Con mucha frecuencia escuchamos comentarios en las familias con respecto a la conducta o comportamiento de sus hijos “este niño(a) es malcriado(a)”, “es mañoso(a)”, etc. Hay padres y madres que pregonan como si fuera un gran acontecimiento, que sus hijos son malcriados, y añaden “ya no sé qué hacer”.
Yo mismo, en el pasado lejano, tenía estas creencias o pensamientos, con comentarios semejantes. En el presente actual, afirmo contundentemente, que estos comentarios y pensamientos son dañinos y perjudiciales, para todos los seres humanos. Debemos tener mucho cuidado y reflexionar profundamente al respecto.
Cuando se afirma que los niños son malcriados, se entiende que no recibieron buena crianza o buena educación; por tanto, se asume la existencia de fuerza y poder ajeno al niño o niña que ha influenciado en su formación psicosocial. Entonces, los verdaderos causantes de la malcriadez de los niños, son las personas mayores o adultas que permanecieron próximos a ellos. Generalmente estas personas son papá, mamá, hermanos mayores, abuelos, tíos, etc.
De otro lado, los niños al nacer, llegan a este mundo, con todos los atributos divinos propios de su Yo Verdadero o esencia espiritual (Alma): sabiduría, amor, vida saludable exenta de enfermedades, abundancia, alegría y armonía. Poseen mente dócil y pureza en sus sentimientos, gran inteligencia y capacidad de observación e imitación, por tanto, los niños (se incluye a los bebés) observan e imitan todos los pensamientos, palabras y accciones de las personas que le rodean. Los pensamientos son vibraciones que se transmiten entre las personas según la ley mental “semejantes se atraen”.
Por tanto, los niños son inocentes de toda culpa por sus conductas. La corrección en ellos deben hacerse con amor y sabiduría, no castigándolos.
En todo caso, quienes merecen mayor castigo y corrección son las personas mayores que rodean al niño en su vida.
Si usted vive buscando sólo su propia felicidad, es como un niño que corre, deseando alcanzar la luna. Por más que haga lo que haga, nunca logrará alcanzar la verdadera felicidad.
Ninguna persona -sea millonaria, príncipe, pobre, profesional, etc.- podrá ser verdaderamente feliz, mientras no conozca la alegría de ser útil a los demás, de hacer feliz a su prójimo y sentir en sí mismo el reflejo de la alegría del otro. Dando de sí es que el ser humano consigue ser grande y extraordinario.
El hecho de no mostrarse bondadoso con los demás puede tolerarse. Pero es realmente reprochable que existan personas que sienten satisfacción practicando maldades en contra de sus semejantes.
La persona que sólo se siente importante ridiculizando o disminuyendo a los demás, está demostrando su pequeñez. Dominar a los otros no constituye, de modo alguno, un medio para engrandecerse a sí mismo.
Cuando usted oiga hablar del éxito de alguien o de las virtudes ajenas, no diga palabras que pongan en duda tal éxito o tales virtudes. No busque los defectos.
La persona que ve la luz queda iluminada, y aquella que ve la tiniebla queda oscurecida por ella. Mirar solamente el lado positivo de los actos ajenos y elogiarlos con el corazón abierto, infaliblemente, nos hace personas alegres y felices.
Los que se satisfacen descubriendo y criticando los puntos negativos de otros, está comprobando que aún no manifiesta la grandeza de su Alma o Yo verdadero. Los pensamientos y sentimientos como celos y envidia, revelan la bajeza, debilidad y subdesarrollo espiritual del individuo.
Cuanto más actos de bondad practicamos, más se elevará nuestra Alma o Yo Verdadero. Cuanto menos observamos los defectos ajenos, más feliz será nuestro Yo Verdadero.
Creo en la Naturaleza Divina que existe en el ser humano, creo en la bondad que existe dentro de cada uno de nosotros.
El amor atrae amor y el odio atrae odio, esa es la ley mental y el secreto del verdadero crecimiento espiritual.
Pensar y reflexionar sobre la manera de beneficiar a nuestros semejantes, es un gran primer paso para el crecimiento espiritual de cada uno de nosotros.
El siguiente gran paso para lograr este noble objetivo, es tomar la decisión de elaborar un planeamiento estratégico y actuar.
Una de las grandes estrategias es ser líder y liderar, demostrando el “espíritu de dedicación total”, lo cual significa, “empeñar todas las fuerzas” en todas las tareas que emprendamos.
En verdad, Dios responde a aquellos que manifiestan el espíritu de dedicación total, por la ley mental “solamente los semejantes se atraen”. El espíritu de dedicación total sintoniza con la vibración de Dios, porque Dios es el mismo espíritu de dedicación total. Nuestro empeño total en una tarea o trabajo, hace exteriorizar la fuerza infinita de Dios que existe en nosotros, porque Dios es la propia fuerza total.
