Reverenciar el Yo Verdadero o Naturaleza Divina de sí mismo y del prójimo, consiste en no hablar ni pensar mal de sí mismo, ni de los demás. Consiste en no hablar ni pensar en la aparente maldad de una persona.
Reverenciar el Yo Verdadero de sí mismo y del prójimo, consiste en reconocer la Naturaleza Divina o lo que es lo mismo la Esencia Espiritual (Alma, Hijo de Dios) de cada ser humano.
El Yo Verdadero del ser humano es puro, perfecto, armonioso, saludable y eterno. Asuma de inmediato, la noble actitud de no dejarse envolver por las malas acciones practicadas por el yo falso de otra persona. El yo falso es impuro, imperfecto, conflictivo, enfermizo y efímero; en el mundo de la Realidad, no existe, pero la persona le da existencia y fuerza activa al reconocerlo con su mente, y de esa manera se materializa en su vida diaria.
Mantenga su mente libre e independiente.
¿Cómo alcanzar tan elevado estado espiritual que nos permita reverenciar la Naturaleza Divina de todas las personas, incluso de las que están, en este momento, haciéndonos daño?.
Para eso, es necesario un entrenamiento mental y espiritual. Es necesario entrenar a su mente para ver sólo el lado positivo de las personas, cosas y hechos. Usted conseguirá eso, infaliblemente, pues los aparentes males e imperfecciones de las personas son “falsos aspectos”, comparables a las nubes que cubren el cielo. Por detrás de esas “falsas apariencias personales” existe la perfección, lo mismo que por detrás de las nubes existe permanentemente el cielo azul.
Si hay alguien a quien usted odia, haga lo siguiente para transformar ese odio en amor: Todas las mañanas y todas las noches, haga la Meditación de Iluminación (Libro “La Verdad de la Vida”, Vol. 8, Dr. M. Taniguchi) durante cinco minutos y, cuando esté con el espíritu concentrado en la convicción de que usted es “uno” con Dios, mentalice o comente en voz baja, las siguientes palabras de autosugestión:
“Yo soy hijo de Dios.
Mi corazón está repleto de amor, por eso yo no odio a fulano;
al contrario, yo lo estimo mucho.
El también pasará a estimarme, pues el amor atrae el amor.
Yo reverencio, y reverenciaré siempre la Naturaleza Divina de él”.
Con las manos juntas en posición de oración, mentalice fuertemente que está realmente estimando a esa persona.
Siga con esa práctica hasta que se sienta bien. La primera transformación ocurrirá dentro de usted mismo: pronto empezará a sentir que está mejorando. Así es el “poder creador” de la palabra.
Comprendiendo esa Verdad, usted percibirá que el rencor que parecía sentir o el rencor que la otra persona parecía sentir por usted, en la realidad, era el reflejo de su mente, es decir, usted mantenía pensamientos de crítica contra él, sólo veía su yo falso y no su Yo Verdadero.
¡Muchas gracias!
Las diversas formas de sufrimiento de la humanidad, se manifiesta en todos los niveles socioeconómicos, y a través de todas las generaciones del ser humano.
Muchos de aquellos que reconocen la “pobreza” y se creen “pobres”, sufren por sus carencias materiales e inmateriales. Se enferman, se alimentan sin sabiduría, tienen pensamientos mediocres, codiacian los bienes ajenos, desarrollan antipatía y rencor contra los “ricos”. De este modo ingresan a un círculo vicioso de pensamientos y sentimientos negativos (autoestima baja) que los aleja cada vez más, de la verdadera felicidad.
Muchos de aquellos llamados “ricos”, se apegan demasiado a sus riquezas materiales y sufren pensando que algún día se les puede acabar ó alguien les pueda quitar. Igualmente sufren enfermedades, suicidios, tratan de acumular más riqueza aun a costa de oprimir a los demás (grandes poderes económicos y políticos), desarrollando antipatía y desprecio hacia los “pobres”. Así, ingresan al círculo vicioso de los pensamientos y sentimientos negativos (ego gigante)que los aleja cada vez más de la verdadera felicidad.
