Cuando se trabaja en equipo, es decir, con una variedad amplia de personas, muchos piensan que la puntualidad, la creatividad, la franqueza y otros tantos son aspectos importantes que deben estar presentes. Pero son pocos los que se percatan que el más importante de todos, es algo que a veces consideramos básico, pero que no es muy recordado. Es el respeto.
Respeto por los demás, por sus ideas y pensamientos, por su tiempo y su dedicación. La relación entre seres humanos es tan compleja y misteriosa, así como sensible. Por lo tanto, es necesario tener cuidado de siempre guardar respeto cuando nos relacionamos con otros.
El respeto es celebrar nuestra condición de seres humanos, de seres pensantes e inteligentes. Agredir a los demás, sea física o verbalmente, es dar un paso atrás en la historia, en nuestra evolución. Es volver a esa etapa primitiva en que el hombre debía matar bestias para poder sobrevivir.
El respeto es una relación constante y no de momento. En todo lugar nos vemos en relación con otras personas, por lo tanto, debemos cuidar de respetarlos a cada instante. Debe ser uno de nuestros valores personales más importantes, ya que sin él, no solo perderíamos amistades, sino nuestra plena condición de seres humanos.
Respetar no solo a las personas, sino al planeta, al medio ambiente. Actualmente la naturaleza se encuentra tan maltratada que exije tengamos el mismo respeto también hacia ella.
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Los cambios en el modo de pensar, en el modo de hablar y en el modo de actuar de los seres humanos, han sido profundos y muy acentuados a nivel mundial.
Al cumplirse la primera década del nuevo Siglo XXI en los albores del tercer milenio, es indudable que la humanidad, está comprendiendo, que es necesario un gran cambio a nivel de la mente, es decir, asumir una nueva actitud o esquema mental, con respecto a la verdadera vida del ser humano.
Muchos célebres pensadores, filósofos, empresarios y líderes del mundo entero, están aceptando, hablando y promoviendo, que la nueva era en la que hemos ingresado, es la “era de la espiritualidad”. Esto significa que cada vez más, está cobrando mayor importancia, el crecimiento espiritual de las personas, para alcanzar la verdadera felicidad de todos, sin excepción alguna.
¿Cómo se logra el crecimiento espiritual?
Ciertamente, el crecimiento espiritual no se logra luchando y compitiendo unos contra otros. La verdadera competencia no es de una persona contra otra, ni de un profesional contra otro profesional.
La verdadera competencia es contra sí mismo. El Yo Verdadero (verdadera naturaleza original, creada por Dios) contra el yo falso de la misma persona. Lamentablemente, en el 90% de la actividad diaria de una persona se manifiesta el yo falso. El yo falso, es una personalidad y carácter construído con mente equivocada, basado en el egoísmo personal o grupal, basado en el apego a las cosas materiales y efímeras, basado en todos los pensamientos y sentimientos negativos que conllevan a su propia autodestrucción.
La verdadera competitividad total se logra, cuando el Yo Verdadero se impone y destruye al yo falso. Sólo así se logra un crecimiento espiritual, basado en el amor, en la sabiduría, en la alegría, en la armonía, en la vida eterna y en la abundancia infinitas.
Esto del fin del mundo cobra cada día más adeptos, en el sentido es que de cuando en cuando suele convertirse en una moda extraña. Si, en efecto extraña porque el morbo del ser humano es incomprensible al poner de moda un tema que propone la destrucción de la humanidad.
Además de raro, tiende a tener un matiz ciertamente irónico, ya que mientras nos retorcemos la mente con ideas acerca de cómo será el fin del mundo, realmente lo estamos destruyendo al afectar negativamente al medio ambiente.
Por otro lado, algunos científicos o creyentes de diversas ciencias indican que todo forma parte de un ciclo natural de nacimiento, crecimiento y extinción, únicamente para empezar otra vez.
