La personalidad de los niños se forma hasta los 6 años de edad. ¿Sabía usted esto?. Verdaderamente sorprendente que lo que podamos enseñarles y darles hasta esa edad formarán los rasgos de su personalidad con los cuales tendrán que hacer frente al mundo, una vez que crezcan y se conviertan en adultos.
Sorprendente y hasta cierto punto atemorizante, por la enorme responsabilidad que tenemos los adultos, los padres, de educar y enseñar correctamente a los hijos.
Una de las formas que recomiendan los psicológos para proteger a los niños para que puedan afrontar con fuerza, decisión y determinación el futuro es no darles todo lo que se les pueda dar. Es decir, desterrar aquella vieja frase que dice: “yo le daré a mi hijo todo lo que no tuve”. Pero, ¿por qué olvidar esa frase que por tanto tiempo se ha manejado de forma natural en la conversaciones cotidianas?.
Simplemente por el hecho de que si usted realmente está en condiciones de darle a sus hijos lo que nunca tuvo, entonces quiere decir que tuvo éxito en sus proyectos y en su vida. Y este éxito, seguramente se debe al buen trabajo de sus padres y probablemente también a que nunca lo tuvo todo en la vida. Muy claro, ¿verdad?
Bien, entonces no cometamos el error de darles absolutamente todo a los niños, ya que cuando se enfrenten al oceáno de la vida y vengan las olas, ellos pensarán que sin hacer nada podrán evadirlas, pero estas olas les enseñarán que no. Les dirán que “no” por primera vez en sus vidas y estos niños, ya grandes, no podrán enfrentar de forma adecuada ese “no”. Algunos se derrumbarán, otros se desanimarán, otros pensarán que la vida es muy dura; cuando en verdad la vida es la misma para todos y su dureza o suavidad depende del cristal con el que se mire y de la actitud que uno tome frente a ella.
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Si afirmamos que la enfermedad se origina en la mente, en otras palabras, si decimos que la enfermedad es una proyección y corporificación de la creencia en la existencia de enfermedades, usted posiblemente no lo creerá o no estará convencido del todo en este aspecto.
Surgirá en usted, con toda razón, preguntas aparentemente lógicas como, ¿por qué aparece la enfermedad aun no habiendo pensado en ella? o ¿por qué los bebés y niños muy pequeños se enferman si no poseen pensamientos de enfermedad?.
Cabe recordar que los seres humanos, como individuos, sólo somos comparables a pequeños peces que nadan en el inmenso océano de la conciencia de la especie humana, hemos nacido dentro de esta conciencia. Indiscutiblemente los descendientes heredan de sus antepasados, por lo menos, parte de las características, prejuicios, supersticiones y pensamientos de enfermedad, que son peculiares de la raza humana; y, esta herencia la conservamos en ese aspecto de la personalidad definida como subconsciencia, en el sentido más amplio de la palabra.
El desarrollo y crecimiento de la humanidad es una historia contínua de enfermedad y sufrimiento desde los primeros días. Algunos grandes hombres que sobresalieron, por desgracia, fortalecieron nuestras convicciones de que el hombre es débil, no resiste, se enferma y debe morir. Por tanto, comprendemos que conservamos alguna porción de la falsa consciencia de la humanidad en nuestra mente subconsciente.
Aceptemos o no, los pensamientos latentes de enfermedad, almacenados en la consciencia de la raza humana, envían pensamientos de enfermedad a la “consciencia individual”, produciéndose finalmente la enfermedad física. En este aspecto, además, los bebés y niños pequeños son muy susceptibles a las sugestiones de sus padres, profesores y amigos.
Por esta misma razón, no se necesita pensar en “vejez” o “infortunio” para envejecer o caer en desgracia. Los pensamientos negativos del subconsciente, son como submarinos emboscados que pueden destruirnos y hundirnos.
Es necesario fabricar destructores antisubmarinos para alejar a los submarinos de la autodestrucción. El más grande y efectivo destructor es el pensamiento de unidad con Dios; justamente la sublime enseñanza que nos ha dejado Jesucristo -verdadero Hijo de Dios- , demostrando a toda la humanidad, la falsa existencia del pecado, de la enfermedad y de la muerte.
Es necesario enseñar a los niños la Verdad y protegerlos con una profunda fe paterna en la existencia real de la salud, para contrarrestar el pensamiento latente de enfermedad en la consciencia colectiva de la humanidad y lograr la felicidad duradera.