Todos estos infortunios que padecen la gran mayoría de personas, se debe a dos causas principales:
1.- En verdad no saben quiénes son. De dónde vienen y a dónde van. Es decir, ignoran su verdadera naturaleza y vida.
Ignoran su verdadera misión en este mundo.
2.- No conocen las leyes de la mente, las cuales gobiernan nuestra vida en este mundo visible. Y, si las conocen, no saben cómo utilizarlas o aplicarlas positivamente en su vida diaria.
El día que el hombre, despierte a la Verdad y resuelva las dos causas principales de su infelicidad, se volverá realmente feliz.
Al leer el título del presente artículo, muchas personas podrían pensar que estoy loco o fuera de la realidad; posiblemente otras reflexionen con más profundidad preguntándose ¿será cierto eso?.
Conozco casos de amigos que afirman tener diabetes como algo heredado de su padre o madre, incluso, paradójicamente se lamentan del hecho, pero a su vez, con cierto aire de orgullo y status social, afirman que su abuelo y bisabuelo también tuvieron diabetes, entonces, en cierto modo, la enfermedad ya representa una distinción de familia.
De otro lado, muchos médicos, cuando observan los exámenes y resultados clínicos de sus pacientes que conllevan a la sospecha de esta enfermedad, suelen hacer preguntas como: “¿tiene algún familiar que sufra de diabetes? ¿tal vez su padre? ¿o su abuelo?”. Si la respuesta es afirmativa, entonces, la sentencia será más determinante y definitiva.
Todo esto es una ilusión mental. Se dice ilusión a la falta de conocimiento de la Verdad.
El problema de creer y pensar que la diabetes es una enfermedad hereditaria, se origina en otra ilusión: creer que la diabetes queda fijada materialmente en los cromosomas, genes, etc. de la persona que padece y por lo tanto se transmite de padres a hijos.
La mente del ser humano es tan poderosa que le permite pensar y creer lo que se le antoje. Los pensamientos, creencias y temores sí pueden ser hereditarios y además contagiosos. Un diabético, generalmente ya es un experto en la materia, ese conocimiento lo comparte con su familia y de este modo, siembra la semilla de la enfermedad en la mente de sus familiares.
La “idea de diabetes” asociado con el temor a la misma, sí puede transmitirse de generación en generación. Pero, todo esto es un proceso mental y no una transmisión de cuerpo carnal a cuerpo carnal. Recuerde la ley mental de causa y efecto: “todo lo que su mente reconoce, se concreta en su vida”.
Purifique su mente y viva feliz, libre de enfermedades.
Con frecuencia hemos escuchado a mucha gente decir: “del amor al odio hay sólo un paso”. Tal vez nosotros también lo hicimos en algún momento, pensando que eso era verdad. Es una de las grandes falsedades que se almacena en la mente humana.
Si en una familia, hay miembros que piensan de ese modo, están construyendo su propia autodestrucción y desdicha. Los otros familiares que lo escuchan, también graban ese pensamiento oscuro en su mente subconsciente.
Pero, para felicidad de todos, existe una Verdad que muchas personas ya la conocen y la practican en su vida diaria. Esta Verdad es que realmente, sólo existe el Amor, el Bien.
El odio, rencor, envidia, celos, resentimiento, venganza, etc. no tienen “existencia real” porque no son creaciones de Dios. Estos pensamientos y sentimientos negativos sólo tienen existencia pasiva, no tienen fuerza por sí mismos. Cada ser humano le da existencia activa, al reconocerlo con su mente consciente e inconsciente.
Podemos afirmar con absoluta seguridad que, si una persona (hombre y mujer) siente y manifiesta en su vida diaria, odio, rencor, envidia, celos, rabia, venganza, etc., es porque “no conoce el verdadero amor”; en otras palabras, el sentimiento de Amor está ausente en ella.
Entonces, del amor al odio hay un abismo de distancia. La persona que “ama verdaderamente” es incapaz de sentir odio, celos, venganza, etc.
Nuestro Yo Verdadero (Alma o esencia espiritual) posee como característica original el Amor Infinito de Dios. El Bien y el Amor es nuestro formato original. Es la mente humana, con su idea equivocada de los cinco sentidos, la que ha creado los pensamientos y sentimientos negativos.
