Si usted observa a un niño pequeño, o a un bebé, se dará cuenta que actúa con total libertad, naturalidad y espontaneidad. A diferencia de los adultos, los niños guardan aún la inocencia y la plena naturaleza de sus pensamientos y acciones.
Esto es porque los niños han sido poco o casi nada expuestos al medio en el que se desenvuelven los adultos. Lamentablemente en este entorno de los adultos, existen sentimientos negativos tales como el egoísmo, la avaricia, la discriminación entre otros.
Mientras que en lado natural del ser humano, primario y natural, están sentimientos positivos tales como la amistad, el amor, la solidaridad, etc. Entonces podrían decir que este lado es mejor y más deseado que el anterior. Por lo mismo, el ser humano debería caminar de regreso hacia ese rumbo, pero ¿cómo hacerlo?.
Lea también nuestro artículo El Camino de Regreso de la Historia, en el cual hablamos de la corrupción del ser humano y de la sociedad, cómo llegamos a eso y como saldremos.
Y es que es verdad que la palabra correcta aquí es “regresar”. Por que si bien es cierto que se ha avanzado mucho, pero también muchas ha sido la distorsión de los valores y principios del ser humano en la sociedad, en la vida. Ya lo dijeron los grandes pensadores de hace años:
“La razón ha sacado al hombre de su inocente estado natural y lo ha llevado a la decadencia” ROUSSEAU.
Si bien Rousseau se muestra algo dramático en sus palabras, no dejan de ser verdad, ya que irónicamente, cuando el ser humano utiliza su razón plenamente (etapa adulta) es cuando más se ha alterado negativamente su existencia, con respecto a los valores, ética y responsabilidad social.
Entonces, ¿está usted preparado para emprender el camino de regreso? No será fácil, pero por lo menos de vez en cuando deberíamos aventurarnos a visitar, hacer de turistas, en esa faceta espontánea y natural que ya perdimos.
“Retornar a la inocencia significa entonces escuchar a nuestros sentimientos en lugar de consultar a la lógica”. ROUSSEAU.
La foto es de Stock.Xchng
La personalidad de los niños se forma hasta los 6 años de edad. ¿Sabía usted esto?. Verdaderamente sorprendente que lo que podamos enseñarles y darles hasta esa edad formarán los rasgos de su personalidad con los cuales tendrán que hacer frente al mundo, una vez que crezcan y se conviertan en adultos.
Sorprendente y hasta cierto punto atemorizante, por la enorme responsabilidad que tenemos los adultos, los padres, de educar y enseñar correctamente a los hijos.
Una de las formas que recomiendan los psicológos para proteger a los niños para que puedan afrontar con fuerza, decisión y determinación el futuro es no darles todo lo que se les pueda dar. Es decir, desterrar aquella vieja frase que dice: “yo le daré a mi hijo todo lo que no tuve”. Pero, ¿por qué olvidar esa frase que por tanto tiempo se ha manejado de forma natural en la conversaciones cotidianas?.
Simplemente por el hecho de que si usted realmente está en condiciones de darle a sus hijos lo que nunca tuvo, entonces quiere decir que tuvo éxito en sus proyectos y en su vida. Y este éxito, seguramente se debe al buen trabajo de sus padres y probablemente también a que nunca lo tuvo todo en la vida. Muy claro, ¿verdad?
Bien, entonces no cometamos el error de darles absolutamente todo a los niños, ya que cuando se enfrenten al oceáno de la vida y vengan las olas, ellos pensarán que sin hacer nada podrán evadirlas, pero estas olas les enseñarán que no. Les dirán que “no” por primera vez en sus vidas y estos niños, ya grandes, no podrán enfrentar de forma adecuada ese “no”. Algunos se derrumbarán, otros se desanimarán, otros pensarán que la vida es muy dura; cuando en verdad la vida es la misma para todos y su dureza o suavidad depende del cristal con el que se mire y de la actitud que uno tome frente a ella.
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Es curioso ver como un bebé o un niño juega y se divierte con objetos muy simples. Claro, hay casos en los que los niños tienen juguetes costosos, pero eso no detiene la satisfacción que obtienen en el juego.
Así también, es muy probable que la energía y dinamismo que muestran nos parezca impresionante. Vemos que corren, saltan, gritan, juegan y tantas otras cosas que uno se queda perplejo de ver tanta actividad sin interrupción.
Es que los niños viven en un mundo aparte… se podría decir, en un universo paralelo al nuestro.
El mundo adulto, lleno de peligros y complicaciones, responsabilidades y deberes, no parece ser compatible con el mundo que los bebés y niños crean por sí mismos. El mundo de ellos es pura creatividad, imaginación, libertad… definitivamente, es mejor.
Si bien es cierto que cada mundo cumple un rol fundamental en la vida de cada persona, según su etapa de crecimiento (es decir, no podemos pretender que un adulto viva en el mundo de un niño, y viceversa), hay muchas cosas de las cuales podemos aprender al observar y comparar estos mundos paralelos.
Al tener libertad completa y la imaginación como herramienta principal, los niños construyen su mundo a su antojo. Ellos mismos ponen las fronteras de lo posible e imposible, de lo real e imaginario. Cada niño en su mundo, es un campeón de carreras de autos, rey de un castillo, super héroe, algún animal poderoso, robot de ciencia ficción, general de un ejército, almirante de un navío o lo que se le ocurra ser. Así, cada niño se convierte en héroe de su mundo.
