En nuestra vida diaria experimentamos una serie de situaciones, agradables y desagradables.
Nuestro deseo natural es querer experimentar sólo sucesos agradables, porque ellos nos proporcionan emociones de bienestar; y, naturalmente deseamos evitar los sucesos desagradables porque ellos nos causan emociones de malestar (enfermedades, fracasos, sufrimientos, etc.)
Es preciso discernir y distinguir nítidamente lo que es el “Yo Verdadero” y el “yo falso” del ser humano.
El Yo Verdadero es nuestra naturaleza verdadera, es nuestra esencia espiritual, es nuestra naturaleza divina interior. Este Yo Verdadero, originalmente es perfecto y armonioso.
El yo falso es el fenómeno manifestado en base a pensamientos y sentimientos equivocados. Este yo está estrechamente relacionado con el cuerpo carnal y los cinco sentidos. Este yo falso es el que se corrompe, es el vicioso, es el que genera conflictos en su familia y en la sociedad, es el que enferma y sufre.
En verdad, lo único existente es el Yo Verdadero. El yo falso es una proyección o sombra del Yo Verdadero encubierta con ilusiones por una mente equivocada. Es la mente inmadura e infantil, el que proyecta un yo distorsionado o falso.
Entonces, una de las principales claves de éxito es educar y ejercitar nuestra mente para que se concentre solamente en lo que es Verdad. Debemos dominar nuestra mente y evitar que ella nos domine. Si la mente nos domina, sálvese quien pueda, porque puede suceder cualquier cosa.
Por tanto, utilizando nuestro Yo Verdadero, deberíamos esforzarnos en ver siempre sólo lo positivo de las personas, cosas y hechos, y nunca lo negativo. De este modo, se potencia la fuerza natural de vivir en armonía y felicidad con nuestros familiares y con toda la sociedad.
Hagan la prueba en su diario vivir.