Esto quiere decir que mientras nos desgastamos en encontrar una solución, un camino o una esperanza para la raza humana, esto ya ocurrió muchas veces desde hace millones de años. Es decir, el fin del mundo, no es tema nuevo ni mucho menos reciente.
Esto apunta a que ya hubieron otros fines, en los cuales lo que vivía en La Tierra desapareció y todo tuvo que nacer y crecer nuevamente. Un ciclo, eso mismo. Luego de nosotros vendrán otros seres humanos, que producto de una evolución similar a la nuestra podrán tal vez tener otra oportunidad de hacer mejor las cosas y conservar adecuadamente el planeta.
El fin del mundo además, pretende siempre ganar una connotación apocalíptica, cuando en verdad no dista de ser un proceso natural, guíado por las leyes del universo.
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Con mucha frecuencia escuchamos comentarios en las familias con respecto a la conducta o comportamiento de sus hijos “este niño(a) es malcriado(a)”, “es mañoso(a)”, etc. Hay padres y madres que pregonan como si fuera un gran acontecimiento, que sus hijos son malcriados, y añaden “ya no sé qué hacer”.
Yo mismo, en el pasado lejano, tenía estas creencias o pensamientos, con comentarios semejantes. En el presente actual, afirmo contundentemente, que estos comentarios y pensamientos son dañinos y perjudiciales, para todos los seres humanos. Debemos tener mucho cuidado y reflexionar profundamente al respecto.
Cuando se afirma que los niños son malcriados, se entiende que no recibieron buena crianza o buena educación; por tanto, se asume la existencia de fuerza y poder ajeno al niño o niña que ha influenciado en su formación psicosocial. Entonces, los verdaderos causantes de la malcriadez de los niños, son las personas mayores o adultas que permanecieron próximos a ellos. Generalmente estas personas son papá, mamá, hermanos mayores, abuelos, tíos, etc.
De otro lado, los niños al nacer, llegan a este mundo, con todos los atributos divinos propios de su Yo Verdadero o esencia espiritual (Alma): sabiduría, amor, vida saludable exenta de enfermedades, abundancia, alegría y armonía. Poseen mente dócil y pureza en sus sentimientos, gran inteligencia y capacidad de observación e imitación, por tanto, los niños (se incluye a los bebés) observan e imitan todos los pensamientos, palabras y accciones de las personas que le rodean. Los pensamientos son vibraciones que se transmiten entre las personas según la ley mental “semejantes se atraen”.
Por tanto, los niños son inocentes de toda culpa por sus conductas. La corrección en ellos deben hacerse con amor y sabiduría, no castigándolos.
En todo caso, quienes merecen mayor castigo y corrección son las personas mayores que rodean al niño en su vida.
Aprovechando las ocasiones festivas, como por ejemplo, la culminación del año 2009, las personas suelen desear para sí mismos y para los demás (principalmente familiares y amigos), que este nuevo año 2010, sea más exitoso, feliz y próspero que el anterior.
Muchos repiten los deseos como si fueran oraciones aprendidas, y otros lo hacen con verdadera sinceridad. Lo cierto es que todos nosotros, desde lo más profundo de nuestro ser esencial (Alma o Yo Verdadero), deseamos alcanzar verdadera felicidad para nosotros mismos y para nuestros seres queridos.
¿Todos los seres humanos podemos alcanzar la verdadera felicidad, sin excepción?.
Claro que sí podemos.
¿Todos nosotros tenemos las herramientas necesarias para construir la verdadera felicidad, sin excepción?.
Claro que las tenemos.
Todo el poder y capacidad para crear nuestra propia felicidad y la de los demás, está en nuestra mente. Todas las herramientas necesarias para construir nuestra propia felicidad y la del prójimo, está en nuestra mente. El gerente encargado de administrar estos dones y atributos divinos, es el Yo Verdadero.
Lamentablemente, el poder y capacidad para crear nuestra propia desgracia y la de los demás, también está en nuestra mente. Las herramientas necesarias para construir nuestros propios sufrimientos y la de nuestros semejantes, también está en nuestra mente. El gerente que administra estos vicios y defectos, es el yo falso.
