
Las enfermedades en sus diversas formas, constituye uno de los mayores azotes que sufre la humanidad.
El ser humano, con su mente poderosa, desde su origen, ha facilitado la concretización gradual de las diversas enfermedades, desde un simple resfriado, pasando por la lepra y tuberculosis (temibles y mortales en la antigüedad), hasta el cáncer y sida, temibles y mortales en la actualidad.
Muchas personas afirman que las enfermedades son castigos divinos. Esta falsa creencia solidifica aún más, la idea de enfermedad en la mente.
Si nosotros, creemos en un Dios todopoderoso y perfecto, también deberíamos creer que toda su creación es perfecta. Luego, también podemos afirmar que la enfermedad, siendo imperfecta, no es creación de Dios. Por consiguiente, no tiene existencia real, es decir, la enfermedad no es realidad, sino, una ilusión mental.
La creación de la enfermedad por el ser humano es una reacción en cadena, utilizando la percepción de sus cinco sentidos, que son manejados por su mente consciente e inconsciente. El liderazgo de este proceso corresponde a aquellos que se hacen llamar “profesionales de la salud”.
El feto, durante su formación y maduración recibe constantemente la transmisión de las ideas, creencias, pensamientos y sentimientos de su madre (principalmente) y padre. Al nacer y hasta los 5 o 6 años de edad, con su mente dócil, continúa recibiendo la vibración de estos pensamientos de los padres y personas de su entorno inmediato, y los almacena bajo 7 llaves en su mente inconsciente. Cuando hay una oportunidad propicia, esa información almacenada, se manifiesta en el cuerpo físico o carnal, en forma de enfermedad.
El miedo, es la vibración mental (pensamiento y sentimiento) de mayor autodestrucción del ser humano.
El miedo a perder la salud o el miedo a enfermar, es el origen de todas las enfermedades. Por supuesto, se trata de un proceso psicológico, psicosomático y fisiológico, estrechamente interrelacionadas.
Me conmueve ver el sufrimiento de muchas personas a causa de enfermedades curables ó incurables.
Es lamentable observar en los hospitales y centros de salud, a las personas mayores, adultos y niños, en espera de sus turnos para ser atendidos por los médicos. Estos turnos, muchas veces se prolongan por varios días, semanas y hasta meses. Mientras tanto, las personas siguen sufriendo.
Soy Químico Farmacéutico de profesión, con muchos estudios de capacitación, especialización y post grado en MBA. Me considero experto en producción industrial de medicamentos, por los más de 30 años de experiencia en la industria farmacéutica.
Con estos logros profesionales, pensé que podría alcanzar el ideal que me tracé desde muy niño: ver a todas las personas del mundo, saludables y felices.
Lamentablemente, este ideal no se ha logrado. La causa principal, radica en un error de concepto de la humanidad. Casi todas las actividades profesionales y ocupacionales de las personas (99%) están orientadas a considerar el “cuerpo carnal o físico”, como si fuera la verdadera vida del ser humano.
Según los estudios de la Ciencia Mental y de la Metafísica (ciencia que trasciende la materia), el cuerpo carnal es una consecuencia, es un efecto, y en todo caso es proyección de la mente individual y mente colectiva.
La verdadera vida es el Yo Verdadero o Alma. Es el que dirige o comanda el cuerpo carnal por medio de la mente; y el poder de la mente es grandiosa e infinita.
Esto significa, que nuestro cuerpo físico es y se manifestará conforme lo que nuestra mente (consciente e inconsciente) ordena.
Si la mente alberga pensamientos y sentimientos negativos, el cuerpo carnal manifestará malestar, conflictos, desarmonías y enfermedades.
Si la mente alberga pensamientos y sentimientos positivos, el cuerpo carnal manifestará bienestar, armonía con todos, felicidad verdadera y salud plena.
Los cambios en el modo de pensar, en el modo de hablar y en el modo de actuar de los seres humanos, han sido profundos y muy acentuados a nivel mundial.
