¿Por qué los seres humanos generan conflictos, no obstante desear la paz?. Pocos son los que conocen su verdadera causa. La humanidad, no obstante buscar el camino para la Vida, parece seguir el camino de la muerte.
El Dr. Masaharu Taniguchi en su libro “La humanidad es exenta de pecado”, afirma que ésto se debe al hecho de que el hombre no sabe que en su esencia, en su yo verdadero, es un ser espiritual inmaculado y puro; y, está practicando el autocastigo o autodestrucción, llevado por la idea cristiana del pecado original o por la idea budista respecto a la inexorabilidad del carma.
Amigo lector, el hombre que se ve a sí mismo como materia o cuerpo carnal es dominado por el deseo de “yo físico” y ampliar su campo de acción. Ya que la materia está sujeta a limitaciones, el deseo de expansión sin límites llevan inevitablemente a los hombres a entrar en conflicto y disputa unos con otros. En consecuencia, basándose en una visión materialista de la vida, la humanidad provocará guerras a pesar de desear la paz, y proseguirá en el camino de la autodestrucción, no obstante desear el pleno desarrollo de la vida.
El Dr. Karl Menninger, un exponente de la medicina psicosomática de U.S.A., en su libro “El hombre contra sí mismo”, califica el contradictorio deseo de autocastigo como “instinto de suicidio”, y las enfermedades crónicas como “suicidios lentos”. Explica, citando ejemplos reales, que las enfermedades son curadas cuando se corrige ese instinto de autocastigo.
En relación a las personas que lamentan la mala suerte, Menninger afirma que la mala suerte no es algo que viene de afuera. Es la propia persona quien prepara las cosas, inconcientemente, de tal forma que los otros la colocan en mala situación y de esa forma goza una especie de placer masoquista en soportar los sufrimientos de la situación adversa en que se colocó.
Querido lector, es importante concientizar que el hombre es espìritu perfecto y no un ser material; y, eliminar el sentimiento de culpa del tipo “pecado original” común a toda la humanidad, y, por tanto, liberarse del deseo de autodestrucción, de lo contrario es difícil manifestar la alegría y felicidad.
De modo simplificado y didáctico representamos a la mente total como un iceberg, en que la parte superior al nivel del mar representa a la mente conciente y es el 5% de todo. Es la mente que piensa y siente las cosas “quiero hacer así”, “qué lindo”, “esto me gusta”.
La mente conciente es la parte que razona, saca conclusiones, es activa y funciona como si fuese un vigilante delante de la puerta que se llama subconciente, responsable por el 95% del todo. Esta parte, al contrario de la mente conciente, es pasiva y funciona como una grabadora, registrando las impresiones y sugestiones, sean ellas buenas y malas.
Querido lector, en el caso de personas adultas en estado conciente, las sugestiones por ejemplo de las palabras “Usted es Hijo de Dios” son asimiladas por el subconciente, solamente a través de repetición contínua de esas palabras. En el caso de los niños, las sugestiones recibidas por la mente conciente son absorbidas por la mente subconciente con facilidad, porque tienen una mente dócil.
La mente conciente se encuentra en la vanguardia del mundo psicológico, patrullando en el frente, observando, imaginando, analizando, decidiendo, repudiando y recibiendo. Las impresiones recibidas y las conclusiones afirmadas por el conciente son acumuladas en las capas profundas del subconciente. Esta las utiliza, silenciosamente, en diversas actividades, inclusive en las actividades fisiológicas del cuerpo humano.
Amigo lector, si usamos correctamente nuestra mente, para reconocer el diseño original de nuestra naturaleza verdadera, de nuestro yo verdadero; entonces, con sabiduría grabaremos en nuestro subconciente, sólo pensamientos de prosperidad y éxito. Es lo que caracteriza a nuestra esencia.
Los conocimientos modernos del psicoanálisis, nos permiten conocer la estructura básica de la mente del ser humano. Cuando pensamos en esta estructura, lo primero que percibimos es la existencia de la mente conciente (consciencia) y de la mente no conciente (inconsciencia o subconsciencia).
La mente no conciente, en un sentido amplio es llamada también mente subconciente, y su contenido es muy grande.
Amigo lector, si sentimos sed o hambre, evidentemente se trata del trabajo de la mente conciente. Sin embargo, cuando tenemos prisa por llegar a algún lugar, nos apuramos o corremos inconcientemente. La mente no piensa en correr, pero los pies proceden a correr inconcientemente.
Cuando el pianista se acuerda de una melodía, sus dedos automáticamente recorren el teclado y produce el bello sonido de esa melodía. Él no piensa concientemente en tocar esta o aquella tecla, mas, como resultado de largos años de práctica, sus dedos lo hacen inconcientemente. Es claro que no fue así desde el inicio. En el comienzo, él se esforzó concientemente, ejercitando cada dedo para tocar esta o aquella tecla. A medida que se acumularon los años de entrenamiento, esos movimientos quedaron grabados en la mente inconciente, de tal manera que los dedos ya se movieran automáticamente.
