Cuando un padre forma a un hijo y lo educa en el transcurrir de su vida, siempre piensa en corto y largo plazo. Trata de no ceder en el ahora sacrificando el mañana y asimismo ve la forma de satisfacer lo actual, de forma responsable.
A diferencia de cualquier otra persona, sea una niñera, los abuelos o los tíos, ellos no forman, ellos acompañan la formación y educación. Colaboran más no determinan, ya que si lo hicieran, podría llegar a ser fatal.
Los abuelos y tíos engríen, dan amor, enseñan y ese es su rol para con los nietos y sobrinos. Más no el de educar y formar. Los padres tienen ese rol y cuando lo hacen están conscientes que están formando una vida que tendrá que hacer frente al mundo en algún momento.
Entonces, es importante que cada persona, siempre que se pueda, se quede en el rol que le corresponde. Todos hemos sido o seremos hijos, tíos, sobrinos, abuelos, padres, hermanos, etc. Y cada vez que somos, jugamos un rol diferente.
He ahí el real arte del amor en los legados de familia, guardar el rol correcto en cada ocasión. Si bien el mejor legado que puede dejar un padre a un hijo es el de una buena formación, esto debe estar acompañado siempre por los roles de la familia, que si bien no determinan, pero su acompañamiento es fundamental.
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Con mucha frecuencia escuchamos comentarios en las familias con respecto a la conducta o comportamiento de sus hijos “este niño(a) es malcriado(a)”, “es mañoso(a)”, etc. Hay padres y madres que pregonan como si fuera un gran acontecimiento, que sus hijos son malcriados, y añaden “ya no sé qué hacer”.
Yo mismo, en el pasado lejano, tenía estas creencias o pensamientos, con comentarios semejantes. En el presente actual, afirmo contundentemente, que estos comentarios y pensamientos son dañinos y perjudiciales, para todos los seres humanos. Debemos tener mucho cuidado y reflexionar profundamente al respecto.
Cuando se afirma que los niños son malcriados, se entiende que no recibieron buena crianza o buena educación; por tanto, se asume la existencia de fuerza y poder ajeno al niño o niña que ha influenciado en su formación psicosocial. Entonces, los verdaderos causantes de la malcriadez de los niños, son las personas mayores o adultas que permanecieron próximos a ellos. Generalmente estas personas son papá, mamá, hermanos mayores, abuelos, tíos, etc.
De otro lado, los niños al nacer, llegan a este mundo, con todos los atributos divinos propios de su Yo Verdadero o esencia espiritual (Alma): sabiduría, amor, vida saludable exenta de enfermedades, abundancia, alegría y armonía. Poseen mente dócil y pureza en sus sentimientos, gran inteligencia y capacidad de observación e imitación, por tanto, los niños (se incluye a los bebés) observan e imitan todos los pensamientos, palabras y accciones de las personas que le rodean. Los pensamientos son vibraciones que se transmiten entre las personas según la ley mental “semejantes se atraen”.
Por tanto, los niños son inocentes de toda culpa por sus conductas. La corrección en ellos deben hacerse con amor y sabiduría, no castigándolos.
En todo caso, quienes merecen mayor castigo y corrección son las personas mayores que rodean al niño en su vida.
Los padres cumplen su rol y se van, sea por la lejanía de la distancia o por el peso de los años, dejan de estar en nuestras vidas y solo se queda con nosotros lo que pudieron enseñarnos.
Los amigos están en distintas fases, algunos se van y llegan nuevos pero jamás se quedarán por siempre porque tienen propias vidas que construir. Lo que debemos hacer con ellos es aprovechar y gozar el tiempo que estemos juntos, disfrutando cada momento, ya que no sabemos cuánto durará.
Los hijos definitivamente se tienen que ir. Es la ley de la vida, ellos deben avanzar y mirar hacia el futuro, que ahí es donde pertenecen sus vidas y no al pasado. Puedes estar con ellos, orientarlos, aconsejarlos, guiarlos pero nunca podrás deternerlos, porque la vida avanza y jamás retrocede. Ellos se irán y solo tendrán lo que pudiste llegar a enseñarles.