Al cumplirse la primera década del nuevo Siglo XXI en los albores del tercer milenio, es indudable que la humanidad, está comprendiendo, que es necesario un gran cambio a nivel de la mente, es decir, asumir una nueva actitud o esquema mental, con respecto a la verdadera vida del ser humano.
Muchos célebres pensadores, filósofos, empresarios y líderes del mundo entero, están aceptando, hablando y promoviendo, que la nueva era en la que hemos ingresado, es la “era de la espiritualidad”. Esto significa que cada vez más, está cobrando mayor importancia, el crecimiento espiritual de las personas, para alcanzar la verdadera felicidad de todos, sin excepción alguna.
¿Cómo se logra el crecimiento espiritual?
Ciertamente, el crecimiento espiritual no se logra luchando y compitiendo unos contra otros. La verdadera competencia no es de una persona contra otra, ni de un profesional contra otro profesional.
La verdadera competencia es contra sí mismo. El Yo Verdadero (verdadera naturaleza original, creada por Dios) contra el yo falso de la misma persona. Lamentablemente, en el 90% de la actividad diaria de una persona se manifiesta el yo falso. El yo falso, es una personalidad y carácter construído con mente equivocada, basado en el egoísmo personal o grupal, basado en el apego a las cosas materiales y efímeras, basado en todos los pensamientos y sentimientos negativos que conllevan a su propia autodestrucción.
La verdadera competitividad total se logra, cuando el Yo Verdadero se impone y destruye al yo falso. Sólo así se logra un crecimiento espiritual, basado en el amor, en la sabiduría, en la alegría, en la armonía, en la vida eterna y en la abundancia infinitas.
Muchas personas utilizan en su vida cotidiana, reglas y normas, pensamientos o creencias, ideas y conceptos aprendidos de sus antepasados (padres, abuelos, bisabuelos, etc.). A éstos se suman nuevas reglas o ideas, establecidos por ellos mismos conforme su experiencia.
Este conjunto de pensamientos y sentimientos (forma de pensar, forma de hablar y forma de actuar), constituyen los hábitos y costumbres familiares que van a dar lugar al carácter y personalidad de sus miembros. A esto lo llaman tradición familiar.
De otro lado, nosotros no somos simplemente cuerpo físico o carnal, sino esencialmente espiritual. Nuestra verdadera vida es el Yo Verdadero, eterno y perfecto por naturaleza. Como tal, en forma natural, propendemos al crecimiento espiritual para lograr nuestra verdadera felicidad y la de los demás.
Por tanto, conviene reflexionar sobre las “tradiciones” o “valores” familiares. Algunas de ellas, analizadas con mente natural, resultan ser negativos, impiden el crecimiento espiritual y conducen a la autodestrucción de sus miembros.
Por ejemplo, el “apego” a determinadas formas de contraer matrimonio, con testigos, vestimenta especial, fiestas, etc., son formalidades materiales. Cuando los contrayentes no siguen estas costumbres, generalmente los padres sufren. En verdad, lo más importante es el acuerdo libre, voluntario y responsable de los que se casan para iniciar una nueva vida en común y formar un hogar de crecimiento contínuo, reverenciándose y respetándose entre sí.
Muchas veces, por mantener la “manía de pureza” y/o “rigidez de carácter”, los seres humanos nos hacemos sufrir unos a otros, en lugar de desarrollar, nuestra magnanimidad y capacidad de perdonar, que son virtudes mayores.
¿Acaso Jesús no perdonó sus pecados a una famosa prostituta?
¿Acaso Jesús no compartió la mesa con un detestado recaudador de impuestos?
Con mucha frecuencia escuchamos comentarios en las familias con respecto a la conducta o comportamiento de sus hijos “este niño(a) es malcriado(a)”, “es mañoso(a)”, etc. Hay padres y madres que pregonan como si fuera un gran acontecimiento, que sus hijos son malcriados, y añaden “ya no sé qué hacer”.
