Lo que pensamos, lo que hablamos y lo que hacemos en el momento presente o ahora, sin lugar a dudas, tendrá un efecto o consecuencia en el futuro inmediato y/o lejano, dependiendo de la magnitud e intensidad de los factores emocionales de cada ser humano.
Reconocer y aceptar este hecho, es comprender que la ley mental de causa y efecto es inexorable en su influencia sobre la humanidad, llevándolo por el camino de la felicidad y éxito ó por el camino contrario del sufrimiento y fracaso.
Observando los hechos y cosas de este modo, no es muy necesario preocuparse demasiado por el futuro. En otras palabras, no debemos dedicarle nuestro mayor tiempo para planear y programar el mañana, sino más bien, dedicar todo nuestro esfuerzo creativo e ingenioso, para hacer bien las cosas en el presente.
Esto no significa dejar de desarrollar planes y objetivos en nuestro trabajo y en nuestra vida, debemos hacerlo a manera de guía y orientación. Pero el mayor esfuerzo y verdadera dedicación plena, debe dedicarse al presente.
Hay algo que debemos tener muy en cuenta en todas nuestras actividades diarias: la alegría. Haga usted su trabajo o tarea, sus estudios, sus conversaciones, todo con alegría.
Realizando con alegría, todo nuestro ser se purifica, se ilumina nuestra mente y espíritu. Esta iluminación espiritual y mental, hará manifestar la capacidad y poder infinitos existentes en nuestro interior: el Yo Verdadero; y, en consecuencia, nuestro cuerpo físico gozará de salud y bienestar.
Mejore la calidad de su forma de pensar, sea alegre en todo momento, ilumine sus pensamientos y sentimientos con amor y sabiduría, practique el bien y no haga mal a nadie. Haga todas las cosas con alegría, amor y gratitud. De este modo, su calidad de vida individual y familiar se incrementará.
Todo cuanto nos ocurre a cada uno de nosotros los seres humanos en el momento presente de nuestras vidas, es una consecuencia de lo que hemos pensado, hablado y actuado en nuestro pasado.
Hay personas que piensan y creen que en este mundo de tercera dimensión donde nos desarrollamos con nuestro cuerpo físico, muchas de las cosas que nos pasan a diario, son ocasionadas por la buena suerte ó mala suerte; es decir, dentro del contexto de la casualidad o azar.
Es bueno saber que esto no es verdad. Es necesario desterrar de nuestra mente estas ideas equivocadas. En su lugar, es muy útil saber que existen leyes mentales que nos gobiernan en forma inexorable en este mundo visible.
La inexorabilidad de estas leyes mentales significa que afectan por igual a las personas que las conocen y también a las que no las conocen. La diferencia es que quienes la conocen pueden utilizarla con sabiduría para su felicidad. Nadie puede violar o esquivar estas leyes sin sufrir sus efectos o consecuencias.
Una de estas leyes es la de “causa y efecto”; en los dichos populares se conocen como “todo lo que se siembra, se cosecha”, “quien siembra vientos, cosecha tempestades”; todo efecto tiene su causa y toda causa tiene su efecto.
Nuestro “presente” es el “ahora” que vivimos constantemente. Nuestro “pasado” se remonta desde nuestra concepción en el útero materno hasta 1 segundo de tiempo antes de nuestro “ahora”.
Lo que quiero decir es que, lo que hemos pensado, hablado o actuado hace mucho tiempo ó hace 1 segundo, va a dar frutos en el presente.
Si alguna persona robó, engañó, maltrató ó mató a otra persona, es una siembra que cosechará tarde o temprano, no cabe ninguna duda; la cosecha es obligatoria y generalmente viene multiplicada. Esta cosecha se manifiesta en la persona que lo sembró, como enfermedad, sufrimiento, desgracia, infelicidad, muerte, etc.
La persona que sembró amor, bondad, comprensión, generosidad, etc. lo cosechará en forma de felicidad, prosperidad, alegría, éxito, bienestar, etc. Generalmente multiplicado. Así es como nos responde el Universo.
Aquellas personas que sienten envidia ó simplemente albergan pensamientos y sentimientos de rencor hacia otras personas, difícilmente podrán alcanzar felicidad y prosperidad. Por el contrario, atraerán para sí, las mismas vibraciones mentales sombrías, y manifestarán en su vida, fracasos y desgracias; lo cual es consecuencia de las leyes mentales “los semejantes se atraen” y de “causa y efecto” según la cual, todo lo que se siembra se cosecha.