Todos tenemos la oportunidad de desarrollar liderazgo para beneficiar a los demás con nuestro trabajo diario. Sólo debemos direccionar nuestra mente y actitud mental hacia dicho objetivo.
Las personas que trabajan elaborando alimentos, deberían mantener el sublime pensamiento de estar alimentando y nutriendo a miles de consumidores de sus productos, en lugar de pensar prioritariamente en ganar dinero a cambio del trabajo que efectúan. Esta forma de pensar les proporcionará mayor satisfacción y felicidad.
Los que confeccionan ropa, igualmente deben pensar que sus productos van a satisfacer completamente las necesidades de otras personas que las usen, en lugar de pensar en la poca o mucha paga que reciben por su trabajo.
¿Y por qué debemos beneficiar a los demás?.
Porque en nuestra esencia, alma o yo verdadero, sentimos esa necesidad de ser útiles a los demás; y, cuando logramos beneficiar a los demás, nuestra felicidad es mayor.
Hay muchas frases o dichos populares que las escuchamos a diario, y sin mayor análisis, las repetimos en las ocasiones en que pensamos vienen al caso.
Quiero reflexionar acerca del dicho tan popular “errar es humano, perdonar es divino”. Posiblemente, pocas personas se han detenido para profundizar lo que puede significar ó la interpretación real de lo que quiere decir. Tampoco sabemos si la primera persona que lo dijo sabía lo que estaba diciendo, ni la influencia que tendría en el comportamiento de la humanidad.
Cuando pronunciamos la frase “errar es humano…”, por ley mental del poder creador de la palabra, estamos reforzando en nuestra mente subconsciente que la naturaleza de las personas es errar; dicho en otras palabras, cometer errores es propio y natural del ser humano.
Si aceptamos este postulado, entonces, no nos esforzaremos mayormente en no cometer errores, ó simplemente las personas no tendrán el mínimo interés en no cometer errores, es decir, una persona puede pensar y creer que el cometer errores es normal, aunque estos errores perjudiquen o dañen a otras personas. Siendo así; el que engaña seguirá engañando, el que roba seguirá robando, el que viola seguirá violando, el que se corrompe seguirá corrompiéndose, el que odia seguirá odiando, el que siente celos seguirá sintiendo celos, y así por el estilo.
Sepa usted, que en nuestro interior se aloja la Vida de Dios, es nuestra Alma o Yo Verdadero o Esencia Espiritual. Este Yo Verdadero es Amor y Sabiduría, es Alegría y Armonía, porque tiene naturaleza divina; por tanto, infinitamente bueno y exento de errores.
Cuando la mente de las personas albergan pensamientos y sentimientos negativos, encubren u ocultan su Yo Verdadero, impidiendo que se manifieste en su vida; en su lugar, se manifiesta el yo falso que es producto de los pensamientos negativos. Este yo falso sí siempre comete errores, porque su conducta se basa en creencias falsas o negativas.
Por tanto, la capacidad de no cometer errores y de perdonar, también está en la esencia del ser humano.
“Los semejantes se atraen”, esta es la ley que atrae la felicidad. Significa que “quien llora atrae la avispa”, “quien sonríe atrae la felicidad”.
Amigo lector, en nuestra esencia espiritual, en nuestro yo verdadero, como Hijos de Dios, ya existe la provisión infinita de las más variadas especies: dinero, trabajo, vida, sabiduría, pensamientos, ideas, etc. Si logramos gozar o no eso, depende únicamente del modo de abrir la puerta de nuestro yo verdadero.
“Los semejantes se atraen”, es una ley que se aplica tanto en el mundo de la mente como en el mundo de las formas. Los gatos se juntan con los gatos, los perros con los perros, los mendigos con los mendigos, los ricos con los ricos, los especuladores con los especuladores, los corruptos con los corruptos, los buenos con los buenos. ¿Qué tipo de semajante usted desea atraer a su alrededor?. De eso dependerá su destino.
Querido lector, vamos a sonreir siempre y atraer un destino feliz. Los Psicólogos suelen afirmar “Nosotros no reímos porque hallamos gracia, mas hallamos gracia porque reímos”. Si mantuviéramos siempre una sonrisa en la mente y en la fisonomía, recibiremos la visita del “Dios de la felicidad” y seremos felices, así como reza el dicho: “Donde hay risas, viene la felicidad”.
Si por el contrario, mantenemos el entrecejo siempre fruncido y la mente siempre triste, vendrán a nosotros acontecimientos igualmente tristes y sombríos. Esta es la ley mental: “Los semejantes se atraen”.