Yo mismo, en el pasado lejano, tenía estas creencias o pensamientos, con comentarios semejantes. En el presente actual, afirmo contundentemente, que estos comentarios y pensamientos son dañinos y perjudiciales, para todos los seres humanos. Debemos tener mucho cuidado y reflexionar profundamente al respecto.
Cuando se afirma que los niños son malcriados, se entiende que no recibieron buena crianza o buena educación; por tanto, se asume la existencia de fuerza y poder ajeno al niño o niña que ha influenciado en su formación psicosocial. Entonces, los verdaderos causantes de la malcriadez de los niños, son las personas mayores o adultas que permanecieron próximos a ellos. Generalmente estas personas son papá, mamá, hermanos mayores, abuelos, tíos, etc.
De otro lado, los niños al nacer, llegan a este mundo, con todos los atributos divinos propios de su Yo Verdadero o esencia espiritual (Alma): sabiduría, amor, vida saludable exenta de enfermedades, abundancia, alegría y armonía. Poseen mente dócil y pureza en sus sentimientos, gran inteligencia y capacidad de observación e imitación, por tanto, los niños (se incluye a los bebés) observan e imitan todos los pensamientos, palabras y accciones de las personas que le rodean. Los pensamientos son vibraciones que se transmiten entre las personas según la ley mental “semejantes se atraen”.
Por tanto, los niños son inocentes de toda culpa por sus conductas. La corrección en ellos deben hacerse con amor y sabiduría, no castigándolos.
En todo caso, quienes merecen mayor castigo y corrección son las personas mayores que rodean al niño en su vida.
Si usted vive buscando sólo su propia felicidad, es como un niño que corre, deseando alcanzar la luna. Por más que haga lo que haga, nunca logrará alcanzar la verdadera felicidad.
Ninguna persona -sea millonaria, príncipe, pobre, profesional, etc.- podrá ser verdaderamente feliz, mientras no conozca la alegría de ser útil a los demás, de hacer feliz a su prójimo y sentir en sí mismo el reflejo de la alegría del otro. Dando de sí es que el ser humano consigue ser grande y extraordinario.
El hecho de no mostrarse bondadoso con los demás puede tolerarse. Pero es realmente reprochable que existan personas que sienten satisfacción practicando maldades en contra de sus semejantes.
La persona que sólo se siente importante ridiculizando o disminuyendo a los demás, está demostrando su pequeñez. Dominar a los otros no constituye, de modo alguno, un medio para engrandecerse a sí mismo.
Cuando usted oiga hablar del éxito de alguien o de las virtudes ajenas, no diga palabras que pongan en duda tal éxito o tales virtudes. No busque los defectos.
La persona que ve la luz queda iluminada, y aquella que ve la tiniebla queda oscurecida por ella. Mirar solamente el lado positivo de los actos ajenos y elogiarlos con el corazón abierto, infaliblemente, nos hace personas alegres y felices.
Los que se satisfacen descubriendo y criticando los puntos negativos de otros, está comprobando que aún no manifiesta la grandeza de su Alma o Yo verdadero. Los pensamientos y sentimientos como celos y envidia, revelan la bajeza, debilidad y subdesarrollo espiritual del individuo.
Cuanto más actos de bondad practicamos, más se elevará nuestra Alma o Yo Verdadero. Cuanto menos observamos los defectos ajenos, más feliz será nuestro Yo Verdadero.
Creo en la Naturaleza Divina que existe en el ser humano, creo en la bondad que existe dentro de cada uno de nosotros.
El amor atrae amor y el odio atrae odio, esa es la ley mental y el secreto del verdadero crecimiento espiritual.
Lo que pensamos, lo que hablamos y lo que hacemos en el momento presente o ahora, sin lugar a dudas, tendrá un efecto o consecuencia en el futuro inmediato y/o lejano, dependiendo de la magnitud e intensidad de los factores emocionales de cada ser humano.
Reconocer y aceptar este hecho, es comprender que la ley mental de causa y efecto es inexorable en su influencia sobre la humanidad, llevándolo por el camino de la felicidad y éxito ó por el camino contrario del sufrimiento y fracaso.
