Imagine la vida como una enorme balanza… de un lado está la razón y del otro las emociones. Usted sabe que es importante razonar, pero no puede desprenderse de sus sentimientos o carga emocional al hacerlo. Son cosas que no podemos separar, precisamente porque somos seres humanos.
De la misma manera, el liderazgo se puede concebir como una gran balanza. De un lado está el pensamiento crítico y del otro la inteligencia emocional. Así, todo ser humano que quiere convertirse en un líder o practicar un liderazgo efectivo tendrá que saber encontrar su propia combinación de ambos. Es decir, la fórmula perfecta para sí mismo.
El pensamiento crítico llama a nuestro lado plenamente racional. Cuando resolvemos situaciones, tomamos decisiones o enfrentamos problemas, requerimos ordenar nuestras ideas, analizar, sintetizar, definir, conceptuar, etc. Por otro lado, la inteligencia emocional evoca la expresión de nuestros sentimientos hacia los demás. Asimismo, contiene un elemento básico e importantísimo que es la empatía. Esa característica es la que nos ayuda a relacionarnos de forma adecuada con otras personas, considerando siempre el contexto y las diferentes personalidades que podemos encontrar.
Entonces, el liderazgo es buscar la forma de balancear de la mejor manera para cada quién, el pensamiento crítico y la inteligencia emocional. Todo depende de ese balance. Un buen líder podrá sobrellevar cualquier situación si puede mover la balanza a su favor en cada lugar y con cualquier persona. Los líderes efectivos pueden encontrar la fórmula adecuada para mantenerse y sobresalir en un oceáno plagado de abundantes cambios e incertidumbres.
Si usted es un líder, o está en camino de serlo, no pierda de vista la interdependencia que existe entra la razón y los sentimientos. Ambos forman una simbiosis, la cual en el balance correcto, puede convertirse en un arma muy poderosa.
Lea también nuestro artículo Una de las estrategias principales del líder, la mirada en 360°.
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Algunas personas piensan que la diplomacia y el tacto son cualidades muy valoradas. El hecho de decir las cosas y ser capaz de no herir sentimientos o emociones, incluso se considera a veces un arte.
Por otro lado, existen los que piensan que eso de la diplomacia, es plena hipocresia. ¿Qué piensa usted?.
Existen quienes dicen las cosas de frente, sin fijarse en las formas, y se enorgullecen de su sinceridad y franqueza. Sin embargo, hay personas que pueden resultar muy lastimadas cuando no cuidamos las formas en decir las cosas. Puede ser verdad, pero como dicen: “a veces, la verdad duele”.
Entonces, ¿qué es mejor, sinceridad absoluta a toda hora y en todo lugar o diplomacia y tacto al enfrentar a alguien para decirlo de forma correcta y sin herir a la otra persona?. No creo que exista una respuesta definitivamente correcta para esta pregunta.
Depende de cada situación y persona la manera en que deberíamos expresarnos. No está del todo bien carecer de la habilidad del tacto, ya que nos limitaría seriamente en las relaciones interpersonales que todo ser humano debe establecer (puede leer nuestro artículo Tacto y Diplomacia: dos habilidades subestimadas).
Además, tampoco sería recomendable que enfrentemos siempre a las personas con diplomacia, porque en ciertos círculos o con personalidades diferentes, puede ser que sea necesario decírselo de frente y sin rodeos… como se dice, “en la cara”. Y es que la sinceridad directa y franca puede ayudar mucho dependiendo de la situación. Es más, puede hacer que esa otra persona recapacite y reaccione favorablemente, cosa que tal vez no consigamos mediante el uso de la diplomacia.
La hipocresía es decir algo que no se siente o que sólo se dice para quedar bien con la otra persona. Usted puede usar la diplomacia y la franqueza directa en diferentes ocasiones, sin necesidad de ser hipócrita. Lo importante siempre será decir lo que uno piensa, al margen del método a utilizar.
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Aristóteles dijo: “Cualquiera puede enojarse, eso es algo muy sencillo. Pero enojarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”.
Sucede a menudo que cuando algo nos afecta negativamente o nos hacen algún daño, nos concentramos en enojarnos con el hecho o la persona origen de aquello. Lo malo de esto es que muchas veces no pensamos en lo que sabiamente nos dijo el gran Aristóteles. Enojarse es una de las cosas más fáciles que hay, saber con quién y en qué intensidad, eso es otra cosa.