Sin embargo, la pareja no se va. Esta persona está ahí para quedarse, llegó para quedarse. Esta persona es sobre la que hay que contrsuir a largo plazo y no desatenderla ni descuidarla. La pareja, la unión de dos seres para enfrentar el mundo representa una de las fuerzas más poderosas de la vida. Ella o él siempre estarán ahí, como entender, apoyar, aconsejar o tan solo acompañar.
Recuerde siempre sembrar en el lugar y la persona correcta, ya que lo acompañará por el resto de su vida.
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Esta es una pregunta frecuente. ¿Cómo educar bien a los hijos?. Es cierto que existen muchas teorías al respecto, muchos puntos de vista y muchas opiniones, pero nada deja de ser más cierto que los padres tienen y deben desarrollar su sentimiento natural de educadores.
Una vez que se es padre, se debe ser capaz de educar, enseñar, y tratar a los hijos de forma correcta para que se desarrollen en un ambiente sano y con valores y principios que les ayuden a frontar la vida una vez que esten solos en ella.
Pero esta característica de ser un padre educador es un sentimiento natural, que viene de la propia esencia del ser humano. Nadie lo enseña a alguien y nadie lo aprende de alguien. No crea que porque su madre o padre ya pasó por esto, entonces puede darle los mejores consejos. Si bien puede ser una guía, el que debe encontrar el camino correcto es usted mismo.
Todos los niños son diferentes, por lo tanto, no puede ser educados o tratados exactamente de la misma manera. Nuevamente le repito, no se deje engañar por el mito que sus padres pueden criar a sus hijos. Ellos son los abuelos, y tienen que cumplir ese rol. Deben dar afecto y engreír a los nietos, más no criar. Ese podría ser una de los más grandes errores de su vida, y peor aún, de la vida de sus hijos.
En el transcurso de la vida y a la vez que los hijos crecen, existe muchas formas de educarlos correctamente. Sin embargo, esté convencido que vendrá un momento en el cual tendrá que ser muy noble para premiar los buenos actos y muy enérgico para castigar los malos. Es decir, sin llegar al extremo de la violencia (que nunca es buena ene stos casos) se puede ser determinante y duro, para que puedan encaminarse hacia el bien.
Pero siempre será importante que sus hijos vean en usted una persona justa y equilibrada. Por lo bueno, premie y elogie, por lo malo, sea claro y enérgico en decir cómo espera usted que se den las cosas. Recuerde la gran responsabilidad de, como padre, estar formando una vida que no es suya.
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La personalidad de los niños se forma hasta los 6 años de edad. ¿Sabía usted esto?. Verdaderamente sorprendente que lo que podamos enseñarles y darles hasta esa edad formarán los rasgos de su personalidad con los cuales tendrán que hacer frente al mundo, una vez que crezcan y se conviertan en adultos.
Sorprendente y hasta cierto punto atemorizante, por la enorme responsabilidad que tenemos los adultos, los padres, de educar y enseñar correctamente a los hijos.
Una de las formas que recomiendan los psicológos para proteger a los niños para que puedan afrontar con fuerza, decisión y determinación el futuro es no darles todo lo que se les pueda dar. Es decir, desterrar aquella vieja frase que dice: “yo le daré a mi hijo todo lo que no tuve”. Pero, ¿por qué olvidar esa frase que por tanto tiempo se ha manejado de forma natural en la conversaciones cotidianas?.
Simplemente por el hecho de que si usted realmente está en condiciones de darle a sus hijos lo que nunca tuvo, entonces quiere decir que tuvo éxito en sus proyectos y en su vida. Y este éxito, seguramente se debe al buen trabajo de sus padres y probablemente también a que nunca lo tuvo todo en la vida. Muy claro, ¿verdad?
Bien, entonces no cometamos el error de darles absolutamente todo a los niños, ya que cuando se enfrenten al oceáno de la vida y vengan las olas, ellos pensarán que sin hacer nada podrán evadirlas, pero estas olas les enseñarán que no. Les dirán que “no” por primera vez en sus vidas y estos niños, ya grandes, no podrán enfrentar de forma adecuada ese “no”. Algunos se derrumbarán, otros se desanimarán, otros pensarán que la vida es muy dura; cuando en verdad la vida es la misma para todos y su dureza o suavidad depende del cristal con el que se mire y de la actitud que uno tome frente a ella.
