La simpatía y la amabilidad también son cualidades necesarias que debe ser desarrolladas por el ser humano.
Si bien el hombre necesita desarrollar su talento mediante esfuerzo y estudio dedicado, en ciertas ocasiones debe dejar de lado el deseo de adquirir conocimientos para procurar dar atención a los demás; porque dar amor al prójimo es un acto más noble que empeñarse en aumentar los conocimientos.
El tiempo que nos pertenece es más valioso que el oro. Sin embargo, cuando es por amor, debemos ser capaces de gastar ese precioso tiempo para hablar con los amigos y personas que lo necesiten. Eso es diferente de desperdiciar irreflexivamente el tiempo. Sea dinero o tiempo, no debemos desperdiciarlo; pero, cuando lo ofrecemos por amor al prójimo, su valor aumenta.
En la oficina y otros lugares de trabajo, a veces, los funcionarios jóvenes, los auxiliares, etc., disponen de un tiempo libre para capacitarse estudiando alguna materia; los jefes y superiores deben demostrar comprensión y bondad no impidiendo que hagan eso.
Pueden existir jefes que piensen que por el hecho de pagarles esas horas de la vida de sus empleados ya le pertenecen; ese pensamiento es totalmente incorrecto. La Vida es mucho mas valiosa que el dinero. El dinero fue creado para servir a la Vida, y no para limitarla.
La Vida es demasiado preciosa para ser comprada. Aquel que piensa que puede comprar al hombre (que es hijo de Dios) debe sentir vergüenza. En verdad los hijos de Dios se aman y se ayudan unos a los otros, cada cual con su talento y sus cualidades, para poder servir y crecer juntos en paz y felicidad. Ese es el Yo Verdadero de la Vida. Miren el Yo Verdadero de cada hombre y no se dejen engañar por la apariencia.
Alégrese viendo el progreso de los demás, alégrese con la felicidad de los otros. No sacrifique el tiempo de otras personas con charlas inútiles. Sin embargo, si las personas quieren hablar con usted, escúchelas con placer y amor. Así, usted crecerá no solamente en “conocimiento y capacidad”, sino también en el “amor”.
Aquellas personas que desean alcanzar el verdadero crecimiento espiritual deben vivir de una manera que los haga crecer, tanto en conocimiento y capacidad, como también en el amor.
Proporcionemos a los demás lo que nos gustaría que nos fuese proporcionado, y jamás lo que nosotros mismos detestaríamos. Hagamos lo posible por los que sufren, ayudándolos a convertir su vida de tinieblas en una vida llena de luz.
Transmitamos la Verdad al mundo entero para que toda la humanidad tenga una vida llena de salud, paz y felicidad.
¿Y cuál es la Verdad que debemos transmitir al mundo entero?.
La Verdad es que todo lo que verdaderamente existe es Dios y lo que viene de Dios. Dios es el todo de todo. Es Bien, Amor, Sabiduría, Vida, Provisión, Alegría y Armonía. El hombre es hijo de Dios dotado de todos los atributos divinos. Ese hijo de Dios es nuestro Yo Verdadero, es nuestra esencia espiritual.
Conociendo esta Verdad, hay motivación suficiente para realizar el esfuerzo mental de pensar y desarrollar una firme convicción de esta Verdad.
Una vez que hayamos cimentado profundamente en nuestra mente subconsciente este Liderazgo Interior, entonces, pasaremos a la acción y seremos los líderes de nuestro propio destino.
Practicando la Verdad, amaremos a todos y sólo haremos el bien, sin oprimir ni abusar a los débiles, y tampoco ser oprimidos ni abusados. Consecuentemente seremos amados.
Practicando la Verdad, no nos corromperemos a nosotros mismos ni corromperemos a los demás. El dinero estará al servicio de todas las personas por su trabajo y no al servicio de pocos.
Practicando la Verdad, las enfermedades y dolencias se alejarán de nosotros por su inexistencia real, y en su lugar, disfrutaremos de salud plena, porque nuestra naturaleza esencial es estar siempre saludables.
Practicando la Verdad, las mentiras y falsedades desaparecerán de nuestras vidas. en nuestras mentes se extinguirán las tinieblas y sólo brillará la luz de la Verdad.
Cultivar y desarrollar valores eternos constituye, la verdadera riqueza del ser humano.
El origen de todo cuanto existe es Dios. Dios nos protege y orienta con su infinito Amor y Sabiduría. Esa es nuestra sólida creencia y fe.
Si nosotros fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios, entonces, también somos Amor y sabiduría. Nuestra naturaleza divina interior es Amor (Yo Verdadero). Esta es la mayor concientización que debemos practicar para cambiar el curso de nuestra vida terrenal, hacia la paz y felicidad.
En la materia en sí no existe inteligencia ni existe sensibilidad. La materia de por sí, no tiene cualidad inherente, lo que otorga cualidad a la materia es la mente y solamente ella. Si la mente piensa en el bien aparece la bondad, si la mente piensa en el mal aparece la maldad.