Querido lector, esto nos hace pensar que entre la conciencia y la subconciencia, prácticamente no existe interrupción, sino una sucesión, una continuidad. Sin que se perciba, la actividad conciente es grabada en la subconciencia, y el contenido subconciente puede emerger como conciente.
Entonces, si reconocemos y activamos nuestra esencia espiritual o yo verdadero con la mente que es un instrumento maravilloso, infaliblemente podremos desarrollar nuestra felicidad desde el primer momento.
¿De qué manera se adquieren los hábitos y costumbres? ¿Será que los hábitos y costumbres se heredan? ¿Tenemos poder para cambiar los hábitos y costumbres? ¿Cómo influyen los hábitos y costumbres en nuestra felicidad?.
Según los estudios recientes sobre el comportamiento humano y ciencia mental, y en base a nuestra experiencia, los hábitos y costumbres son una forma de vida, una determinada forma de pensar, una manera de ver las cosas, una forma de hacer las cosas y por último, es una forma de educar. Por ejemplo, si piensas que leyendo buenos libros enriquecerás tus conocimientos, entonces formarás el hábito de la lectura.
Estos se adquieren mediante pensamientos, palabras y hechos repetidos sobre un determinado aspecto o circunstancia de la vida cotidiana (ver artículos: La palabra tiene poder creador de felicidad y El poder de la palabra cura las enfermedades), y se depositan o gravan en la mente subconciente o inconciente. Desde aquí se manifiestan en nuestra conducta diaria, como respuesta a estímulos relacionados.
Querido lector, del mismo modo cómo se adquieren los hábitos y las costumbres, podemos cambiarlas tantas veces como sean necesarias, practicando la reingeniería apropiada de pensamiento, palabra y acción; y, con una correcta postura de nuestra mente conciente. Poseemos el poder para hacerlo, pues, nuestro yo verdadero o esencia espiritual tiene el Amor, Sabiduría y Capacidad infinitas del Hijo de Dios, que siempre apunta hacia el Bien y el crecimiento propio y del prójimo.
Amigo lector, es importante que nuestros hábitos y costumbres, nos lleven a desarrollar un buen carácter y personalidad, lo cual nos asegurará un destino lleno de felicidad. Recuerde que el ser humano puede decidir ser feliz ahora mismo y con su Alegría innata construir su felicidad eterna.
Es muy conocido el dicho “mente sana en cuerpo sano” y también su significado de que la mente estará más limpia y pura si el cuerpo está en las mismas condiciones; y, siempre estuvo relacionado a la práctica de cualquier deporte que mantenga el cuerpo en óptimo estado. Casi todos lo repiten, sin embargo, no se experimenta un impacto importante.
Amigo lector, pareciera que lo anterior le otorgara más importancia al cuerpo carnal en lugar de la mente; y como nuestro objetivo como ser humano es el crecimiento contínuo, debemos cuestionar con frecuencia algunas creencias que parecen ser ciertas pero en realidad son ilusiones mentales. ¿cuál es antes y después, el cuerpo carnal ó la mente?.
Intentaremos romper algunos paradigmas. Si la mente es el espíritu en vibración, mediante esta vibración crea situaciones, pensamientos, etc, y las proyecta en este mundo físico (mundo de tres dimensiones). El cuerpo carnal es una de sus proyecciones, tal como ocurre cuando a partir de dos células que se unen (óvulo y espermatozoide) empieza a formar los diferentes tejidos y órganos del cuerpo humano durante los tres primeros meses de vida.
Querido lector, si el cuerpo carnal es proyección de nuestra mente subconciente, el refrán “mente sana en cuerpo sano”, debería modificarse y en su lugar decir “cuerpo sano en mente sana”. Significa que si purificamos nuestra mente subconciente usando el poder de la mente conciente, nuestra verdadera naturaleza divina, nuestro yo verdadero, nuestra esencia espiritual, se manifestará infaliblemente en conformidad con el grado de purificación y despertar espiritual.
Quizás, esta nueva forma de pensar lleve al hombre a desarrollar con mayor interés su espiritualidad y su proyección en forma de materia sea más perfecta y armoniosa, manifestándose más salud que enfermedad, más prosperidad que pobreza, más felicidad que sufrimiento.
A diario observamos diversas manifestaciones en la vida de los seres humanos: felicidad y alegría en unos, desgracia y tristeza en otros. Sin duda alguna, todos queremos eliminar las conductas no deseadas tales como, conflictos personales, corrupción en todos los niveles, hipocrecías, deslealtades, etc.
Podemos afirmar que el sufrimiento de la humanidad se debe principalmente a dos razones: 1) No saben quiénes son realmente, y 2) No conocen las Leyes Mentales. En artículos anteriores hemos hablado sobre quiénes somos realmente y cómo podemos direccionar nuestro destino hacia el sufrimiento o la felicidad. También hemos tratado sobre la ley de causa y efecto, y de qué manera influye en la desgracia o la felicidad del hombre.