Siempre afirmamos que el hombre verdadero es hijo de Dios, y por lo tanto es de naturaleza espiritual y dotado de todos los atributos divinos de amor y sabiduría.
Pero, ¡cuidado!, muchas personas que tienen comportamiento de: apropiarse de cosas ajenas, engañar, asesinar, maltratar, abusar, no trabajar bien, ganar dinero excesivamente perjudicando a los demás, etc., pueden pensar y decir: “así como soy, ya soy hijo de Dios y por tanto, no tengo que mejorar nada o quizás un poco nada más”. A esto se llama orgullo, presunción, y constituye un serio obstáculo para la mejoría del carácter y la personalidad.
Aquellas personas que de algún modo perjudican a los demás, causándoles dolor o sufrimiento, es decir, privando de la felicidad, lo que en verdad están manifestando es su “yo falso”, el “yo enfermizo”, el “yo de mal carácter”, el “yo ocioso”, el “yo abusador”; éste no es hijo de Dios.
El hijo de Dios es el “Yo verdadero”, la esencia espiritual de la persona, la naturaleza verdadera, el Cristo interior que todos tenemos, la naturaleza búdica, el “yo perfecto y eterno”. Este Yo verdadero ama a todos y jamás perjudica a los demás, porque se entiende que ese “yo y los demás son el mismo espiritu y vida de Dios”.
Quien da alto valor a su “Yo verdadero”, es decir, quien realmente respeta su carácter verdadero es aquel que siempre se autoanaliza, y reconociendo que aún no alcanzó su estado ideal se esfuerza, diariamente, para mejorar su carácter y personalidad, consciente de que aún puede mejorar mucho.
En épocas de fiesta como las de ahora (Navidad y Año Nuevo), las personas manifiestan con mayor sensibilidad el amor al prójimo. Deseo que esta actitud mental se manifieste todos los días, a fin de cambiar con sabiduría, muchos paradigmas equivocados sobre la vida, y así, autoanalizándonos podamos mejorar nuestro carácter y personalidad para obtener el éxito en todos nuestros actos.
Algunas mujeres piensan que, usando maquillaje y ropas vistosas, frecuentando fiestas y bailes, podrán atraer hombres con su belleza física, dejarlos apasionados y hacer que ellos les propongan matrimonio. Pero esa idea es completamente errónea. Concretamente nos referimos a aquellas damas que hacen ésto con el único propósito de casarse.
Puede ser que muchos hombres ronden en torno de mujeres que aparecen en reuniones festivas usando maquillaje esmerado y ropa vistosa, comportándose descontroladamente, bebiendo, fumando o bailando de manera provocativa (tal como suceden en las discotecas). Pero ellos nunca se aproximan a ellas con serias intenciones.
Los hombres que se dejan atraer por mujeres de apariencia liviana son también livianos. Es posible que una y otra vez ellos queden apasionados por una mujer así durante algún tiempo. Pero sus sentimientos no son sinceros y constantes. Si un hombre de este tipo se muestra apasionado por usted, tenga cuidado, pues lo que él pretende es disfrutar de placeres sensuales, pasando de un amor a otro. Así como una mariposa que vuela de una flor a otra, delitándose con sus néctares, ese hombre inconstante pasará de usted a otra mujer y viceversa, obedeciendo la ley mental “los semejantes se atraen”.
La atracción del hombre por la mujer o viceversa, siempre está rodeado de factores muy sutiles; y, cada quien utiliza las herramientas que su personalidad y carácter les proporcionan en un momento dado. Sabemos que el hombre por su propia naturaleza, primordialmente “desea amar”, en cambio la mujer “desea ser amada”; de este modo se mantiene el maravilloso equilibrio y polaridad existente en el universo (ying y yang, polo positivo y polo negativo, macho y hembra).
Creo que usted y yo estaremos de acuerdo con que es preferible desarrollar valores eternos que son propios de nuestro Yo verdadero y manifestarlos en nuestra vida diaria; esa riqueza interna se proyectará en nuestro cuerpo físico, el cual se tornará bello y hermoso indudablemente.
En todo lugar existe algo que agradecer. El despertar espiritual es, por ejemplo, sentir gratitud por el aire que respiramos, por la luz del sol que es muy beneficiosa cuando se utiliza con inteligencia y sabiduría.
Si las personas solo consiguiesen agradecer a hechos especiales, vivirán infelices, pues los hechos especiales no acontecen a todo momento. Un hogar iluminado es aquel donde viven personas que logran agradecer a hechos corrientes.