Si usted desea un mejor año 2010, aprenda a manejar y controlar su mente. Piense, hable y actúe con su Yo Verdadero. Comience a pensar que la suerte está dentro de usted y no depende de otras personas o circunstancias externas.
Sea completamente positivo y optimista. Trabaje y haga todas las cosa con amor y sabiduría.
No busque la salud a través de la materia o del cuerpo carnal, pues sólo encontrará enfermedad. La salud verdadera está en su naturaleza divina (hijo de Dios).
Todo cuanto nos ocurre a cada uno de nosotros los seres humanos en el momento presente de nuestras vidas, es una consecuencia de lo que hemos pensado, hablado y actuado en nuestro pasado.
Hay personas que piensan y creen que en este mundo de tercera dimensión donde nos desarrollamos con nuestro cuerpo físico, muchas de las cosas que nos pasan a diario, son ocasionadas por la buena suerte ó mala suerte; es decir, dentro del contexto de la casualidad o azar.
Es bueno saber que esto no es verdad. Es necesario desterrar de nuestra mente estas ideas equivocadas. En su lugar, es muy útil saber que existen leyes mentales que nos gobiernan en forma inexorable en este mundo visible.
La inexorabilidad de estas leyes mentales significa que afectan por igual a las personas que las conocen y también a las que no las conocen. La diferencia es que quienes la conocen pueden utilizarla con sabiduría para su felicidad. Nadie puede violar o esquivar estas leyes sin sufrir sus efectos o consecuencias.
Una de estas leyes es la de “causa y efecto”; en los dichos populares se conocen como “todo lo que se siembra, se cosecha”, “quien siembra vientos, cosecha tempestades”; todo efecto tiene su causa y toda causa tiene su efecto.
Nuestro “presente” es el “ahora” que vivimos constantemente. Nuestro “pasado” se remonta desde nuestra concepción en el útero materno hasta 1 segundo de tiempo antes de nuestro “ahora”.
Lo que quiero decir es que, lo que hemos pensado, hablado o actuado hace mucho tiempo ó hace 1 segundo, va a dar frutos en el presente.
Si alguna persona robó, engañó, maltrató ó mató a otra persona, es una siembra que cosechará tarde o temprano, no cabe ninguna duda; la cosecha es obligatoria y generalmente viene multiplicada. Esta cosecha se manifiesta en la persona que lo sembró, como enfermedad, sufrimiento, desgracia, infelicidad, muerte, etc.
La persona que sembró amor, bondad, comprensión, generosidad, etc. lo cosechará en forma de felicidad, prosperidad, alegría, éxito, bienestar, etc. Generalmente multiplicado. Así es como nos responde el Universo.
Todas las cosas trazadas en la mente de cada persona acaban manifestándose en su vida diaria. Este hecho obedece a la ley mental “Semejantes se atraen”, es la “ley de la atracción”.
Todas las ideas y pensamientos que los seres humanos mantienen constantemente, tanto en su mente consciente como en su mente subconsciente, acaba materializándose y concretizándose en su vida.
Aquél que, por vivir preocupado con enfermedades, lleva constantemente sus medicinas consigo, no se vuelve realmente sano.
Quien sólo piensa en pobreza y vive hablando de eso, acaba atrayendo realmente la pobreza.
Una persona que vive dependiendo de medicamentos es porque no logra ver cuán grande es la fuerza vital (fuerza de “autocura”) que existe en su interior. No obstante que los medicamentos tengan gran poder de cura, ese poder es insignificante cuando se compara con la fuerza infinita que existe en el interior del hombre.
Exteriorice plena y totalmente su fuerza interior infinita. No se juzgue débil ni enfermo. No se apoye en fuerzas externas. Exteriorice su Yo Verdadero o Alma, que es poderoso y eterno.
