Me conmueve ver el sufrimiento de muchas personas a causa de enfermedades curables ó incurables.
Es lamentable observar en los hospitales y centros de salud, a las personas mayores, adultos y niños, en espera de sus turnos para ser atendidos por los médicos. Estos turnos, muchas veces se prolongan por varios días, semanas y hasta meses. Mientras tanto, las personas siguen sufriendo.
Soy Químico Farmacéutico de profesión, con muchos estudios de capacitación, especialización y post grado en MBA. Me considero experto en producción industrial de medicamentos, por los más de 30 años de experiencia en la industria farmacéutica.
Con estos logros profesionales, pensé que podría alcanzar el ideal que me tracé desde muy niño: ver a todas las personas del mundo, saludables y felices.
Lamentablemente, este ideal no se ha logrado. La causa principal, radica en un error de concepto de la humanidad. Casi todas las actividades profesionales y ocupacionales de las personas (99%) están orientadas a considerar el “cuerpo carnal o físico”, como si fuera la verdadera vida del ser humano.
Según los estudios de la Ciencia Mental y de la Metafísica (ciencia que trasciende la materia), el cuerpo carnal es una consecuencia, es un efecto, y en todo caso es proyección de la mente individual y mente colectiva.
La verdadera vida es el Yo Verdadero o Alma. Es el que dirige o comanda el cuerpo carnal por medio de la mente; y el poder de la mente es grandiosa e infinita.
Esto significa, que nuestro cuerpo físico es y se manifestará conforme lo que nuestra mente (consciente e inconsciente) ordena.
Si la mente alberga pensamientos y sentimientos negativos, el cuerpo carnal manifestará malestar, conflictos, desarmonías y enfermedades.
Si la mente alberga pensamientos y sentimientos positivos, el cuerpo carnal manifestará bienestar, armonía con todos, felicidad verdadera y salud plena.
El tema de los medicamentos y las enfermedades, siempre ha sido y es, complejo y contradictorio. De alguna manera tiene relación con el nivel socio-económico, cultural, político y religioso.
Es contradictorio, porque quienes más gastan en medicamentos y manifiestan más enfermedades, no son precisamente los que más recursos económicos tienen, sino aquellos que carecen de éstos, y están comprendidos en los niveles socio-económicos más bajos; es decir, aquellos que están en la pobreza y extrema pobreza.
Con respecto a los alimentos, el panorama es algo similar. Generalmente, las personas que están en la pobreza y extrema pobreza, consumen alimentos de baja calidad en los nutrientes, razón por la cual, su constitución física no ofrece la suficiente fortaleza para hacerle frente a las enfermedades.
De este modo, ingresan a un círculo vicioso: bajos ingresos económicos genera mala alimentación y nutrición, lo cual genera cuerpos físicos debilitados; un cuerpo débil tiene mayor susceptibilidad a las enfermedades; las enfermedades deterioran la salud de las personas; las personas con salud deteriorada no pueden trabajar óptimamente; trabajando deficientemente, las personas generan bajos ingresos o salarios.
Es recomendable que las personas destinen prioritariamente la cantidad necesaria de sus ingresos, para una buena alimentación con nutrientes de calidad, que no son necesariamente caros; y así, mantener una buena salud y requerir menos medicamentos.
Cabe recordar que, nuestra naturaleza verdadera, es decir, nuestra esencia espiritual o Yo verdadero, es originalmente saludable y exenta de enfermedades. Son las ilusiones mentales las que han creado la idea de enfermedad en la mente subconsciente.
Hay enfermedades del ser humano que no responden al tratamiento con los medicamentos físicos o materiales. Estas enfermedades son las referidas principalmente al carácter de la persona.
Realmente es muy bueno y gratificante sentir verdadero autorespeto. Sin embargo, “la arrogancia y el orgullo del yo falso” y el temor a enfermedades e infelicidades materiales son dos grandes obstáculos para el desarrollo de la naturaleza verdadera, o sea , de la esencia espiritual. En otras palabras, son obstáculos para que el hombre obtenga la libertad y éxito verdaderos.
El orgullo y la arrogancia no sólo crean defectos de carácter, sino, también a veces, enfermedades físicas. En este caso, la enfermedad es mucho más complicada que la provocada por el temor, puesto que no se cura por la eliminación o transferencia del temor o por la aplicación de medicamentos, sino exclusivamente por la expulsión o destrucción del orgullo y arrogancia.
Para eliminar la arrogancia es necesario realizar una rigurosa autocrítica, después de muchas reflexiones y profundo autoanálisis.
La ciencia mental y el psicoanálisis modernos descubrieron muchos tipos de enfermedades que se curan sólo haciendo reconocer claramente al paciente, después de un análisis, la arrogancia oculta en su mente.
Esta arrogancia oculta en la mente del paciente se manifiesta como: el deseo de estar siempre en un nivel superior a los familiares, a sus amigos, a su médico, o a la sociedad; ésto lo lleva a permanecer en el nivel de la imperfección y a vivir siempre insatisfecho.
El sentimiento de temor origina la otra gran cantidad de enfermedades, donde el médico juega papel preponderante para realizar la transferencia del temor del paciente, mediante el uso de palabras adecuadas (poder de la palabra) y el tratamiento con medicamentos apropiados.
No existe otro terreno más misterioso que el de la mente humana. Si la semilla plantada en la mente es la de la Verdad (Esencia espiritual, Yo verdadero), la persona tendrá salud; si la semilla es la de la ilusión (idea enfermiza), inmediatamente germinará y brotará una enfermedad.