En la materia en sí no existe poder. Sólo el amor y la gratitud tienen poder. Aun lo que parece ser materia, es sólo un agente del amor.
Sin amor y gratitud, hasta la propia energía nuclear sería sólo una fuerza que trae desdicha al ser humano. Sin amor y gratitud, hasta los más grandes descubrimientos tecnológicos y científicos serían sólo para causar la autodestrucción de la humanidad.
En resumen, podemos afirmar que vinimos a este mundo, para comprender el primer y más grande de todos los mandamientos: “Amarás al Señor tu Dios (nuestro Padre) con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu entendimiento y con todas tus fuerzas”. Y, también el segundo: “Amarás a tu prójimo como a tí mismo”; debemos amar al prójimo porque “yo y los otros somos uno”.
Como Dios es el todo de todo, quien ama a Dios, también debe amar “a todos y a todo”.
Por tanto, ¿qué debemos hacer para demostrar amor?. Es muy sencillo, se puede resumir en las palabras del Dr. M. Taniguchi Ph.D.: “Sea bondadoso. Respete. Agradezca. Trabaje para concretizar la bondad”.
El ser humano tiene plena capacidad para mantener el sentimiento natural, y manteniendo su ser natural, podrá manifestar plenamente su espontaneidad y autenticidad en todos los actos de su vida diaria.
El sentimiento natural es la nada y es el todo, es el círculo, es la perfección, es la armonía, es lo inmaculado, es provisión infinita, es salud plena. Toda infelicidad, fatalidad y sufrimiento causado por la enfermedad se origina cuando se está alejado del sentimiento natural. Cuando, después de una reflexión, se regresa al sentimiento natural, todos los males desaparecen.
Si nuestra naturaleza verdadera es divina, es natural agradecer a Dios por todas sus dádivas, incluyendo nuestra propia vida. Es natural agradecer a nuestros antepasados y padres, quienes hicieron posible nuestro nacimiento en este mundo. Es natural vivir en armonía con las demás personas. Es natural amar y respetar a las demás personas. Es natural tener salud plena sin enfermedades. También, es natural ser felices y dar felicidad a las demás personas.
Cuando se habla de sentimiento natural, la visión materialista podría razonar del siguiente modo: si alguien me ofendió, lo natural es que yo sienta ira. Este modo de vivir es propio del apego al cuerpo material o carnal que concibe: el “yo y los demás como seres separados” y que entran en conflicto entre sí.
Sin embargo, cuando reconocemos que somos seres espirituales hijos de Dios, entonces, “yo y los demás somos uno”, y las acciones del prójimo reflejan nuestros pensamientos. Al ser ofendidos por el prójimo, lo natural es reconocer que el origen de la ofensa está en nosotros mismos y por medio de una sincera reflexión, podremos identificar conductas o actitudes nuestras equivalentes a las ofensas del prójimo; y, al corregirlas en nuestra vida, surgirá lo que es natural: armonía, salud, paz y felicidad.
Mantengamos siempre la sólida fe o creencia de que el bien, el amor, la sabiduría y la luz, constituyen el Yo Verdadero del ser humano. Esta convicción será el punto de partida para transformar este mundo y desarrollar una nueva humanidad, espontánea y auténtica.
Muchas personas, a lo largo de sus existencias, han escuchado hablar sobre el Yo Verdadero y el yo falso. Algunas lo tienen claramente definido y diferenciado. Otras tienen una idea incompleta al respecto. Las demás confunden totalmente estos dos conceptos.
El ser humano, en cualquier circunstancia de su vida, suele preguntarse ¿Qué soy yo?. Si perseveramos infatigablemente en el esfuerzo de descubrir lo que somos, sin duda alguna, llegará el momento de comprender intuitivamente, así como se enciende una lámpara de luz, que nuestra vida es una existencia mucho más grandiosa que la del cuerpo físico que creíamos ser.
Al conocer estos dos aspectos de nuestra existencia, el Yo Verdadero y el yo falso, comprenderemos con claridad quienes somos y qué hacer para que se manifieste más intensamente en la vida diaria, el Yo Verdadero.
El Yo Verdadero:
Es la naturaleza divina que se aloja en todo ser humano. Es la esencia o naturaleza esencial del hombre. Es el Yo auténtico y perfecto creado por Dios a su imagen y semejanza. Es la esencia espiritual o aspecto verdadero de la Vida dotada de todos los atributos de Dios Padre.
Cuando la persona, con el poder de su mente, concientiza su Yo Verdadero, una fuerza grandiosa brota de su interior, haciéndole vivir en paz y felicidad, libre de las angustias sobre el sentido de la vida. El Yo Verdadero “se considera una extensión de Dios, como parte del Universo y uno con todos los seres y cosas”.
Sus actos contribuyen con la perfección del todo, y sólo puede realizar el Bien, con sabiduría, amor, alegría y armonía.
El yo falso:
El yo falso es aquel que piensa y cree que su vida es su cuerpo físico o cuerpo carnal; y vive apegado a este cuerpo carnal y a todas las cosas materiales.