Existen muchas personas enfermas que buscan curarse experimentando un tratamiento durante una semana, otro tipo de tratamiento durante un mes, un medicamento durante tres días, un remedio casero durante tres semanas, y así por el estilo, sin lograr resultados eficaces en ningún caso.
Esas personas no logran la cura porque no son capaces de concentrar su fe en una sola cosa. Cuando concentramos nuestra mente en una sola cosa, podemos superar todos los peligros, obstáculos y dificultades, pues la fuerza de nuestra mente es infinita.
Rompa sus paradigmas y desarrolle una fe sólida en usted mismo. Si usted quiere curarse de una enfermedad, concientice su Yo Verdadero y adopte un tratamiento con fe y determinación. Deshágase de su duda y vacilación.
Hace pocos días asistí a una reunión social en la cual se trataron, como es costumbre, muchos temas. Me llamó la atención un tema en particular: “el cambio que experimentan hombre y mujer en sus conductas, después del matrimonio”.
Muchos padres del varón que se casó, pueden pensar y comentar “nuestro hijo, cuando soltero, era muy amoroso, atento y manteníamos muy buenas relaciones con él; desde que está casado, ha cambiado mucho, lo vemos muy poco, se ha alejado de nosotros, etc, etc.”
Del mismo modo, muchos padres de la mujer que se casó, pueden pensar y comentar las mismas ó incidencias parecidas, con respecto a su comportamiento, antes y después del matrimonio.
¿Qué es lo que sucede realmente?
Los seres humanos, fuimos creados por Dios a su imagen y semejanza; dicho en otras palabras, nuestra Esencia o Alma o Yo Verdadero es la misma Vida de Dios. Habiendo sido creados como hombre y mujer, cada uno como mitad de alma, tenemos la infinita sabiduría para desarrollar hábitos y costumbres a lo largo de la vida y para cada época de ella.
Hombres y mujeres solteros, desarrollan hábitos y costumbres que genera un determinado carácter y personalidad. Cuando llegan al matimonio, con inteligencia emocional y sabiduría, deberían desarrollar nuevos hábitos y costumbres, apropiados para su nueva vida de pareja.
Si, los hábitos y costumbres de solteros, afectan negativamente poniendo en riesgo el crecimiento y progreso del nuevo hogar, éstos deberían ser corregidos y cambiados, en base al amor verdadero (que consiste en buscar la felicidad de su pareja), sin ningún esfuerzo ni sacrificio, sino en forma natural.
Por ejemplo, un hombre soltero que suele beber con amigos los fines de semana, ó una mujer soltera que suele ir a la discoteca tres veces por semana; al casarse, no deberían mantener estos hábitos y costumbres, por razones obvias.
Por tanto, es saludable, un cambio necesario y adecuado, para asegurar que los nuevos hábitos y costumbres que adopte la nueva pareja, les permita corregir, desarrollar y enriquecer su carácter y personalidad, para construir un hogar de progreso infinito, y armonía con sus familiares.
El conocerse a sí mismo podría suponer un asunto interesantísimo para algunas personas, y para otras, un tema algo abstracto y difícil de comprender, requiriendo mucho esfuerzo y concentración para su cabal conceptualización.
Cuando hablamos de conocernos a nosotros mismos, no está referido al conocimiento que debemos tener acerca de nuestro cuerpo carnal. Tampoco se refiere a nuestros gustos o deseos por las cosas materiales o físicas; ni el nivel de aceptación o grado de conformidad con las cosas y situaciones que percibimos con los cinco sentidos.
En otras palabras, algunas personas podrían pensar y creer que se conocen a sí mismas cuando dicen: “yo soy muy calmado, pero si me sacan de mis casillas, soy capaz de arrasar con todo”. Otros pueden decir: “si alguien me lastima, me resiento mucho y no olvido fácilmente”. Otros pueden decir: “Si alguien me da un golpe, yo le devuelvo dos golpes”. Y así por el estilo.