Amigo lector, si hay dolor y sufrimiento es porque aún falta el sentimiento de gratitud. Lo que nos encanta, nos alegra, y nos hace felices es realmente el sentimiento de gratitud. Si logramos agradecer aún dentro del sufrimiento es porque el sentimiento de gratitud transforma el sufrimiento en alegría, el dolor en placer.
“Agradece a tus antepasados. Agradece a tu padre y a tu madre. Agradece a tu marido o a tu mujer. Agradece a tus hijos. Agradece a tus empleados. Agradece a todas las personas. Agradece a todas las cosas del cielo y de la tierra. Solamente dentro de este sentimiento de gratitud es que podrás verme y recibir mi salvación”. Así está escrito en el inicio del volumen 1 de La Verdad de la Vida, del Dr. M. Taniguchi.
Querido lector, la gratitud viene del despertar del alma, de nuestra esencia espiritual, de nuestro yo verdadero. Debemos reverenciar y agradecer a nuestros padres porque nos dieron la Vida de Dios. Nuestros antepasados también son los canales de nuestra vida y les debemos gratitud eterna.
Aquel que ve sólo el lado alegre y bueno de las personas, hechos y cosas, evoluciona constantemente desarrollando hábitos y costumbres de felicidad, lo que formará en usted un buen carácter y personalidad, para un destino feliz.
Muchos filósofos han dedicado su vida para hacer interpretaciones personales de la ley de causa y efecto o intentar explicar una verdad relacionada con ella. Algunos psicólogos la denominan “principios de sugestionamiento”.
Amigo lector, de algún modo casi todos conocemos cómo se manifiesta esta ley en la vida del ser humano y muchos de nosotros no le damos la importancia que merece. Se puede expresar así: “lo que se siembra se cosecha”, “las personas se vuelven aquello que juzgan ser”, Jesús dijo “lo que pidieras con fe te será concedido”, y también “buenas semillas producen buenos frutos y malas semillas producen malos frutos”.
La ley de causa y efecto es la ley de la manifestación, llamada también ley de acción y reacción. Según esta ley, todo lo que lanzamos como causa (pensamiento, palabra, acción o sentimiento), regresa a nosotros concretizado como hecho o circunstancia.
Querido lector, nadie puede evadir la acción de esta ley. Una vez que el individuo creó la causa, no consigue huir de la consecuencia por más astuto que sea. La consecuencia vendrá infaliblemente más temprano o más tarde. Si no viene de una forma, vendrá de otra forma. De todos modos, la persona tendrá que recoger los frutos.
Entonces, lo que deberíamos hacer siempre es, crear buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones en nuestra vida diaria, a fin de formar buenos hábitos y buenas costumbres; ésto nos permitirá cultivar un buen carácter y una buena personalidad. Con un buen carácter y personalidad, sin duda, tendremos un destino de felicidad.
Amigo lector, debemos ser muy cuidadosos con nuestro espíritu y utilización de nuestra mente, pues también podría hacerse lo contrario, es decir, crear malos pensamientos, palabras, acciones y sentimientos, y las consecuencias no son difíciles de adivinar ¿verdad?. Usted puede utilizar su imaginación para encontrar ejemplos prácticos de esta ley mental; su vida diaria es el mejor ejemplo.
Es increíble y extraordinario viajar a través del tiempo y espacio, gracias a nuestra mente y nuestros pensamientos. Me ocurrió cuando Memo mencionó en uno de sus artículos el “cuarto de juguetes”, que tenían él y su hermano en casa; este recuerdo me llenó de infinita alegría y por varios minutos me trasladé a esa época.
Este ambiente mágico, inundado de pensamientos y sentimientos puros y limpios, generados por una mente natural, inocente y dócil, podían hacer crecer su capacidad de imaginación y creatividad, latentes en todos los niños.
Es el lugar y momento en el que papá y mamá, brindan al niño la libertad necesaria, para hacer desarrollar y manifestar en su hijo, todo su talento y creatividad que le permita descubrir y fortalecer su mente y espíritu, a través de los juegos.
Mi querido lector, es preciso indicar que este llamado “cuarto de juguetes”, puede ser cualquier ambiente del hogar, no necesariamente una habitación completa; lo importante es, que ese lugar brinde al niño, la suficiente libertad y seguridad para desarrollar su propia personalidad y carácter.
Además, amigo lector, este “cuarto de juguetes”, debe estar protegido por los padres, mediante una vigilancia inteligente y cuidadosa, a fin de guiar y conducir a sus hijos, hacia el logro de valores eternos y duraderos.
Chito