Ahora pregúntese, ¿quién de adulto tiene la capacidad de ser y hacer tantas cosas en tan poco tiempo?, ¿cuándo ha sido la última vez que venció a un dragón y rescató a la princesa?, ¿cuándo fue la última vez que piloteó una nave espacial recorriendo el universo?.
Como ve, el mundo paralelo de los niños, construído por su propia imaginación, es un lugar maravilloso, pero al que usted como adulto no puede ingresar. Sin embargo, si es un deber el respetarlo, porque recuerde siempre que todo niño es un héroe, un rey, un piloto, un general y la etapa de la vida que están viviendo, requiere que las cosas sean de esa forma.
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Recuerdo que cada navidad con mis padres, cuando era niño, teníamos un ritual establecido. Primero rezábamos, luego comíamos y finalmente abríamos los regalos.
¡Ya se imaginará que tortura!, más aún cuando se es niño. Yo quería abrir los regalos cuanto antes y poder jugar con ellos, sin embargo teníamos que rezar y cenar primero.
El rezar, bueno, generalmente era siempre el mismo tiempo, pero me pregunto yo: ¿a qué niño le entretiene rezar?. En fin, era parte de la costumbre, del ritual del hogar. Luego de rezar, venía la cena. Esta si podía demorar horas.
Tuve la suerte (en aquél momento no lo veía así, pues era sólo un niño pequeño) de tener unos padres que se preocupaban por el mínimo detalle de la navidad. Las ensaladas, el pavo, el puré de manzana, el pan, la mantequilla, el chocolate, los refrescos, etc. Creo que de lo que sirvían en la mesa podían haber comido 20, pero sólo éramos 4. Y como fondo, una casa exquisitamente decorada de navidad, de pies a cabeza, desde un mes antes.
Para mí, en aquel momento, no había cosa más esperada que abrir los regalos, pero lamentablemente cuando llegaba el momento de hacerlo, muchas veces ya no tenía fuerzas para jugar y, luego de abrirlos, me iba a dormir.
Todo esto era parte del ritual de navidad en mi casa. Pero ahora entiendo, que cada hogar tiene rituales, no sólo para navidad, sino para cualquier evento.
Es la característica de ese hogar, es propio, único y que forma a los padres e hijos. Son cosas que no se le pueden discutir ni quitar a un hogar, sus rituales. Porque son su esencia, su alma, su corazón, esos pequeños detalles son sobre los que edifican una vida en familia.
El ritual en cada caso, identifica al ser humano, dentro un grupo, de una sociedad. Lo de un sentido de pertenencia y orientación. Le da las herramientas y recursos para que puedan vivir esos rituales, decidir por ellos mismos, y en el caso de los hijos, formar los suyos propios cuando tengan un hogar.
Recuerde siempre que el ser humano está en constante aprendizaje. El aprender es algo que nunca terminar, incluso en la vejez. La diferencia, es que son etapas de aprendizaje distintas. Pero no se canse de aprender y de conocer. Es algo innato del ser humano, así como sus ritos y costumbres, nadie puede apropiarse de ellos ni de su aprendizaje infinito en el camino de la vida, en su camino hacia el éxito.
No le estoy sugiriendo que se convierta en padre de un niño de la noche a la mañana, y a la primera oportunidad que encuentre. Pero si lo es o está a punto de serlo, lea la siguiente nota.
Una de las mejoras formas de comprender temas como la adaptabilidad y el cambio quizás sea el ser padre.
Cuando un bebé nace, llora por hambre, frío, porque necesita que lo cambien o simplemente por afecto; lo importante es saber que quiere expresar y que debemos descifrar qué es lo que necesita. De la misma forma que desciframos su llanto, innovamos mil formas de distraer al niño para que no llore (cantamos, bailamos, jugamos, etc).
Sin embargo, al poco tiempo (porque los niños crecen muy rápido) vemos que lo que inventamos hace tal vez un par de semanas para calmarlo, ya no tiene el mismo efecto. El niño creció, ve el mundo de forma distinta y aprende a expresarse diferente también. Por lo tanto (en la desesperación de verlo llorar desenfrenadamente otra vez) nos vemos en la obligación de inventar nuevos trucos y formas de satisfacerlo.
A la misma velocidad que crece y aprende el niño, los padres aprenden y desarrollan constantemente nuevas formas de relacionarse con él. Rompen paradigmas al diario, enfocados en la forma de criar a ese nuevo ser humano, de la forma que ellos consideran correcta por naturaleza.
La velocidad del cambio es así. Tal como dice el concepto del Tao: “la única constante en el universo es el cambio y debemos aceptar este hecho y estar en armonía con ello”.
El ser humano, reaccionar frente a los cambios de su entorno, transformando su visión del mundo y adaptándose a las nuevas condiciones circundantes. En eso radica la evolución, crecimiento y supervivencia.
Si tiene la oportunidad de ser padre, no la desaproveche. Considere que es como una mina no explotada, en la que, tal vez no encuentre oro, pero definitivamente encontrará mucho aprendizaje. Una nueva visión del mundo, como padre de un niño, le ayudará a romper paradigmas y cambiar el clima a su alrededor.
Al romper estos paradigmas en el proceso de constante cambio, sentirá su crecimiento espiritual asegurado.