivir es amar. El ser humano fue creado y nació para amar. Ame incondicionalmente a la humanidad, ame a la familia, ame al prójimo. Amar vivifica no sólo al prójimo, sino también a la propia persona que ama.
Abordar este tema se hace apasionante, nos llena de entusiasmo y curiosidad natural por conocer cuál es el origen de las desgracias y sufrimientos que experimentan los seres humanos en su vida cotidiana.
Es apasionante porque, si somos capaces de conocer el origen y causa de este lado oscuro de la humanidad, también seremos capaces de conocer las soluciones, es decir, los remedios que nos harán recuperar el bienestar, la paz y felicidad que todos nos merecemos en este mundo.
Afirmar que las causas de todos los sufrimientos y desdichas de las personas, son las “ilusiones mentales”, parece sencillo y complicado a la vez.
Parece sencillo, porque utilizando nuestra Esencia espiritual o Yo verdadero podemos eliminar las ilusiones mentales y destruir las causas, y asunto arreglado, todos vivimos felices y en perfecta convivencia pacífica.
El asunto se complica cuando surgen cuestionamientos inevitables como: ¿Qué son las ilusiones mentales? ¿Cómo las hemos aprendido o adquirido? ¿De qué modo influyen en nuestra vida diaria? ¿Cómo podemos eliminar las ilusiones mentales?.
Es conveniente aclarar que el término “ilusión” está siendo mal utilizado por algunas personas, pues, confunden con el significado de “metas, sueños o ideales”. La ilusión es el desconocimiento de la verdad. Suponer existente algo que no existe, es ilusión. La Realidad es Verdad, la ilusión es falsedad.
Entonces, las “ilusiones mentales” son todos los pensamientos y creencias erróneas que hemos recibido de nuestros antepasados a través de nuestros padres ( aquí se incluye el tema de las enfermedades hereditarias), y nosotros estamos trasmitiendo lo mismo a nuestros descendientes.
Las “ilusiones mentales” también, son los pensamientos y creencias erróneas que hemos aprendido de nuestro entorno, desde nuestra llegada a este mundo.
Continuaremos en el siguiente artículo……
En uno de sus libros sobre psicoanálisis, titulado “Psicopatología de la vida cotidiana”, S. Freud explica que la causa de los errores que cometemos en la vida cotidiana, ó, los fracasos que sufrimos aunque nos esforzamos conscientemente para no fracasar, es el hecho de existir en el subconsciente, el deseo de fracasar.
Presenta el caso real de una mujer, que todas las mañanas, cuando calentaba la leche, dejaba el fuego muy alto y terminaba derramándolo. Cada vez que esto sucedía, se lamentaba y se prometía a sí misma controlar el hecho, mas, no conseguía cumplir su promesa y continuaba derramando la leche todos los días.
Haciendo un análisis psicológico, Freud descubrió lo siguiente: cierta mañana en el pasado, cuando ella hervía la leche, se distrajo y el líquido se derramó en el piso. En ese instante, su perrito entró en la cocina y comenzó a lamer la leche derramada, moviendo la cola alegremente. Viendo el gesto gracioso del animalito, ella se enterneció y pensó “¡Qué gracioso! me gustaría proporcionarle esa alegría más veces, dejando lamer la leche derramada en el piso”.
Como ese sentimiento de ternura fue muy intenso, quedó fuertemente grabado en su mente subconsciente. A partir de entonces, su subconsciente le impedía controlar la intensidad del fuego y terminaba derramando la leche en el piso.
A pesar de su consciente pensar “Derramar leche es un desperdicio, de ahora en adelante tomaré más cuidado para evitar eso, dejando el fuego más bajo”; el subconsciente que rige los movimientos involuntarios del cuerpo mantenía el pensamiento opuesto, es decir, el deseo de “derramar la leche para que el perrito pueda lamerlo”.
Usted verá, que este ejemplo de la acción del subconsciente en la simple tarea de hervir leche, se puede aplicar a todas las fallas que son cometidas en la vida cotidiana. Debemos llenar nuestro subconsciente con pensamientos buenos y valores duraderos, que se manifiesten en felicidad y reconocimiento de nuestro Yo verdadero.