En su libro La Verdad de la Vida, Vol. 2, Imagen Verdadera, el Dr. Masaharu Taniguchi dice: “No se puede comprobar la eficacia de un medicamento. Hay científicos que defienden vehementemente la eficacia de ciertos fármacos, sin embargo, no es posible comprobarla definitivamente”.
Los científicos investigan el efecto de los medicamentos realizando experimentos con animales. Es evidente que los animales de experimentación (cobayas, ratas, etc.) no son seres vivos iguales al ser humano. Esta es la falla fundamental de las experiencias científicas en animales y luego aplicarlas en el hombre.
Pero, por el resultado positivo de repetidos ensayos con animales, un medicamento es rotulado como eficaz contra cierta enfermedad humana y el médico con esta idea y creencia lo receta al paciente y ese medicamento se muestra efectiva. Aquí, no se puede concluir definitivamente que la eficacia, se debe única y exclusivamente al medicamento. Aquí también actuaron las creencias del médico y del mismo paciente con relación al medicamento. También actuó el poder creador de la palabra del médico (una de las leyes de la mente que gobiernan el cuerpo físico o carnal del ser humano).
También sabemos, que cuando un medicamento ingresa en el cuerpo de una persona, éste reacciona secretando diferentes elementos de defensa y variando su perfil inmunológico; así, el fármaco mezclado con esos elementos de defensa, puede producir un efecto completamente diferente del obtenido en el laboratorio de investigación.
Indudablemente, un mismo medicamento administrado a varias personas, puede causar diferentes efectos en ellas. Esto se debe a que cada persona es única en sus hábitos y costumbres, es única en su carácter y personalidad, y es única en fuerza mental. Es decir, es única en su mundo interior.
Es increíble a donde puede haber llegado el afan médico por lucrar con una actividad tan sagrada como lo puede ser el aliviar el sufrimiento físico de una persona o salvar una vida.
Quede claro que no hablamos de todos los médicos, pero quizás de una mayoría. En la actualidad es común encontrar médicos e instituciones médicas que, sin el menor escrúpulo, intentan enriquecerse mediante operaciones innecesarias, prescripciones favoritistas y diagnósticos exagerados.
¿Dónde quedo la ética profesional y el respeto por la vida humana?, ¿dónde quedaron aquellos ideales de una profesión destinada a servir a los demás incondicionalmente?, ¿qué pasó con la responsabilidad social e integridad de una de las profesiones más respetas y necesarias en el mundo entero?, ¿en qué momento nos hemos apartado del lado humano y nos hemos inclinado más por el mundo material?
De hecho, son muchas preguntas que llaman a la reflexión, y podemos quedarnos reflexionando mientras que en los hospitales y clínicas habrán letreros de descuentos y promociones 2 x 1, al mejor estilo de los supermercados que venden leche o arroz. ¡Si se opera las amigdalas aquí, le hacemos un chequeo completo de pulmones por la mitad del precio!, realmente terrible. Puedo aventurarme a que si las cosas siguen así, no faltará el día en que las instituciones médicas emitan cuponeras de descuentos y otras formas plenamente comerciales que les permitan tener mayores ingresos.
Esperamos de verdad que los médicos, hombres y mujeres, de todo el mundo puedan recobrar la ética y moral que alguna vez envistió esa túnica blanca. Esperamos sea pronto el día en que confiemos ciegamente si un doctor nos dice que tenemos que operarnos o seguir un tratamiento. Queremos que llegue el momento en que estemos seguros que el doctor nos prescribe un medicamento porque realmente es bueno y lo necesitamos, y no porque la compañía que los fabrica los tenga casi en su nómina de trabajadores. Esperamos y seguiremos esperando, de corazón y con fe.
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