No nos engañemos, eso no es conocerse a sí mismo, es tan solo saber cómo es nuestra actitud y reacción ante determinados estímulos. Sólo es conocer la forma en que nos manifestamos basados en hábitos y costumbres adquiridas. Saber cómo es nuestro carácter y personalidad no significa que ya tenemos verdadero autoconocimiento.
Conocernos a nosotros mismos es mucho más profundo. Es saber quiénes somos realmente, y qué somos en verdad. Al respecto, tengo la firme convicción de que somos hijos de Dios y por lo tanto, seres espirituales. Nuestra verdadera Esencia, Alma o Yo Verdadero, es la fuerza y energía vital que comanda y da vida a nuestro cuerpo carnal.
Somo la máxima autoexpresión de Dios, dotados de su: sabiduría, amor, vida, provisión, alegría y armonía infinitas. Estas virtudes podemos manifestar y concretar en nuestra vida diaria mediante el adecuado uso y dominio de nuestra mente consciente y subconsciente.
A partir de este autoconocimiento, podemos ser mejores seres humanos, mejores padres, mejores hijos, mejores amigos, mejores líderes, etc. Podemos entender y comprender mejor a los demás, podemos saber cómo triunfar y alcanzar éxito en nuestra vida, ser felices y dar felicidad a los demás. Lea nuestro artículo: Confianza en uno mismo, el primer paso en el camino del éxito.
Queda claro, que guardo mucho respeto por aquellas personas cuyos pensamientos y creencias son diferentes a los míos.
¡Muchas gracias!
Muchas personas piensan y dicen: “cuanto más fácil, mejor”; “cuanto menos trabajo, mejor”; “cuanto menos responsabilidad, mejor”; etc, y, buscan quedarse en una situación en la que no necesitan emplear el máximo de sus capacidades.
Esto, aparentemente, es más cómodo para todos, pero con esa comodidad y facilidad de vida, generalmente no se alcanza éxito ni progreso porque sus metas y objetivos que se trazan tampoco son grandes.
Todos los seres humanos están dotados de una gran capacidad. Desafortunadamente, la mayoría pierde la oportunidad de exteriorizar su gran poder escondido, juzgándose mediocre, porque nunca estuvo en situaciones realmente difíciles que exijan la exteriorización de toda su capacidad, ni asumió grandes responsabilidades.
Por lo tanto, no debemos retroceder ante las dificultades, ni huir de las más pesadas responsabilidades; sino, debemos proponernos decididamente a enfrentar y vencer las dificultades, no tener miedo de asumir las mayores responsabilidades, mantenernos firmes en nuestra determinación de avanzar eliminando todas las vías de retroceso y esforzándonos al máximo, en todas las ocasiones.
Se han visto casos en que una señora de carácter delicado y cuerpo frágil queda viuda con varios hijos para criar y con escasos recursos; y, sorprendentemente consigue de algún modo sobrevivir guiando a sus hijos por el camino del bien y del amor, gracias a esa fuerza interna (Yo Verdadero) de “soportar todas las dificultades”.
Si contamos siempre con alguien que nos ayude, si pensamos que basta recurrir a otros para salir de las dificultades, no lograremos desarrollar toda nuestra capacidad. Las facilidades entorpecen nuestro espíritu y disminuyen nuestras capacidades. Debe quedar claro que no estoy promoviendo que busquemos las dificultades para complicarnos la vida inútilmente, sino que hagamos frente a las dificultades que se presenten asumiendo nuestras responsabilidades para desarrollar el máximo de nuestra capacidad.
En muchos casos, los descendientes de una familia millonaria que viven rodeados de todo tipo de comodidades, no logran manifestar la misma capacidad de aquél que hizo la fortuna inicial (abuelo, bisabuelo, etc.) si es que se apegan a las cosas fáciles y no se esfuerzan por asumir grandes responsabilidades.
La dificultad no es un obstáculo para el éxito y progreso; es un esmeril que sirve para pulirnos y hacer brillar más nuestro carácter y personalidad.