La humanidad vive y rige su vida en base a ideas y creencias desarrolladas a lo largo de su existencia terrenal.
Uno de los paradigmas màs perjudiciales y de autodestrucción es el dicho: “Mente sana en cuerpo sano”. Parece ser una frase inocente, parece verdad y hasta parece lindo cuando es pronunciado públicamente como slogan de muchas campañas masivas.
Hagamos una reflexión y análisis en profundidad. Decir mente sana en cuerpo sano, es pensar y creer que el cuerpo físico o carnal es más importante que la mente. Es creer que la mente es una parte dependiente del cuerpo(concepto antiguo). Esta vibración es captada y fijada por la mente subconsciente de la persona. Esta idea, creencia o pensamiento viene a ser el origen de todos los conflictos y sufrimientos del ser humano.
Entonces, es necesario enfrentar la mentira con la Verdad. Es preciso el cambio del enfoque mental y forma de pensar de la humanidad. Es hora de grabar en nuestras mentes la frase correcta “Cuerpo sano en mente sana”.
Es hora de afirmar que primero es la mente y el pensamiento. Toda idea se desarrolla primero en la mente y luego se concreta como manifestación en el cuerpo físico y en el mundo visible y perceptible a los cinco sentidos. Podemos afirmar que el cuerpo está en la mente, es dependiente de ella; y finalmente, el cuerpo físico es producto de la mente.
Se puede considerar: Mente=Director de orquesta; cuerpo físico=músicos.
Una mente limpia y pura, proyecta un cuerpo sano y saludable. Cuando la mente alberga idea de enfermedad, la enfermedad se presenta en el cuerpo.
Las personas que no creen en esta Verdad, tienen la libertad y derecho de hacerlo. A fin de cuentas, son responsables de sus pensamientos y sentimientos, por tanto, de su destino.
Una de las más grandiosas y extraordinarias enseñanzas de Jesucristo para el bien de la humanidad, está relacionada la FE. Con frecuencia, en sus prédicas enseñaba, “Sea hecho conforme tu fe”, “Tu fe te ha salvado”, etc.
Esta enseñanza tan profunda, es válido no sólo para el Cristianismo y los cristianos, sino también, para todas las religiones (Budismo, Islamismo, Shintoismo, etc.) y sus respectivos seguidores. Todas las religiones, en su esencia, enseñan lo mismo con respecto a la FE.
Lamentablemente, la mayoría de las personas en el mundo entero, no dan la debida importancia ni reflexionan, sobre el verdadero significado e influencia que tiene el desarrollo de la fe, sobre sus vidas.
FE significa, creencia firme, convicción, confianza en lo que pensamos que es “verdad”. La fe nos permite creer como verdadero, algo que ni a veces comprendemos.
Nuestra fe tiene importancia clave y vital, en el desarrollo de nuestros hábitos y costumbres, en la formación de nuestro carácter y personalidad, y finalmente, en nuestro destino.
Luego, podemos afirmar que el ser humano, posee capacidad y poder para desarrollar dos tipos de fe: fe correcta y fe incorrecta.
La fe correcta, se desarrolla en base a valores eternos y conceptos verdaderos (amor, sabiduría, vida, alegría, armonía), es decir en base al YO VERDADERO. Nos conduce a la verdadera autoestima o autoconfianza y a la felicidad.
La fe incorrecta, se desarrolla en base a creencias falsas, pensamientos pobres, valores efímeros (temor, miedo, luchas sociales, egoísmo, enfermedad, etc.), es decir en base al YO FALSO. Nos conduce al sufrimiento, conflictos y autodestrucción.
Es preciso y conveniente, reflexionar y cuestionar en todo momento, si lo que pensamos, decimos y hacemos en nuestra vida cotidiana, es verdadero o falso, a través de nuestra mente y actitud mental.
Algunas personas piensan que la diplomacia y el tacto son cualidades muy valoradas. El hecho de decir las cosas y ser capaz de no herir sentimientos o emociones, incluso se considera a veces un arte.
