Creo que todos comprendemos el significado de estar cansado o fatigado; por ejemplo, un altleta después de recorrer 10 kilómetros, o un estudiante después de estar leyendo durante muchas horas, o una ama de casa después de las tareas domésticas del día, etc.
Entonces, el concepto de cansancio o fatiga, lo hemos adquirido desde que el hombre empezó a poblar la tierra; y, está tan arraigado que nos parece de lo más normal y natural pensar, hablar y actuar, manifestando el cansancio en nuestra vida cotidiana.
Ahora, vamos a romper los esquemas mentales, los paradigmas, y realizar una reingeniería mental. El cansancio pertenece al cuerpo carnal o físico, es decir, pertenece al mundo material, al mundo de los cinco sentidos; es un concepto creado por el “yo falso” del ser humano.
Jesucristo dijo: “Mi reino no es de este mundo”, y también dijo: “El reino de Dios está en vuestro interior”. Quiso decir que este mundo físico donde vivimos, no es más que sombra, es decir, una proyección de nuestra mente y de la mente colectiva de toda la humanidad. El cuerpo carnal, también es proyección de nuestra mente subconsciente (donde se almacenan los paradigmas, los conceptos y conocimientos, los pensamientos y creencias, ideas y sentimientos).
El verdadero mundo es nuestro Yo Verdadero (hijo de Dios) que se aloja como esencia de vida en nuestro interior, éste jamás se cansa ni fatiga.
La vida de San Martín de Porres, nos ilustra con claridad este aspecto. San Martín de Porres, logró concientizar su Yo Verdadero y trascender su cuerpo carnal, pudiendo trabajar muchas horas sin descanso, y dispuesto a acudir en ayuda de los más necesitados.
Desde este punto de vista espiritual, si logramos concientizar y exteriorizar nuestro Yo Verdadero, cuanto más esfuerzo y trabajo realicemos en bien de las personas, no llegaremos a sentir cansancio ni fatiga; por el contrario, podremos desarrollar nuestra capacidad infinita.
La vejez del ser humano es una etapa de la vida del cuerpo físico ó cuerpo carnal. Ya sabemos que la vida del cuerpo carnal comprende desde la formación del embrión en el vientre materno hasta el momento de su fallecimiento.
Existe en la mente colectiva de la humanidad, ciertos paradigmas en el sentido de creer que la etapa de la vejez o adulto mayor viene acompañado del deterioro de algunas funciones vitales. Esto no es del todo cierto.
Por ello, es preciso romper estos paradigmas y, desarrollar nuevos pensamientos y creencias de que el adulto mayor se encuentra en la etapa de su máximo desarrollo en términos de crecimiento espiritual y mental.
Esta calidad de vida superior del adulto mayor, se puede lograr descubriendo, conociendo y desarrollando las herramientas de nuestro formato original, con una verdadera innovación mental: sabiduría, amor, vida, provisión, alegría y armonía infinitas.
Les presento a continuación pensamientos interesantes de personas célebres:
Balzac: “Por el hecho de envejecer no se deja de reir, mas, dejar de reir te hace envejecer”.
Barrymore, John: “Un hombre, solo es viejo cuando sus disgustos reemplazan a sus sueños”.
Cocteau, Jean: “Se puede nacer viejo, como se puede morir joven”.
Einstein, Albert: “El buen lado de las cosas: por más viejo que seas puedes ser más joven que nunca”.
Eluard, Paul: “Envejecer es organizar la juventud a lo largo de los años”.
Hugo, Victor: “Y si fuego es lo que arde en los ojos del joven, LUZ es lo que vemos en los ojos del anciano”. “Debemos preocuparnos más en agregar vida a los años que años a la vida”.
Jeanson: “Mi sueño es morir joven con una edad muy avanzada”.
Kant, Emmanuel: “A medida que avanza la edad, lo bello debe dejar su puesto a lo SUBLIME”.
Rousseau, Jacques: “La vejez es el tiempo de practicar la sabiduría”.
Slattery, G.: “La edad no es un pretexto para hacerse viejo”.
Por lo general, el ser humano vive su día a día con una visión superficial de la vida. Quiero decir que, contínuamente vivimos preocupados, por todo lo que nos rodea, por lo que tenemos que hacer el día de hoy, por lo que haremos en el futuro, y hasta por lo que hicimos en el pasado.
Este modo de vivir, en cierta manera, sujetos a lo que acontezca en el entorno, está en concordancia con los vaivenes de felicidad y desgracia que sufre la humanidad. En otras palabras, mientras el ser humano mantenga el pensamiento de que los éxitos y fracasos, la buena y mala suerte, etc., tienen un origen externo, su felicidad ó sufrimiento estará supeditado a los cambios y acontecimientos del exterior.
Si hacemos una reflexión serena y profunda sobre la Verdad de la Vida, empezaremos a reverenciar la Vida y vivir en fiel obediencia a la Ley de la Vida. Es preciso diferenciar “Vida” con mayúscula y “vida” con minúscula.
“Vida” se refiere a la Vida eterna e inmortal, a la Esencia (Alma), al Yo verdadero, recibido de Dios. En cambio, “vida” se refiere a lo que desarrollamos con el cuerpo carnal en este mundo físico (mundo de tres dimensiones) y cuya existencia en realidad es efímera.
El punto de partida es que vinimos a este mundo recibiendo Vida; no es que el Yo se fue a buscar Vida en algún lugar, sino que ya somos la propia Vida, somo la extensión de la Vida de Dios. Así como fuente luminosa y luz son un solo cuerpo, Dios y Hombre son un solo cuerpo; Dios es la fuente luminosa y el Hombre es la luz emanada de Dios.
Reverenciar la Vida, significa que nos respetamos y reverenciamos a nosotros mismos; éste es el fundamento de toda vida moral. Justamente por ser nosotros mismos la valiosa Vida, podremos vivir de modo que no nos avergoncemos y, también, respetar y valorizar la Vida de los semejantes.
Si no comprendemos el valor de nosotros mismos, no conseguiremos comprender la razón por la cual debemos honrar al semejante, que es una Vida igual a la nuestra; así como también honrar y reverenciar a Dios, origen supremo de la Vida.
Todo cuanto sucede en este mundo físico, es proyección de nuestra mente y de la mente colectiva de la humanidad, es decir, depende de nuestro interior.