Observando los hechos y cosas de este modo, no es muy necesario preocuparse demasiado por el futuro. En otras palabras, no debemos dedicarle nuestro mayor tiempo para planear y programar el mañana, sino más bien, dedicar todo nuestro esfuerzo creativo e ingenioso, para hacer bien las cosas en el presente.
Esto no significa dejar de desarrollar planes y objetivos en nuestro trabajo y en nuestra vida, debemos hacerlo a manera de guía y orientación. Pero el mayor esfuerzo y verdadera dedicación plena, debe dedicarse al presente.
Hay algo que debemos tener muy en cuenta en todas nuestras actividades diarias: la alegría. Haga usted su trabajo o tarea, sus estudios, sus conversaciones, todo con alegría.
Realizando con alegría, todo nuestro ser se purifica, se ilumina nuestra mente y espíritu. Esta iluminación espiritual y mental, hará manifestar la capacidad y poder infinitos existentes en nuestro interior: el Yo Verdadero; y, en consecuencia, nuestro cuerpo físico gozará de salud y bienestar.
Mejore la calidad de su forma de pensar, sea alegre en todo momento, ilumine sus pensamientos y sentimientos con amor y sabiduría, practique el bien y no haga mal a nadie. Haga todas las cosas con alegría, amor y gratitud. De este modo, su calidad de vida individual y familiar se incrementará.
Hay pensamientos y sentimientos que predominan en la mente individual y colectiva del ser humano. Una de esta ideas es, considerar el trabajo, como una actividad que genera diversos estados de ánimo en las personas, pudiendo ser emociones de bienestar ó malestar.
Este modo de pensar, está grabado en la profundidad del subconsciente (llamado también inconsciente), y desde allí, se manifiesta en forma particular en la vida de cada persona, según la idea que prevalece en su mente.
Para algunas personas, el trabajo es un medio de autorrealización, y por tanto, una fuente inagotable de bienestar y satisfacción. Para otras, es un medio de supervivencia, una actividad obligada, y por tanto, fuente de malestar e insatisfacción.
Frente a esta situación, es necesario y conveniente, cambiar la postura mental, a través de una reingeniería o innovación mental. Es preciso cambiar nuestra motivación para el trabajo: buscar el bienestar de la humanidad. Con esto lograremos la máxima felicidad.
Nuestra actividad diaria llamado “trabajo”, debemos considerarlo como una gran oportunidad para servir al prójimo y hacerlo feliz.
Por ejemplo, el ingeniero que construye carreteras, debe pensar que con su trabajo beneficiará a mucha gente, haciendo una vía duradera para un transporte con mayor eficiencia y seguridad. El abogado, debe pensar que su conocimiento de las leyes, le servirá para ayudar a resolver conflictos con ética y justicia, para la felicidad de los demás.
Si queremos realizar un buen trabajo, debemos dedicar nuestro cuerpo y alma al trabajo. Si usted quiere amar verdaderamente, tiene que dedicar su Vida al ser amado. Si quiere alcanzar éxito en la vida, tiene que dedicar su Vida a la conquista del éxito. Tiene que haber dedicación total.
Para lograr la total concentración mental a la hora de realizar un trabajo, no basta sumergirse en él con ahinco. Es necesario, también, que usted libere su mente de todos los tipos de ansiedad y deje que su Vida se divierta libre e ilimitadamente con ese trabajo. Esta es la dedicación plena al trabajo, esta es la transformación del trabajo en un placer.
Manifieste su Alma o Yo Verdadero, en todos los actos de su vida diaria.
Hay muchas frases o dichos populares que las escuchamos a diario, y sin mayor análisis, las repetimos en las ocasiones en que pensamos vienen al caso.
Quiero reflexionar acerca del dicho tan popular “errar es humano, perdonar es divino”. Posiblemente, pocas personas se han detenido para profundizar lo que puede significar ó la interpretación real de lo que quiere decir. Tampoco sabemos si la primera persona que lo dijo sabía lo que estaba diciendo, ni la influencia que tendría en el comportamiento de la humanidad.