En este sentido, el médico que posee la confianza del paciente debe tomar con mucho cuidado en relación a las palabras que le dirije. Si utiliza el “poder de la palabra” con sabiduría, sin duda alguna podrá curar al paciente. Si lo hace sin sabiduría, es posible que no logre curarlo, pudiendo empeorarlo y hasta crear en el paciente nuevas enfermedades.
Cuando se descubre y presenta un nuevo medicamento, durante algún tiempo éste muestra mucha eficacia, hay abundante propaganda del producto a través de los medios de comunicación (radio, televisión, carteles, etc.) y también en los consultorios médicos.
De esta manera se utiliza el “poder de la palabra” a través de todos estos medios, exaltando el medicamento; el paciente recibe toda esta información y generalmente se cura o alivia de su enfermedad.
Pero con el pasar del tiempo, dejan de escribir sobre el medicamento, cesan las propagandas, es decir, disminuye el poder de la palabra, lo cual debilita la creencia en la eficacia de tal remedio y, consecuentemente, pierde su poder de curar.
En realidad, la mente humana es tan poderosa que por el poder creador que tiene la palabra, pone en acción la “fuerza curativa existente en el cuerpo”. Por consiguiente, se comprende que no es la materia que produce efecto en la cura de una enfermedad, sino la mente total.
Hemos afirmado que el estrés es una situación desagradable, estado de incomodidad y/o malestar, el cual se manifiesta en nuestros cuerpos, cual si fuera una enfermedad; afectando seriamente la armonía y felicidad tanto individual como familiar.
Debemos insistir que todos los pensamientos y sentimientos, positivos y negativos, se manifiestan en forma concreta en el cuerpo carnal, como una situación de bienestar o malestar, de salud o enfermedad. En otras palabras, lo que observamos en nuestro cuerpo, es el síntoma, el efecto, la consecuencia, la cosecha de lo sembrado.
Las causas se originan en la mente, en la actitud mental, en la forma de pensar y creer respecto a personas, cosas y hechos. Nosotros mismos hemos elaborado y estamos elaborando esos pensamientos y sentimientos positivos y negativos, las tenemos almacenadas en nuestra mente subconsciente, en espera de una oportunidad propicia para manifestarse en nuestra vida diaria.
Entonces, el estrés, inicialmente es un conjunto de pensamientos y sentimientos negativos (que pueden llegar al deseo de autodestrucción), que se crean en nuestra mente y almacenan en nuestro subconsciente como una semilla. Es producto de la ilusión mental. Sabemos que la ilusión es el desconocimiento de la verdad, es falsedad, es irrealidad; luego, ilusión mental es una creencia o pensamiento equivocado.
Para combatir el estrés, se puede recurrir al médico o profesional especializado, quien con palabras adecuadas, retira de la mente del paciente, los pensamientos y sentimientos equivocados, reforzando el tratamiento con medicamentos, de ser necesario.
También se evita el estrés, conservando siempre el sentimiento natural y viviendo -valga la redundancia- con naturalidad. El sentimiento natural es el todo, es la perfección, es armonía, es la ausencia de la enfermedad, es el cero, es el círculo.
La otra técnica increíble de evitar el estrés es la Meditación Espiritual. Consiste en reconocer quiénes somos en nuestra verdadera naturaleza, en nuestra Esencia, en nuestro Yo verdadero; y, contemplar con los ojos mentales que “somos uno” con la Gran Vida del Universo, Dios.
Las empresas para su mejoraramiento y crecimiento contínuo, aplican la Reingeniería de procesos y luego Calidad Total. El ser humano, para su mejoramiento y crecimiento contínuo puede utilizar la Meditación como una reingeniería mental y luego, pensar, vivir y educar con sentimiento natural, como herramienta de Calidad Total.
Es preciso tener en cuenta lo siguiente: si bien puede ser importante combatir ó curar el estrés; es más importante, no sentirlo, no manifestarlo; para ésto, es necesario eliminar las posibles semillas mentales.
Hemos afirmado que la palabra -en sus modalidades de pensamiento, hablado, escrito o gesticulado- tienen un gran poder de creación, es semilla. Jesucristo dijo: “Pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán”; sus palabras constituyen semillas que nos conducen al conocimiento de la Verdad.
La expresión fisonómica no es sólo movimiento de los músculos del rostro, sino, esencialmente es una vibración que ocurre en nuestro cuerpo en conformidad con la vibración de la mente, y que se transmite a la visión de quien nos ve, bajo la forma de expresión fisonómica.
Amigo lector, aunque muchos investigadores científicos del Psicoanálisis y de la Ciencia Mental, sostienen que las enfermedades se originan en la propia mente del ser humano debido a las ilusiones mentales que tiene grabadas en su mente subconciente; vemos la concretización o materialización de estas enfermedades en las personas, causándoles sufrimiento y dolor.
Cuando un paciente enfermo acude a un médico, generalmente lo hace con gran dosis de fe y esperanza; entonces, la responsabilidad del médico para curarlo depende de la eficacia de los remedios y del poder de las palabras que con convicción dirige al paciente; mas, la eficacia de los medicamentos recetados también depende de la fuerza de las palabras del médico.
Querido lector, si el médico le dice que usted tiene una enfermedad x, que es hereditaria ó congénita, etc, lo que está haciendo es reforzar sus ilusiones mentales y difícilmente eliminará dicha enfermedad. En cambio, si el médico, con absoluta convicción le dice “si usted toma este remedio, con seguridad quedará bien”, sus palabras surtirán efecto así como el remedio ¿verdad?.
Por tanto, todos debemos tener la firme convicción de que nuestra esencia espiritual, nuestra esencia de vida o yo verdadero, es originalmente saludable, es decir, exento de enfermedades. También poseemos poder creador a través de nuestros pensamientos, palabras y gestos; tenemos poder para crear el bien y el mal.