Por ejemplo, un conductor temerario se atraviesa por nuestro carril de forma imprudente. Frente a este hecho, tenemos muchas alternativas:
1. Me enfado por lo ocurrido y continuo mi camino, pero no con el mismo estado de ánimo u optimismo.
2. Baja la ventanilla del auto y grito lo más fuerte posible algún insulto.
3. Inicio una persecucción implacable al sujeto hasta que lo alcanzo y le hago lo mismo.
4. También voy dispuesto a alcanzarlo, pero no sólo para gritarle o hacerle lo mismo, sino para agarrarlo a golpes.
Ahora pregúntese a usted mismo lo siguiente: ¿Alguna de estas opciones hará que el hecho desaparezca?, ¿logrará enseñarle al tipo el respeto y el conducir correctamente?, ¿cambiará su estado de ánimo y se sentirá muy bien consigo mismo?. Se dará cuenta que la respuesta para estas preguntas es un “no” y esto es porque en un hecho como tal, lo único que puede influir en su bienestar es usted mismo. Usted tendría que decidir y razonar que no vale la pena enojarse y que puede continuar su camino sin alterar su ánimo ni sus planes ya establecidos. En este caso, enojarse sería fácil, ¿verdad?… pero de eso se trata precisamente, enojarse cuando se debe hacerlo.
Igualmente ocurre con las relaciones personales. Muchas veces somos presa de nuestros sentimientos y emociones muy rápido y reaccionamos incorrectamente. Esto afecta negativamente la relación con nuestros familiares y amigos, quiénes siempre están cerca y cuando nos damos cuenta de lo que hemos hecho o dicho, ya es muy tarde, generando malos entendidos o resentimientos.
Siempre que se encuentre en una situación que le disgusta o le incomoda, recuerda a Aristóteles… no se enoje por cualquier cosa insignificante, tampoco lo haga en una intensidad desmedida y mucho menos con la persona equivocada. Recuerde, el enojarse es un arte, aprenda a dominarlo.
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En el mundo en que vivimos (mundo de tres dimensiones) llamado también “mundo de los cinco sentidos”, no todo lo que percibimos a través de ellos es verdad, muchas cosas que parecen ser tal, en realidad no lo son.
También la relación familiar de nuera a suegra o de yerno a suegra está expuesta a las leyes mentales y a la percepción de los cinco sentidos.
Muchas nueras y yernos manifiestan con alegría espontánea que mantienen relaciones armoniosas con la madre de sus cónyuges. Esto es lo más bello y natural, es lo esperado.
Pero, también hay nueras y yernos que cual si cargaran una cruz pesada, mantienen relaciones tensas y desagradables con la madre de sus cónyuges. ¿Por qué ocurren estas cosas? ¿De quién depende todo?.
Me imagino que todas estas personas quisieran cambiar esta situación hacia una relación más amistosa y satisfactoria. ¿Me equivoco?.
Bien, para comenzar, debemos recurrir a dos sentimientos fundamentales que en forma resumida y fácilmente comprensible son:
El Amor: es sumergirse en el interior de la otra persona y volverse “uno con ella”.
La Armonía: es, utilizando el amor, ubicarse en el lugar que le corresponde. Todos tenemos nuestros respectivos lugares.
Tanto el Amor y la Armonía son infinitos, y deben usarse con sabiduría, alegría y gratitud.
Las nueras deben comprender que no compiten con sus suegras en nada, sólo ocupan el lugar desocupado que les corresponde. Si el fin último es la felicidad de su marido, entonces no existen rivales, sino personas que se empeñan en demostrar amor desde sus posiciones; y, este gesto debe merecer gratitud a su suegra.
Igual reflexión cabe a los yernos con respecto a sus suegras.
Esta es la manifestación maravillosa del Yo Verdadero, de la esencia espiritual de la persona.
¡La manifestación de Amor es el Bien!.
Con todo amor, el próximo artículo estará dedicado a las suegras.
“La venganza es un plato que se sirve frío”
¿Alguna vez escuchó esta frase?, seguramente que sí.
Es posible que algunas personas sientan el deseo de refugiar sus más pesados y oscuros sentimientos en la venganza. El deseo de venganza surge debido a que una persona se siente frustrada o decepcionada en extremo por el comportamiento o actitud de otra.
Aunque podría parecer entonces que se podría justificar un sentimiento negativo como lo es la venganza, en realidad es uno de los más bajos del ser humano, en el sentido que lo degrada de forma general, tanto con respecto a los demás como consigo mismo. Lea nuestro artículo Encuentre su paz espiritual, desarrollando las principales virtudes del ser humano.
