Apr
22
2009

espiritual

El ser humano tiene plena capacidad para mantener el sentimiento natural, y manteniendo su ser natural, podrá manifestar plenamente su espontaneidad y autenticidad en todos los actos de su vida diaria.

El sentimiento natural es la nada y es el todo, es el círculo, es la perfección, es la armonía, es lo inmaculado, es provisión infinita, es salud plena. Toda infelicidad, fatalidad y sufrimiento causado por la enfermedad se origina cuando se está alejado del sentimiento natural. Cuando, después de una reflexión, se regresa al sentimiento natural, todos los males desaparecen.

Si nuestra naturaleza verdadera es divina, es natural agradecer a Dios por todas sus dádivas, incluyendo nuestra propia vida. Es natural agradecer a nuestros antepasados y padres, quienes hicieron posible nuestro nacimiento en este mundo. Es natural vivir en armonía con las demás personas. Es natural amar y respetar a las demás personas. Es natural tener salud plena sin enfermedades. También, es natural ser felices y dar felicidad a las demás personas.

Cuando se habla de sentimiento natural, la visión materialista podría razonar del siguiente modo: si alguien me ofendió, lo natural es que yo sienta ira. Este modo de vivir es propio del apego al cuerpo material o carnal que concibe: el “yo y los demás como seres separados” y que entran en conflicto entre sí.

Sin embargo, cuando reconocemos que somos seres espirituales hijos de Dios, entonces, “yo y los demás somos uno”, y las acciones del prójimo reflejan nuestros pensamientos. Al ser ofendidos por el prójimo, lo natural es reconocer que el origen de la ofensa está en nosotros mismos y por medio de una sincera reflexión, podremos identificar conductas o actitudes nuestras equivalentes a las ofensas del prójimo; y, al corregirlas en nuestra vida, surgirá lo que es natural: armonía, salud, paz y felicidad.

Mantengamos siempre la sólida fe o creencia de que el bien, el amor, la sabiduría y la luz, constituyen el Yo Verdadero del ser humano. Esta convicción será el punto de partida para transformar este mundo y desarrollar una nueva humanidad, espontánea y auténtica.

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Mar
27
2009


El ser humano, desde los inicios de su creación, siempre ha estado inmerso en discordias y disputas entre unos y otros, motivados por diversas causas.

Analizando la Historia de la humanidad, comprendemos que, si la misma humanidad no experimenta una transformación radical, la paz y la felicidad no se concretizarán en este mundo material, por más que muchas personas pidan eso en oración.

A lo largo de la historia, hubo innumerables guerras y conflictos entre los hombres, y la humanidad vivió épocas terribles, de miedo, rencor, celos, corrupción, destrucción de ciudades y extrema pobreza. Hoy en día la situación es similar.

Todas las personas desde el fondo de su corazón, anhelan por el fin de las guerras y conflictos entre los seres humanos. A través de generaciones, los religiosos vienen orando por la paz y suplicando a Dios: “¡Por piedad, danos la paz! que se acaben las guerras para que los hombres no continuen matando e hiriendo unos a otros”.

Mientras tanto, los conflictos siguen ocurriendo. Dios debería escuchar las fervorosas oraciones de las personas; sin embargo, ellas no fueron atendidas y no terminaron las guerras ¿Por qué será?.

Es porque la propia humanidad no cambió. Las oraciones pedían el fin de la situación fenoménica llamada conflicto (que es una consecuencia) y no el cambio de la humanidad (la causa).

Toda situación fenoménica (mundo material susceptible a cambios) es reflejo de la mente humana. Por esa razón, para acabar con los conflictos, disputas y desacuerdos entre los seres humanos, es preciso antes que nada, hacer oraciones para cambiar la mente de la humanidad.

Sabemos que el conflicto es consecuencia de las hostilidades que ocurren en el ámbito mental, y para que exista la paz, es necesario eliminar esas hostilidades. Pero, no debemos orar pidiendo que se acaben las hostilidades mentales, porque eso equivale a aceptar su existencia y ellas se manifestarán cada vez más de acuerdo con la ley mental “se manifiesta concretamente aquello que se tiene en la mente (atracción de semejantes)”.

Nuestra oración debe ser de Amor y Gratitud a Dios. Sentir que el infinito Amor de Dios fluye hacia nuestro interior, vivificando nuestro Yo Verdadero o Esencia espiritual, nuestra naturaleza verdadera de hijos de Dios, reconociendo mentalmente lo que verdaderamente somos en nuestra esencia: seres espirituales divinos dotados sólo de Bien, Amor, Paz y Felicidad; que nuestra Imagen Verdadera es perfección y armonía.

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