De otro lado, aquellos seres humanos que albergan pensamientos y sentimientos de bien, amor, generosidad, solidaridad, honestidad, alegría, armonía, etc.; es decir, vibraciones mentales de iluminación hacia otras personas, infaliblemente, alcanzarán éxito y felicidad, cumpliéndose igualmente, las leyes mentales mencionadas anteriormente.
Esto ocurre en nuestra vida cotidiana y muchos de nosotros, hemos experimentado que una sensación desagradable nos invade, después de criticar o hablar mal de alguien. Es conveniente recordar que todas estas manifestaciones negativas y sombrías son desempeñadas por nuestro “yo falso”, basándose generalmente en lo que perciben los cinco sentidos. En estos casos, el espíritu eterno está casi anulado y encubierto totalmente.
En cambio, si pensamos y trabajamos con el fin de beneficiar al mayor número de personas, sin perjudicar a nadie; si creemos que en todas las personas se aloja la Esencia espiritual o Yo Verdadero (hijo de Dios), entonces, se desarrollará y crecerá en nosotros, el noble sentimiento del amor verdadero, que nos hará sentir la sensación de que “yo y el otro somos uno”, teniendo el mismo espíritu divino.
Lo mismo ocurre, si mediante un buen manejo y control de nuestra mente, nos esforzamos en desarrollar el amor al prójimo, infaliblemente, nuestros pensamientos, palabras y acciones, estarán dirigidas a beneficiar a la humanidad; y, ese hecho nos proporcionará la máxima felicidad y satisfacción.
A diario observamos diversas manifestaciones en la vida de los seres humanos: felicidad y alegría en unos, desgracia y tristeza en otros. Sin duda alguna, todos queremos eliminar las conductas no deseadas tales como, conflictos personales, corrupción en todos los niveles, hipocrecías, deslealtades, etc.
Podemos afirmar que el sufrimiento de la humanidad se debe principalmente a dos razones: 1) No saben quiénes son realmente, y 2) No conocen las Leyes Mentales. En artículos anteriores hemos hablado sobre quiénes somos realmente y cómo podemos direccionar nuestro destino hacia el sufrimiento o la felicidad. También hemos tratado sobre la ley de causa y efecto, y de qué manera influye en la desgracia o la felicidad del hombre.
Querido lector, en esta oportunidad trataremos brevemente sobre la segunda ley mental, “La palabra tiene poder creador o fuerza creadora”. Entendemos como “palabra” a toda vibración espiritual, como un tipo de onda de pensamiento. Una palabra captada por sus oídos, de algún modo será grabada en su mente subconciente y tendrá el poder de concretizar el significado de ella en su cuerpo y en su entorno.
En un inicio, la fuerza de la palabra puede ser pequeña, pero, captando la palabra repetidas veces a través de los sentidos, se transforma en una gran fuerza y las cosas suceden en conformidad con el sentido de la palabra proferida.
La palabra es un pensamiento, es lo hablado, es lo escrito, y hasta la expresión fisonómica es palabra. Si usted, con frecuencia se repite a sí mismo “qué tonto soy”, terminará concretizando esa característica en su vida. Si usted, afirma con emoción “yo soy esencia espiritual y tengo capacidad infinita para hacer bien todas las cosas”, con seguridad, concretizará éxito y felicidad en su vida.
Amigo lector, usted comprenderá cuán importante es que todos seamos extremadamente cuidadosos en el uso de las palabras con nosotros mismos y con el prójimo, siendo más crítico con los niños pequeños (incluso los bebés) puesto que ellos por su mente dócil, graban todo.
Si proferimos palabras de elogio y aprecio, con sabiduría, amor y gratitud; infaliblemente cosecharemos circunstancias agradables; y, haremos de nosotros mismos y de las demás personas, seres exitosos y felices. Si hacemos lo contrario, ya sabemos cuáles serán las consecuencias.
En nuestro medio -principalmente occidente y latino- existe una idea generalizada de que los nietos son muy especiales para los abuelos, y que muchas veces se traduce en el dicho popular que a los abuelos “se les cae la baba por el nieto o la nieta”. El caso de abuelas y madres, es un poco distinto y hablaremos en otra ocasión.
Conozco abuelos que afirman sentir mucho amor por sus nietos, aún más que por sus propios hijos. También conozco a otros que dicen que sus nietos son más cariñosos que sus propios hijos cuando tenían la misma edad. Además hay otros abuelos que consideran a los nietos tan importantes como sus propios hijos, no haciendo mayor distinción entre ellos.