Es aquel que diferencia “el yo y el otro”, que se coloca en una relación de rivalidad con el prójimo.
El yo falso es aquel que es oprimido por los fuertes y oprime a los débiles.
Es aquel al que no le interesa si perjudica a los demás para satisfacerse a sí mismo o defender sus intereses.
Cuando la persona manifiesta su yo falso en la vida diaria, se concretiza, la enfermedad, la pobreza, la corrupción, los abusos, la delincuencia, la drogadicción, dolor, tristeza, y todos los males que el ser humano pueda albergar en su mente ilusoria.
Por supuesto, el yo falso no tiene existencia real, porque no fue creado por Dios. Lo que realmente existe es el Yo Verdadero.
El ser humano, desde los inicios de su creación, siempre ha estado inmerso en discordias y disputas entre unos y otros, motivados por diversas causas.
Analizando la Historia de la humanidad, comprendemos que, si la misma humanidad no experimenta una transformación radical, la paz y la felicidad no se concretizarán en este mundo material, por más que muchas personas pidan eso en oración.
A lo largo de la historia, hubo innumerables guerras y conflictos entre los hombres, y la humanidad vivió épocas terribles, de miedo, rencor, celos, corrupción, destrucción de ciudades y extrema pobreza. Hoy en día la situación es similar.
Todas las personas desde el fondo de su corazón, anhelan por el fin de las guerras y conflictos entre los seres humanos. A través de generaciones, los religiosos vienen orando por la paz y suplicando a Dios: “¡Por piedad, danos la paz! que se acaben las guerras para que los hombres no continuen matando e hiriendo unos a otros”.
Mientras tanto, los conflictos siguen ocurriendo. Dios debería escuchar las fervorosas oraciones de las personas; sin embargo, ellas no fueron atendidas y no terminaron las guerras ¿Por qué será?.
Es porque la propia humanidad no cambió. Las oraciones pedían el fin de la situación fenoménica llamada conflicto (que es una consecuencia) y no el cambio de la humanidad (la causa).
Toda situación fenoménica (mundo material susceptible a cambios) es reflejo de la mente humana. Por esa razón, para acabar con los conflictos, disputas y desacuerdos entre los seres humanos, es preciso antes que nada, hacer oraciones para cambiar la mente de la humanidad.
Sabemos que el conflicto es consecuencia de las hostilidades que ocurren en el ámbito mental, y para que exista la paz, es necesario eliminar esas hostilidades. Pero, no debemos orar pidiendo que se acaben las hostilidades mentales, porque eso equivale a aceptar su existencia y ellas se manifestarán cada vez más de acuerdo con la ley mental “se manifiesta concretamente aquello que se tiene en la mente (atracción de semejantes)”.
Nuestra oración debe ser de Amor y Gratitud a Dios. Sentir que el infinito Amor de Dios fluye hacia nuestro interior, vivificando nuestro Yo Verdadero o Esencia espiritual, nuestra naturaleza verdadera de hijos de Dios, reconociendo mentalmente lo que verdaderamente somos en nuestra esencia: seres espirituales divinos dotados sólo de Bien, Amor, Paz y Felicidad; que nuestra Imagen Verdadera es perfección y armonía.
Abordar este tema se hace apasionante, nos llena de entusiasmo y curiosidad natural por conocer cuál es el origen de las desgracias y sufrimientos que experimentan los seres humanos en su vida cotidiana.
Es apasionante porque, si somos capaces de conocer el origen y causa de este lado oscuro de la humanidad, también seremos capaces de conocer las soluciones, es decir, los remedios que nos harán recuperar el bienestar, la paz y felicidad que todos nos merecemos en este mundo.
Afirmar que las causas de todos los sufrimientos y desdichas de las personas, son las “ilusiones mentales”, parece sencillo y complicado a la vez.
Parece sencillo, porque utilizando nuestra Esencia espiritual o Yo verdadero podemos eliminar las ilusiones mentales y destruir las causas, y asunto arreglado, todos vivimos felices y en perfecta convivencia pacífica.
El asunto se complica cuando surgen cuestionamientos inevitables como: ¿Qué son las ilusiones mentales? ¿Cómo las hemos aprendido o adquirido? ¿De qué modo influyen en nuestra vida diaria? ¿Cómo podemos eliminar las ilusiones mentales?.
Es conveniente aclarar que el término “ilusión” está siendo mal utilizado por algunas personas, pues, confunden con el significado de “metas, sueños o ideales”. La ilusión es el desconocimiento de la verdad. Suponer existente algo que no existe, es ilusión. La Realidad es Verdad, la ilusión es falsedad.
Entonces, las “ilusiones mentales” son todos los pensamientos y creencias erróneas que hemos recibido de nuestros antepasados a través de nuestros padres ( aquí se incluye el tema de las enfermedades hereditarias), y nosotros estamos trasmitiendo lo mismo a nuestros descendientes.
Las “ilusiones mentales” también, son los pensamientos y creencias erróneas que hemos aprendido de nuestro entorno, desde nuestra llegada a este mundo.
Continuaremos en el siguiente artículo……