Usted debe mantener su mente alejada de pensamientos tales como el deseo de vengarse de otros. No carece de sentido el querer tomar la justicia con solo nuestras manos, sabiendo que existe un orden natural en el universo que le da a todos los seres humanos, exactamente lo que buscan o merecen. Trascienda los límites normales que le impone su mente consciente: sentimientos y actitudes negativas no hacen otra cosa que generar cosas malas en su vida, no lo permita.
La venganza como tal, arrastra posteriormente sentimientos igual de negativos, así como la tristeza, el arrepentimiento, la soledad, etc. Si usted tiene una oportunidad de vengarse o está pensando en que esa persona que hizo mal se lo merece, mejor pienselo dos veces, ya que no puede permitir que su espíritu se inunde de otra cosa que no sea buenas acciones y actitudes positivas.
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Generalmente, las personas adquieren hábitos y costumbres del medio que lo rodea y de todas aquellas personas, cosas y hechos (hogar, colegios, universidades, centros de trabajo, etc.) con los que interactúa desde temprana edad y durante toda su vida terrenal.
Las personas, cuando desarrollan su capacidad de autocrítica y autoanálisis, tienen más facilidad para darse cuenta si sus hábitos y costumbres adquiridas, lo llevarán por el sendero de la autodestrucción ó lo guiarán por el camino del progreso, paz y felicidad.
¿Cómo forman sus hábitos y costumbres las personas?
Guiados por diversas motivaciones, los pensamientos repetidos, las palabras repetidas y las acciones repetidas sobre determinados gustos o deseos, finalmente consolidan determinados hábitos y costumbres en la vida del ser humano.
Este proceso es más sencillo en los niños desde su formación en el útero materno hasta la edad de 6 años aproximadamente, debido a que tienen una mente muy dócil y su mente subconsciente absorbe directamente y con facilidad, todas las emociones y sensaciones de su entorno inmediato. A partir de esta edad y durante la vida restante del cuerpo físico, cada vez, utilizan más su mente consciente y mediante ella graban en su subconsciente, estas emociones y sensaciones.
Entonces, todos estos sentimientos, emociones y sensaciones producidos, se van grabando en la mente subconsciente que actúa como una especie de almacén o como la memoria del disco duro de la computadora en la forma de hábitos y costumbres; listos para ser despachados o liberados en el momento oportuno para manifestarse en nuestra vida diaria.
Veamos un ejemplo de drogadicción y alcoholismo.
Este vicio, se inicia por muchas motivaciones, siendo una de las más importantes el sentimiento de la carencia de amor de parte de sus seres queridos.
Piensa en forma repetida que su padre y/o madre no lo aman, no se siente amado porque su madre o madre lo abandonaron, ó viviendo con ellos piensa que no se interesan por él; también sienten miedo o temor de quedar solos y abandonados, miedo de no ser amado, apreciado y considerado; y, al haber escuchado a otras personas o haber visto en las publicidades que, tal o cual sustancia, o tal o cual bebida alcohólica, lo pone en onda, piensa que ese recurso lo hará sentirse mejor y lo considera como una salida y solución a su situación desagradable.
Todos estos pensamientos sombríos, son luego expresados en palabras habladas o escritas en forma repetida; las personas que lo escuchan y orientan, pueden hacerlo reforzando estos pensamientos sombríos, ó también corrigiendo hacia el camino del bien.
Luego pasa a las acciones probando por vez primera la droga o alcohol, entonces experimenta sus pensamientos y palabras, mediante emociones y sensaciones “aparentemente agradables”. Este hecho refuerza el proceso, retroalimentando y grabando con más fuerza en su mente subconsciente; generando un círculo vicioso de falsa felicidad.
Lo que ignora la persona involucrada, es que todas las emociones y sensaciones de falso bienestar son temporales y más bien son perjudiciales, porque los efectos secundarios son cada vez más fuertes y desastrozos, pudiendo llevar a la persona a su muerte física.
Continuaremos con la parte II…
No podemos negar todo cuanto ocurre a nuestro alrededor y en todo el mundo. Con mucha frecuencia observamos, sufrimiento, dolor, rabia, celos, rencor, etc. en las personas; y vemos que estos sentimientos negativos se traducen en enfermedades algunas veces graves, en conflictos que generan guerras, a tal punto que el ser humano se desarmoniza consigo mismo y con los demás. Parece hallarse en un círculo vicioso de autodestrucción.