Querido lector, así podemos observar que los abuelos manifiestan diversas formas de pensar y actitudes mentales con respecto a sus nietos, y su comportamiento particular obedece a sus creencias y conceptos diseñados y reconocidos por su mente subconciente. Por supuesto, también existen algunos patrones de conducta, que son compartidos por los miembros de una familia, grupos étnicos, religiosos, etc.
Qué tan cierto puede ser que a los nietos se les ame más que a los hijos ó que éstos sean más cariñosos que aquéllos. Reflexionemos al respecto.
Al nacer nuestros hijos, nosotros los padres pensamos y sentimos el compromiso y la responsabilidad por asegurarles una buena alimentación, seguridad, comodidad, educación, etc. Estos hechos “nos distraen y ocupan gran parte de nuestro tiempo”, dedicándonos mayormente al trabajo, quedando escaso tiempo para tomar conciencia de lo valiosos e importantes que son nuestros hijos, de lo mucho que nos necesitan para su desarrollo y crecimiento armónico, dejando casi todo eso en manos de la madre.
Cuando nacen nuestros nietos, generalmente los abuelos ya no sentimos la misma presión por las obligaciones de la vida, disponemos de mayor tiempo, y concientemente observamos con más atención a los nietos e inconcientemente como si se tratara de recompensar algo, les prodigamos un amor más personalizado. Los nietos por su parte, en forma muy sutil (aunque sean pequeños), se dan cuenta que los abuelos se adaptan a sus exigencias, con más facilidad que sus propios padres, y de allí el “aparente” mayor cariño manifestado por los nietos y sentido por los abuelos.
Amigo lector, todos nosotros sin excepción, cuando nacemos, llegamos a este mundo con una mente conciente limpia, pura y dócil; originariamente perfectos y armoniosos en nuestra esencia espiritual, con deseos de amar y ser amados, siendo seres especiales e importantes.
De hecho, cuando no se conoce toda la verdad, muchos de nosotros cometemos errores con nuestros hijos. Por eso, aquellos padres en plena actividad paternal (con hijos recién nacidos ó pequeños) pueden cambiar la historia y hacer la diferencia. Sólo tienen que actuar con sabiduría, amor y gratitud; disfrutar plenamente de sus hijos demostrando y expresándoles todo el amor que sienten por ellos (por ejemplo, bañándoles cuando son bebés), así como lo hacen las madres. No utilicen excusas de falta de tiempo para ello, pues el hombre tiene capacidad infinita para hacer bien las cosas. Ustedes mismos verán que la ley de causalidad (ley de causa y efecto) se cumple para bien.
Muchos filósofos han dedicado su vida para hacer interpretaciones personales de la ley de causa y efecto o intentar explicar una verdad relacionada con ella. Algunos psicólogos la denominan “principios de sugestionamiento”.
Amigo lector, de algún modo casi todos conocemos cómo se manifiesta esta ley en la vida del ser humano y muchos de nosotros no le damos la importancia que merece. Se puede expresar así: “lo que se siembra se cosecha”, “las personas se vuelven aquello que juzgan ser”, Jesús dijo “lo que pidieras con fe te será concedido”, y también “buenas semillas producen buenos frutos y malas semillas producen malos frutos”.
La ley de causa y efecto es la ley de la manifestación, llamada también ley de acción y reacción. Según esta ley, todo lo que lanzamos como causa (pensamiento, palabra, acción o sentimiento), regresa a nosotros concretizado como hecho o circunstancia.
Querido lector, nadie puede evadir la acción de esta ley. Una vez que el individuo creó la causa, no consigue huir de la consecuencia por más astuto que sea. La consecuencia vendrá infaliblemente más temprano o más tarde. Si no viene de una forma, vendrá de otra forma. De todos modos, la persona tendrá que recoger los frutos.
Entonces, lo que deberíamos hacer siempre es, crear buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones en nuestra vida diaria, a fin de formar buenos hábitos y buenas costumbres; ésto nos permitirá cultivar un buen carácter y una buena personalidad. Con un buen carácter y personalidad, sin duda, tendremos un destino de felicidad.
Amigo lector, debemos ser muy cuidadosos con nuestro espíritu y utilización de nuestra mente, pues también podría hacerse lo contrario, es decir, crear malos pensamientos, palabras, acciones y sentimientos, y las consecuencias no son difíciles de adivinar ¿verdad?. Usted puede utilizar su imaginación para encontrar ejemplos prácticos de esta ley mental; su vida diaria es el mejor ejemplo.