Cuando pronunciamos la frase “errar es humano…”, por ley mental del poder creador de la palabra, estamos reforzando en nuestra mente subconsciente que la naturaleza de las personas es errar; dicho en otras palabras, cometer errores es propio y natural del ser humano.
Si aceptamos este postulado, entonces, no nos esforzaremos mayormente en no cometer errores, ó simplemente las personas no tendrán el mínimo interés en no cometer errores, es decir, una persona puede pensar y creer que el cometer errores es normal, aunque estos errores perjudiquen o dañen a otras personas. Siendo así; el que engaña seguirá engañando, el que roba seguirá robando, el que viola seguirá violando, el que se corrompe seguirá corrompiéndose, el que odia seguirá odiando, el que siente celos seguirá sintiendo celos, y así por el estilo.
Sepa usted, que en nuestro interior se aloja la Vida de Dios, es nuestra Alma o Yo Verdadero o Esencia Espiritual. Este Yo Verdadero es Amor y Sabiduría, es Alegría y Armonía, porque tiene naturaleza divina; por tanto, infinitamente bueno y exento de errores.
Cuando la mente de las personas albergan pensamientos y sentimientos negativos, encubren u ocultan su Yo Verdadero, impidiendo que se manifieste en su vida; en su lugar, se manifiesta el yo falso que es producto de los pensamientos negativos. Este yo falso sí siempre comete errores, porque su conducta se basa en creencias falsas o negativas.
Por tanto, la capacidad de no cometer errores y de perdonar, también está en la esencia del ser humano.
Con frecuencia, muchos de nosotros afirmamos que “Dios es Amor”. Pero, a la vez que sostenemos esta afirmación, pensamos y creemos que el Amor de Dios es perfecto, en cambio, el amor del ser humano es imperfecto. Se trata de un proceso mental que reconoce esta diferencia.
El hecho de pensar y reconocer que el Amor de Dios es diferente del amor del ser humano, lamentablemente nos conduce por el camino equivocado de aceptar como “algo normal” las imperfecciones de nuestra vida. Nos permite justificar las conductas de odio, rencor, celos, rabia, etc. de las personas, creyendo que son las características que tenemos como seres humanos de “carne y hueso”.
Una reflexión profunda sobre este aspecto de nuestra existencia, considerando que en nuestro interior se aloja, la Esencia Espiritual o Yo Verdadero o Alma o Vida Verdadera, creado por Dios, a su imagen y semejanza, podemos llegar a la conclusión de que en verdad, no existe diferencia entre el Amor de Dios y el Amor del ser humano. En otras palabras, ambos tienen la misma naturaleza.
¿Cómo se originó esta distorsión mental que representa un paradigma de autodestrucción en la vida del hombre?.
Todos los pensamientos y sentimientos, las creencias, la forma de pensar, el modo de ver las cosas, el modo de vivir, el modo de educar, sean positivos ó negativos, nos han transmitido nuestros antepasados, a través de las generaciones, y también han sido adquiridos o aprendidos por cada uno de nosotros, a lo largo de nuestra vida terrenal.
Creo que siempre hay oportunidad o momento de cuestionar, si todas nuestras creencias y pensamientos son verdaderos ó falsos. Pensar que el Amor de Dios y del ser humano son distintos, es un falso pensamiento.
Sabemos que el Amor de Dios, es infinitamente Bien y bueno para todos, es pureza absoluta, que genera felicidad en todos. Este Amor, es el mismo que existe en nuestra Alma o Yo Verdadero. Por lo tanto, este es el Amor Verdadero.
Este amor verdadero se exterioriza y manifiesta cuando luchamos y trabajamos para la felicidad de los demás. Es lo mismo que pensar, hablar y actuar buscando la felicidad de los demás. Cuando lo hacemos pensando sólo en nuestra propia felicidad, se está manifestando el ego y egoísmo que es la fuente de las maldades, eso no es amor verdadero.