Por otro lado, existen los que piensan que eso de la diplomacia, es plena hipocresia. ¿Qué piensa usted?.
Existen quienes dicen las cosas de frente, sin fijarse en las formas, y se enorgullecen de su sinceridad y franqueza. Sin embargo, hay personas que pueden resultar muy lastimadas cuando no cuidamos las formas en decir las cosas. Puede ser verdad, pero como dicen: “a veces, la verdad duele”.
Entonces, ¿qué es mejor, sinceridad absoluta a toda hora y en todo lugar o diplomacia y tacto al enfrentar a alguien para decirlo de forma correcta y sin herir a la otra persona?. No creo que exista una respuesta definitivamente correcta para esta pregunta.
Depende de cada situación y persona la manera en que deberíamos expresarnos. No está del todo bien carecer de la habilidad del tacto, ya que nos limitaría seriamente en las relaciones interpersonales que todo ser humano debe establecer (puede leer nuestro artículo Tacto y Diplomacia: dos habilidades subestimadas).
Además, tampoco sería recomendable que enfrentemos siempre a las personas con diplomacia, porque en ciertos círculos o con personalidades diferentes, puede ser que sea necesario decírselo de frente y sin rodeos… como se dice, “en la cara”. Y es que la sinceridad directa y franca puede ayudar mucho dependiendo de la situación. Es más, puede hacer que esa otra persona recapacite y reaccione favorablemente, cosa que tal vez no consigamos mediante el uso de la diplomacia.
La hipocresía es decir algo que no se siente o que sólo se dice para quedar bien con la otra persona. Usted puede usar la diplomacia y la franqueza directa en diferentes ocasiones, sin necesidad de ser hipócrita. Lo importante siempre será decir lo que uno piensa, al margen del método a utilizar.
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En el mundo en que vivimos (mundo de tres dimensiones) llamado también “mundo de los cinco sentidos”, no todo lo que percibimos a través de ellos es verdad, muchas cosas que parecen ser tal, en realidad no lo son.
También la relación familiar de nuera a suegra o de yerno a suegra está expuesta a las leyes mentales y a la percepción de los cinco sentidos.
Muchas nueras y yernos manifiestan con alegría espontánea que mantienen relaciones armoniosas con la madre de sus cónyuges. Esto es lo más bello y natural, es lo esperado.
Pero, también hay nueras y yernos que cual si cargaran una cruz pesada, mantienen relaciones tensas y desagradables con la madre de sus cónyuges. ¿Por qué ocurren estas cosas? ¿De quién depende todo?.
Me imagino que todas estas personas quisieran cambiar esta situación hacia una relación más amistosa y satisfactoria. ¿Me equivoco?.
Bien, para comenzar, debemos recurrir a dos sentimientos fundamentales que en forma resumida y fácilmente comprensible son:
El Amor: es sumergirse en el interior de la otra persona y volverse “uno con ella”.
La Armonía: es, utilizando el amor, ubicarse en el lugar que le corresponde. Todos tenemos nuestros respectivos lugares.
Tanto el Amor y la Armonía son infinitos, y deben usarse con sabiduría, alegría y gratitud.
Las nueras deben comprender que no compiten con sus suegras en nada, sólo ocupan el lugar desocupado que les corresponde. Si el fin último es la felicidad de su marido, entonces no existen rivales, sino personas que se empeñan en demostrar amor desde sus posiciones; y, este gesto debe merecer gratitud a su suegra.
Igual reflexión cabe a los yernos con respecto a sus suegras.
Esta es la manifestación maravillosa del Yo Verdadero, de la esencia espiritual de la persona.
¡La manifestación de Amor es el Bien!.
Con todo amor, el próximo artículo estará dedicado a las suegras.
En nuestra vida diaria experimentamos una serie de situaciones, agradables y desagradables.
Nuestro deseo natural es querer experimentar sólo sucesos agradables, porque ellos nos proporcionan emociones de bienestar; y, naturalmente deseamos evitar los sucesos desagradables porque ellos nos causan emociones de malestar (enfermedades, fracasos, sufrimientos, etc.)
Es preciso discernir y distinguir nítidamente lo que es el “Yo Verdadero” y el “yo falso” del ser humano.