En artículos anteriores, hemos hecho una afirmación importante en el sentido de sostener, que los seres humanos podemos alcanzar la felicidad plena, al descubrir e identificar la alegría innata existente en nuestra Esencia, es decir, en nuestro Yo Verdadero; y, tomar la firme decisión de ser felices en este mundo.
Querido lector, tal vez algunas personas piensan que es demasiado fácil y aún tomando la decisión, no logran ser felices, quedando frustradas y creyendo que así no funciona. Otras personas pueden creer que es difícil adoptar esta decisión, y aún haciéndolo no lo consiguen; y, por tanto, quedan decepcionadas.
En verdad, si consideramos el tema de la felicidad como un amplio espectro que varía desde la Infelicidad total en un extremo, y la felicidad plena en el otro extremo, veremos que las personas, sin duda alguna, logran ubicarse en cualquier posición a lo largo del espectro, dependiendo de su actitud mental y cómo utilizan las herramientas mentales existentes en el Universo. Estas herramientas son las Leyes Mentales.
Infelicidad total <—————————————> Felicidad plena
Amigo lector, aquellas personas que conocen estas leyes y las utilizan con sabiduría, amor, alegría y armonía; y, a la vez con esfuerzo y dedicación, con certeza pueden alcanzar la felicidad plena. En cambio, aquéllas que ignoran estas leyes ó conociéndolas las emplean equivocadamente, podrían acercarse hasta la infelicidad extrema.
También pueden haber personas que, aparentemente desconociendo las leyes de la vida, vivan, piensen y eduquen con sabiduría, amor, alegría y armonía, con esfuerzo y dedicación, logren alcanzar niveles de felicidad.
Querido lector, las leyes mentales influyen infaliblemente en el rumbo de la vida. Son leyes inexorables, y rigen en el universo independientemente de que el ser humano los conozca ó los ignore, de que los acepte ó los rechace.
En el siguiente artículo hablaremos de la primera: Ley de Causa y Efecto. Debo manifestar que para nosotros, siempre será un honor recibir sus comentarios y opiniones, los cuales con toda seguridad, incrementarán nuestros conocimientos, ya que no somos dueños de la verdad; mas, estamos encaminados en una incesante búsqueda de la Verdad, para lograr nuestro progreso infinito.
Desde los primeros albores de la humanidad, el hombre ha inventado y desarrollado la palabra “pobreza”, ha reconocido su existencia como algo real; desde entonces, todos los seres humanos hemos utilizado este término con distintos fines, se ha manipulado tanto que ha distorsionado su aparente significado inicial.
Los políticos y dirigentes sociales (no todos felizmente) la utilizan para lograr sus objetivos electoreros, estimulando o promoviendo en ciertos casos el mayor desarrollo de la pobreza, contrariamente a lo pregonado y convencidos conciente ó inconcientemente de que esta situación los mantendrá en el sitial que buscan.
Los dirigentes religiosos (no todos) utilizan como bandera, la creencia equivocada de que sólo los pobres tienen mayor probabilidad de acceso al cielo.
Los ricos y empresarios (no todos) también en cierta forma la promueven al establecer diferencias, creyendo que tienen derecho a ganar más dinero que sus trabajadores y despreciando a éstos tan sólo por carecer de pertenencias materiales.
Los que se consideran verdaderamente pobres (no todos) también promueven su propia pobreza, porque han descubierto algunas ventajas y beneficios en el hecho de recibir ayuda asistencial, cayendo en la tentación de una vida fácil y sin mayor esfuerzo.
En general, todos los seres humanos tenemos una idea y concepto particular del significado de pobreza, y conforme a esa creencia, actuamos dentro de la sociedad.
Amigo lector, ¿cree usted que realmente existe la pobreza? ¿no será que la pobreza sea sólo la falta de riqueza y prosperidad, así como la tiniebla es falta de luz ó el mal es carencia del bien? ¿será que nosotros mismos le otorgamos existencia con nuestros pensamientos, palabras y acciones? ¿será que este reconocimiento mental hace que se manifieste concretamente en nuestras vidas, obedeciendo la Ley de Causa y Efecto?.
Querido lector, al abordar este tema tan amplio e importante para todos nosotros, creo oportuno que consideremos varias clases de pobreza: pobreza espiritual, pobreza de valores, pobreza de pensamientos y sentimientos, pobreza mental, pobreza de recursos materiales y muchos otros que podrían considerarse.
Por lo tanto, es errónea la idea generalizada de considerar “pobre” sólo a quien manifiesta carecer de recursos materiales. Pueden haber “ricos” que verdaderamente son pobres y “pobres” que verdaderamente son ricos.