Generalmente, la mayoría de las personas suelen aceptar y reconocer en forma automática, la existencia de pensamientos y sentimientos, actitudes y emociones de alegría y tristeza.
Esta aceptación y reconocimiento se presenta como si fuera realidad; es decir, como si verdaderamente existieran los dos pensamientos y emociones opuestos.
En verdad, sólo la alegría tiene existencia verdadera y eterna. La tristeza es un sentimiento que no tiene existencia real, es creación del hombre carnal, para manifestar en su vida, la carencia de alegría y felicidad.
La alegría es uno de los atributos divinos con el que Dios nos creó a su imagen y semejanza. Ser siempre alegres y felices constituye nuestro diseño o formato original.
Nuestra naturaleza verdadera, nuestra esencia espiritual o Yo Verdadero, nuestra alma, es naturalmente alegre y feliz. ¿Por qué entonces en la vida cotidiana hay personas que manifiestan tristeza?
La tristeza es un sentimiento aprendido y adquirido, no es creación de Dios, es creación de la mente ilusoria de la persona; por ello desaparece cuando está presente la alegría. Este sentimiento sombrío se desarrolla y almacena en la mente subconsciente del ser humano, desde el primer momento de su formación en el útero materno, debido a la fuerte influencia mental que ejerce la madre, fundamentalmente durante la gestación, y también a la influencia mental del entorno que rodea a la madre gestante.
Cuando nace el bebé, su desarrollo contínúa bajo el influjo de las creencias y pensamientos de sus padres y/o familiares cercanos. Cuando alcanza la edad en que ya puede manejar su mente consciente, entonces, sigue aprendiendo por sí mismo, en su interacción con otras personas y la sociedad.
Esto significa a la vez, que tenemos la capacidad de desarrollar plenamente nuestra alegría original, y almacenar en nuestro subconsciente en reemplazo de la tristeza.
Independientemente de lo que nos ocurra en la vida diaria, no permitamos que nuestra alegría y felicidad original sea afectada.