Querido lector, en esta oportunidad trataremos brevemente sobre la segunda ley mental, “La palabra tiene poder creador o fuerza creadora”. Entendemos como “palabra” a toda vibración espiritual, como un tipo de onda de pensamiento. Una palabra captada por sus oídos, de algún modo será grabada en su mente subconciente y tendrá el poder de concretizar el significado de ella en su cuerpo y en su entorno.
En un inicio, la fuerza de la palabra puede ser pequeña, pero, captando la palabra repetidas veces a través de los sentidos, se transforma en una gran fuerza y las cosas suceden en conformidad con el sentido de la palabra proferida.
La palabra es un pensamiento, es lo hablado, es lo escrito, y hasta la expresión fisonómica es palabra. Si usted, con frecuencia se repite a sí mismo “qué tonto soy”, terminará concretizando esa característica en su vida. Si usted, afirma con emoción “yo soy esencia espiritual y tengo capacidad infinita para hacer bien todas las cosas”, con seguridad, concretizará éxito y felicidad en su vida.
Amigo lector, usted comprenderá cuán importante es que todos seamos extremadamente cuidadosos en el uso de las palabras con nosotros mismos y con el prójimo, siendo más crítico con los niños pequeños (incluso los bebés) puesto que ellos por su mente dócil, graban todo.
Si proferimos palabras de elogio y aprecio, con sabiduría, amor y gratitud; infaliblemente cosecharemos circunstancias agradables; y, haremos de nosotros mismos y de las demás personas, seres exitosos y felices. Si hacemos lo contrario, ya sabemos cuáles serán las consecuencias.
En nuestro medio -principalmente occidente y latino- existe una idea generalizada de que los nietos son muy especiales para los abuelos, y que muchas veces se traduce en el dicho popular que a los abuelos “se les cae la baba por el nieto o la nieta”. El caso de abuelas y madres, es un poco distinto y hablaremos en otra ocasión.
Conozco abuelos que afirman sentir mucho amor por sus nietos, aún más que por sus propios hijos. También conozco a otros que dicen que sus nietos son más cariñosos que sus propios hijos cuando tenían la misma edad. Además hay otros abuelos que consideran a los nietos tan importantes como sus propios hijos, no haciendo mayor distinción entre ellos.
Querido lector, así podemos observar que los abuelos manifiestan diversas formas de pensar y actitudes mentales con respecto a sus nietos, y su comportamiento particular obedece a sus creencias y conceptos diseñados y reconocidos por su mente subconciente. Por supuesto, también existen algunos patrones de conducta, que son compartidos por los miembros de una familia, grupos étnicos, religiosos, etc.
Qué tan cierto puede ser que a los nietos se les ame más que a los hijos ó que éstos sean más cariñosos que aquéllos. Reflexionemos al respecto.
Al nacer nuestros hijos, nosotros los padres pensamos y sentimos el compromiso y la responsabilidad por asegurarles una buena alimentación, seguridad, comodidad, educación, etc. Estos hechos “nos distraen y ocupan gran parte de nuestro tiempo”, dedicándonos mayormente al trabajo, quedando escaso tiempo para tomar conciencia de lo valiosos e importantes que son nuestros hijos, de lo mucho que nos necesitan para su desarrollo y crecimiento armónico, dejando casi todo eso en manos de la madre.
Cuando nacen nuestros nietos, generalmente los abuelos ya no sentimos la misma presión por las obligaciones de la vida, disponemos de mayor tiempo, y concientemente observamos con más atención a los nietos e inconcientemente como si se tratara de recompensar algo, les prodigamos un amor más personalizado. Los nietos por su parte, en forma muy sutil (aunque sean pequeños), se dan cuenta que los abuelos se adaptan a sus exigencias, con más facilidad que sus propios padres, y de allí el “aparente” mayor cariño manifestado por los nietos y sentido por los abuelos.
Amigo lector, todos nosotros sin excepción, cuando nacemos, llegamos a este mundo con una mente conciente limpia, pura y dócil; originariamente perfectos y armoniosos en nuestra esencia espiritual, con deseos de amar y ser amados, siendo seres especiales e importantes.
De hecho, cuando no se conoce toda la verdad, muchos de nosotros cometemos errores con nuestros hijos. Por eso, aquellos padres en plena actividad paternal (con hijos recién nacidos ó pequeños) pueden cambiar la historia y hacer la diferencia. Sólo tienen que actuar con sabiduría, amor y gratitud; disfrutar plenamente de sus hijos demostrando y expresándoles todo el amor que sienten por ellos (por ejemplo, bañándoles cuando son bebés), así como lo hacen las madres. No utilicen excusas de falta de tiempo para ello, pues el hombre tiene capacidad infinita para hacer bien las cosas. Ustedes mismos verán que la ley de causalidad (ley de causa y efecto) se cumple para bien.