El Yo Verdadero es nuestra naturaleza verdadera, es nuestra esencia espiritual, es nuestra naturaleza divina interior. Este Yo Verdadero, originalmente es perfecto y armonioso.
El yo falso es el fenómeno manifestado en base a pensamientos y sentimientos equivocados. Este yo está estrechamente relacionado con el cuerpo carnal y los cinco sentidos. Este yo falso es el que se corrompe, es el vicioso, es el que genera conflictos en su familia y en la sociedad, es el que enferma y sufre.
En verdad, lo único existente es el Yo Verdadero. El yo falso es una proyección o sombra del Yo Verdadero encubierta con ilusiones por una mente equivocada. Es la mente inmadura e infantil, el que proyecta un yo distorsionado o falso.
Entonces, una de las principales claves de éxito es educar y ejercitar nuestra mente para que se concentre solamente en lo que es Verdad. Debemos dominar nuestra mente y evitar que ella nos domine. Si la mente nos domina, sálvese quien pueda, porque puede suceder cualquier cosa.
Por tanto, utilizando nuestro Yo Verdadero, deberíamos esforzarnos en ver siempre sólo lo positivo de las personas, cosas y hechos, y nunca lo negativo. De este modo, se potencia la fuerza natural de vivir en armonía y felicidad con nuestros familiares y con toda la sociedad.
Hagan la prueba en su diario vivir.
Voy a ofrecer un resumen de la interpretación pormenorizada del “Padre Nuestro” publicada en el volumen 6 de la colección La Verdad de la Vida, por el profesor Masaharu Taniguchi Ph.D.
Jesús enseñó y dijo: Vosotros, pues, oraréis así: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén”. “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros, vuestro Padre Celestial”. (Mateo 6.9-14).
Esta oración, si fuese interpretada superficialmente, podrá parecer una imploración. “Padre nuestro, danos esto, danos aquello”. Tanto en la Biblia, como las escrituras Budistas y Sintoístas, contienen sermones específicos predicados en determinadas épocas para un determinado grupo de personas. Un sermón (discurso) debe variar en cuanto al modo de predicar (hablar) y en cuanto a las palabras empleadas, de acuerdo al nivel de los oyentes.
En la época en que Jesús enseño la oración “Padre Nuestro”, estaban reunidos los primeros discípulos y no había oyentes muy iluminados espiritualmente. Por eso, aunque contenga una elevada Verdad, fue expresada de forma fácil para que las personas poco desarrolladas espiritualmente también pudiesen entender.
Interpretando de modo más profundo, vemos que el núcleo de la oración es la parte que dice: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Aquí “cielo” se refiere a la Imagen Verdadera (Yo Verdadero, la propia imagen de Dios). Entonces “Padre nuestro, que estás en los cielos” se refiere a Dios de la Imagen Verdadera. Si Dios estuviese sólo en el cielo, no podríamos estar en el reino de Dios. Con una creencia de este tipo, nadie podría sentirse tranquilo. Dios es omnipotente y omnipresente. Dios es absoluto y universal. Dios está presente en todo y en cualquier lugar. Por lo tanto, Dios está presente en nuestro interior, es nuestro Yo Verdadero.
Decir que la voluntad de Dios está hecha en el cielo es lo mismo que decir “en la dimensión de la Imagen Verdadera, este mundo ya es el paraíso”. En el mundo de la Imagen Verdadera no existe conflicto ni enfermedad de ninguna especie. Así es el mundo de la Imagen Verdadera, de gran armonía.
Orar para que la voluntad de Dios que está hecha (concretada) en el cielo (mundo de la Imagen Verdadera) se haga también en el mundo fenoménico (mundo físico o carnal) y que éste se vuelva tan perfecto como el mundo de Dios – este es el punto principal del “Padre Nuestro”.
Y cuando nuestra mente sintonice con las vibraciones de la Imagen Verdadera (nuestro Yo Verdadero), el mundo fenoménico (percibido por nuestros cinco sentidos) se presentará perfecto y armonioso.
En nuestro siguiente artículo, completaremos la interpretación del “Padre Nuestro”.