Referido a la vida familiar, vemos y escuchamos líos entre la suegra y la nuera, entre la suegra y el yerno, entre las suegras, entre esposo y esposa, entre padres e hijos, entre hermanos, etc.
Escuchamos a suegras que dicen: “ya no soporto a mi nuera”, “pobre mi hijo que se casó con esa mujer”, “mi nuera me ha robado el amor de mi hijo y lo ha alejado de mí”, “mi consuegra no ha enseñado nada a su hija”, etc.
Nueras que dicen: “mi suegra me tiene harta”, “mi suegra se cree una gran dama y me maltrata”, “mi suegra es una metiche”, “cuando mi esposo va a la casa de su madre regresa cambiado”, etc.
Padres que comentan: “ya no sé que hacer con mi hija(o)”, “mi hijo X es más inteligente que mi hijo Y”, “mi hijo Y me quiere más que mi hijo X”, y cosas por el estilo.
En una reunión, escuché a una chica (físicamente bonita) de 21 años que estaba de novia (el novio no estaba presente) decir, “a mi futura suegra no tengo por qué quererla ni regalarle nada”. También escuché a una señora (separada de su esposo) decirle a su hermana (también separada del marido) “¿recuerdas que tu suegra era una ogro?”.
¿Por qué se manifiesta esta forma de vivir?. Es porque esencialmente pensamos que somos seres diferentes y aislados uno del otro, sin ligazón alguna, que hasta el amor y los recursos son limitados, por lo tanto, hay que luchar para sobrevivir. Todo esto es ilusión.
En verdad, tenemos que conscientizar que en nuestra esencia, todos somos iguales y somos una sola vida con Dios, por tanto, gozamos de amor infinito y hemos venido a este mundo, “para ser felices y hacer felices a los demás”.
Para recuperar nuestra armonía original es necesario romper paradigmas erróneos; pensar, hablar y actuar manifestando nuestro Yo verdadero. El amor, cuanto más se demuestra se hace más grande y nunca se acaba.
Todos tenemos una misión y un papel que desempeñar, ocupando nuestro respectivo lugar; cada quien debe ocupar y cumplir el rol que le corresponde , en su familia y en su comunidad. Hay lugar para todos sin excepción, todo debe complementarse.
La suegra no debe competir con la nuera por el amor del hijo ó viceversa. En el amor del hombre existe un lugar específico para la madre y otro para la esposa y jamás serán intercambiados; es decir, la madre nunca podrá desempeñar el papel de esposa, ni la esposa el papel de madre; por el contrario, son roles que se complementan y hacen crecer el amor entre los seres humanos, lo cual se concreta en felicidad para todos.
Esto no quiere decir que toda la humanidad se encuentra envuelta en el círculo vicioso. Indudablemente, existen muchas personas y familias que han desarrollado y viven en un ambiente de armonía y felicidad; representan un ejemplo a seguir.
Los sentimientos más hermosos que la humanidad puede disfrutar en su vida diaria, son el amor y la gratitud.
El amor es el “espíritu que produce” y, sin él, la vida no puede ser engendrada, ni creada con perfección.
El amor de nuestros padres es una manifestación visible y palpable de ese amor de la Gran Vida (Dios).
Abraham Lincoln al ser elegido presidente de los Estados Unidos dijo: “Todo lo que soy hoy y seré mañana se lo debo a mi angelical madre”.
El gran inventor Thomas Edison afirmó: “Lo que me formó fue el amor de mi madre. Ella me amó de todo corazón y siempre creí que no debía decepcionarla. No es exageración afirmar que soy lo que soy hoy porque fuí estimulado, incesantemente, por el impulso de alegrar a mi madre”.
El amor del padre nunca es menor al de la madre. Sin embargo hay una tendencia a no ser reconocido porque el padre tiene pocas oportunidades de demostrarlo en palabras, debido a que en general gran parte de su tiempo es empleado en el trabajo, que lo hace para felicidad de toda la familia. En la actualidad, muchos padres se esfuerzan por tener mayor presencia en el hogar.
Por más que alguien ame a una persona, si la critica sin dirigirle una palabra de elogio, difícilmente conseguirá mejorarla.
Tanto las palabras de amor como las de elogio tienen el poder de construir el bien. En lo íntimo de cualquier persona se aloja la naturaleza divina y cuando confiamos en el otro buscando descubrir y elogiar sus partes positivas, esa naturaleza divina comienza a brillar, despertada por el poder de la palabra.
