Carlyle dijo: “Tus pensamientos son el arma que subyuga tu propio destino. Si mantienes pensamientos destructores con relación a un individuo o a un grupo, terminarás por herirlo mortalmente, aunque no aprietes el gatillo de una arma de fuego. Lo que resulta de los pensamientos que el hombre mantiene en su mente, acaba manifestándose inevitablemente”.
Las ideas y pensamientos mantenidas constantemente en la mente humana, incluyendo aquellas que pasan rápidamente por el cerebro, hallan eco en este Universo, atrayéndose unas a otras, agrupándose y difundiéndose. Luego, al alojarse en la mente de determinadas personas, pasan a manifestarse como actitudes concretas y acaban moviendo el mundo entero.
Tanto los pensamientos como el carácter y la personalidad son vibraciones, por lo tanto, se propagan como ondas de radio. Una persona que mantiene siempre pensamientos deshonestos, irradia la atmósfera de deshonestidad, aun cuando hace intentos por parecer honesta.
Por lo expuesto, si deseamos realmente ser personas que emitan vibraciones alegres y armoniosas, debemos esforzarnos siempre por mantener nuestra mente alegre y pacífica, evitando vibraciones de odio, ira, desconfianza o temor.
Hacer que nuestra mente adopte el hábito de transmitir ondas vibratorias de salud, de paz y de armonía. Es muy importante cultivar y mantener esta actitud positiva, principalmente, con todas las personas de nuestro entorno: familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, etc.
Si usted tiene en su mente, el hábito y costumbre de guardar confianza, decisión, entusiasmo y autoestima, ciertamente la atmósfera que usted irradia es de éxito, felicidad, entusiasmo y seguridad. Una persona que transmite una atmósfera tan maravillosa, inspira confianza en todo momento y lugar.
El pensamiento es “semilla”, y tarde o temprano germinará y crecerá. Cultive usted en su mente buenas semillas.
Todas las cosas trazadas en la mente de cada persona acaban manifestándose en su vida diaria. Este hecho obedece a la ley mental “Semejantes se atraen”, es la “ley de la atracción”.
Todas las ideas y pensamientos que los seres humanos mantienen constantemente, tanto en su mente consciente como en su mente subconsciente, acaba materializándose y concretizándose en su vida.
Aquél que, por vivir preocupado con enfermedades, lleva constantemente sus medicinas consigo, no se vuelve realmente sano.
Quien sólo piensa en pobreza y vive hablando de eso, acaba atrayendo realmente la pobreza.
Una persona que vive dependiendo de medicamentos es porque no logra ver cuán grande es la fuerza vital (fuerza de “autocura”) que existe en su interior. No obstante que los medicamentos tengan gran poder de cura, ese poder es insignificante cuando se compara con la fuerza infinita que existe en el interior del hombre.
Exteriorice plena y totalmente su fuerza interior infinita. No se juzgue débil ni enfermo. No se apoye en fuerzas externas. Exteriorice su Yo Verdadero o Alma, que es poderoso y eterno.
Existen muchas personas enfermas que buscan curarse experimentando un tratamiento durante una semana, otro tipo de tratamiento durante un mes, un medicamento durante tres días, un remedio casero durante tres semanas, y así por el estilo, sin lograr resultados eficaces en ningún caso.
Esas personas no logran la cura porque no son capaces de concentrar su fe en una sola cosa. Cuando concentramos nuestra mente en una sola cosa, podemos superar todos los peligros, obstáculos y dificultades, pues la fuerza de nuestra mente es infinita.
Rompa sus paradigmas y desarrolle una fe sólida en usted mismo. Si usted quiere curarse de una enfermedad, concientice su Yo Verdadero y adopte un tratamiento con fe y determinación. Deshágase de su duda y vacilación.
El ser humano posee un don valiosísimo: es el “don de la palabra” o el “poder de la palabra”. Muchas personas se olvidan que lo poseen y no se esfuerzan en desarrollarlo siquiera un poco. Otras personas ni saben que lo poseen.
Si no somos capaces de transmitir con claridad, exactitud y firmeza nuestras ideas, pensamientos, sentimientos, deseos; en fin, todo lo que quisiéramos expresar, podemos afirmar que estamos desprovistos de la más poderosa arma de esta vida.
Esa es la importancia de la palabra hablada o escrita. Debemos recordar que la palabra es la expresión del propio carácter de la persona. Esto quiere decir, que la forma de hablar de una persona nos indica su carácter y personalidad.
Por lo tanto, no tiene sentido que alguien trate de crear una bella imagen de sí mismo sólo utilizando palabras hábiles, sin empeñarse ni preocuparse en mejorar su carácter, pues, sus palabras sonarán falsas y superficiales, y terminan revelando su falta de sinceridad.
De otro lado, sería también lamentable que una persona, siendo dueña de un carácter admirable, no tuviese capacidad para expresar claramente sus opiniones y permaneciese callada, sólo por el hecho de no haber desarrollado el poder de la palabra.
Es fundamental, que las personas aprendan desde muy temprana edad a pronunciar claramente las palabras, practicando y ejercitándose siempre en el sentido de mejorar su dicción.
El poder de la palabra es tan fuerte que debe ser utilizado con sabiduría y amor, es decir, para el bienestar de la humanidad. No debe usarse con egoísmo para obtener provecho personal o de grupo, perjudicando a las grandes mayorías.
Por ello, los políticos, los que se llaman luchadores sociales, dirigentes religiosos, etc., deben adoptar un nuevo tipo de liderazgo, basado en la ética y responsabilidad social, buscando verdaderamente el éxito, la felicidad y el bienestar de la humanidad.