Hemos afirmado que el estrés es una situación desagradable, estado de incomodidad y/o malestar, el cual se manifiesta en nuestros cuerpos, cual si fuera una enfermedad; afectando seriamente la armonía y felicidad tanto individual como familiar.
Debemos insistir que todos los pensamientos y sentimientos, positivos y negativos, se manifiestan en forma concreta en el cuerpo carnal, como una situación de bienestar o malestar, de salud o enfermedad. En otras palabras, lo que observamos en nuestro cuerpo, es el síntoma, el efecto, la consecuencia, la cosecha de lo sembrado.
Las causas se originan en la mente, en la actitud mental, en la forma de pensar y creer respecto a personas, cosas y hechos. Nosotros mismos hemos elaborado y estamos elaborando esos pensamientos y sentimientos positivos y negativos, las tenemos almacenadas en nuestra mente subconsciente, en espera de una oportunidad propicia para manifestarse en nuestra vida diaria.
Entonces, el estrés, inicialmente es un conjunto de pensamientos y sentimientos negativos (que pueden llegar al deseo de autodestrucción), que se crean en nuestra mente y almacenan en nuestro subconsciente como una semilla. Es producto de la ilusión mental. Sabemos que la ilusión es el desconocimiento de la verdad, es falsedad, es irrealidad; luego, ilusión mental es una creencia o pensamiento equivocado.
Para combatir el estrés, se puede recurrir al médico o profesional especializado, quien con palabras adecuadas, retira de la mente del paciente, los pensamientos y sentimientos equivocados, reforzando el tratamiento con medicamentos, de ser necesario.
También se evita el estrés, conservando siempre el sentimiento natural y viviendo -valga la redundancia- con naturalidad. El sentimiento natural es el todo, es la perfección, es armonía, es la ausencia de la enfermedad, es el cero, es el círculo.
La otra técnica increíble de evitar el estrés es la Meditación Espiritual. Consiste en reconocer quiénes somos en nuestra verdadera naturaleza, en nuestra Esencia, en nuestro Yo verdadero; y, contemplar con los ojos mentales que “somos uno” con la Gran Vida del Universo, Dios.
Las empresas para su mejoraramiento y crecimiento contínuo, aplican la Reingeniería de procesos y luego Calidad Total. El ser humano, para su mejoramiento y crecimiento contínuo puede utilizar la Meditación como una reingeniería mental y luego, pensar, vivir y educar con sentimiento natural, como herramienta de Calidad Total.
Es preciso tener en cuenta lo siguiente: si bien puede ser importante combatir ó curar el estrés; es más importante, no sentirlo, no manifestarlo; para ésto, es necesario eliminar las posibles semillas mentales.
Con mucha frecuencia, escuchamos comentarios de la gente en el sentido que, el ser humano no es perfecto y que por la misma razón, alberga imperfecciones tales como odio, celos, resentimiento, ignorancia, enfermedades, pobreza, tristeza, conflictos, desarmonías y todos los demás sentimientos y pensamientos negativos que azotan a la humanidad.
Si el ser humano fuera un simple cuerpo carnal, tal vez las afirmaciones anteriores, podrían tener algún fundamento. Pero, nosotros somos esencialmente seres espirituales con Vida eterna. Nuestro Yo verdadero tiene como formato original, la Sabiduría, Amor, Vida, Provisión, Alegría y Armonía infinitas propias de Dios Padre, nuestro creador.
Por lo tanto, originalmente somos exentos de pensamientos y sentimientos negativos. Toda nuestra Esencia es sólo Bien y Amor. Entonces, tenemos la capacidad y el poder para ser felices, tener felicidad y dar felicidad a los demás. Esta es la fe inquebrantable que debemos cultivar y hacer crecer cada vez más.
El origen de los pensamientos y sentimientos negativos posiblemente sea el temor (miedo); éste genera el ego, lo que a su vez desarrolla la envidia, celos, odio, tristeza, infortunios y demás aspectos destructivos.
Si una persona está con la mente repleta de odio y celos, envía estas vibraciones mentales al universo, y éste como tiene de todo, le responde con lo mismo pero magnificado, entonces la persona recibirá estas mismas vibraciones a través de otras personas, circunstancias ó hechos, en forma de infortunios, desgracias o enfermedades, causando así su autodestrucción.
Si una persona está con mente alegre y lleno de bondad, está lanzando contínuamente estas vibraciones al universo y éste le responde con lo mismo, generalmente magnificado; entonces la persona recibe situaciones, acontecimientos o hechos agradables que le generan más felicidad.