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Alguna vez de joven sentí la fuerza y las ganas de convertirme en el mejor de todos. Es decir, quería estudiar, tener buenas notas, un excelente trabajo, ganar mucho dinero, ayudar a los demás, tener una familia, viajar por todo el mundo, inventar algo útil para la humanidad, etc, etc etc.
Era como una meta… o mejor dicho, varias metas; pero vistas como una sola: ser lo mejor que la vida pueda permitir.
Sin embargo, con el pasar de los años, me di cuenta que no es tan fácil como se piensa. Se tienen que balancear, sacrificar y compesar muchas cosas de la vida.
Se tiene que empezar a priorizar, a seleccionar a olvidar…
Durante la batalla incansable por conseguir todo, a uno le toca convertirse en padre. Y al ser padre, todo vuelve a cero. Quiero decir, en realidad te das cuenta que un hijo es como una extensión de ti mismo. Entonces él o ella pueden lograr todo lo que tu te proponías y soñabas; y sería exactamente igual que si fueras tú mismo.
Difícil de explicar, pero es lo que se siente. De pronto ya no eres tú solo. Tienes a alguien que puede terminar la tarea por tí… y sientes paz, te relajas y el mundo se observa con mayor claridad.
Así es, un hijo o hija es una extensión de ti mismo. Puedes dar una pausa por fin en esa vida acelerada y poner todos tus esfuerzos en formar esa nueva vida; con el objetivo que pueda tener todas las oportunidades que tu también tuviste; e incluso muchas más… con el fin de lograr todo aquello que tienes tú y adicionalmente lo que llevas en tus sueños.
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Analicemos la pregunta por partes. Para empezar, un momento ideal si existe. Por lo general no es recomensable casarse si aún no se adquiere cierta madurez como para llevar adelante a una familia. Sin embargo el otro punto de la seguridad, eso si está por verse.
En realidad, no existe un momento en el cual usted pueda estar seguro para casarse con alguien. Me refiero a que no puede tener la seguridad, la cual todos buscan, de que las cosas resultarán bien. Es casi imposible. Mírese en ese momento, usted está enamorado, piensa que conoce mucho de la otra persona y se siente en la nubes cada vez que están juntos, pero eso no es suficiente para asegurar un matrimonio feliz.
En el matrimonio existen otros factores que tienen igual o tal vez más importancia que el enamoramiento en sí. Estos factores son los siguientes: voluntad, perseverancia, actitud, empatía y diplomacia. Entonces, decimos que tienen igual o mayor importancia porque el matrimonio tiene muchas etapas.
1. Pareja sin hijos pequeños: enamoramiento, libertad, diversión y encanto, son algunas de las características de esta etapa. La pareja joven, sin preocupaciones mayores aún, se siente con libertad de explorar y divertirse a bajo riesgo.
2. Pareja con hijos pequeños: amor, expectativas, entrega y dedicación. Hombre y mujer encuentran que había algo después del encanto de estar enamorado, que es la consolidación del amor a través de los hijos y de la unión familiar que ellos traen. La perspectiva del mundo cambia severamente.
3. Pareja con hijos adultos: diversión, aprendizaje, unión y fortaleza. La pareja ve como los hijos se independizan velozmente, se divierten y aprender todos juntos en familia. Se hacen fuertes porque ven que no está lejos en que se quedarán solos otra vez.
4. Pareja sola: madurez, diversión, orgullo y retrospectiva. La pareja se encuentra con libertad y posiblidades de diversión nuevamente, pero con la satisfacción y orgullo por el buen trabajo realizado con los hijos. Miran el pasado con alegría y el futuro con avidez.
Como vé, no es tan sencillo como estar enamorado. A lo largo de las etapas del matrimonio utilizará otros factores y habilidades para llevar a puerto feliz la maravillosa experiencia de compartir la vida con alguien.
No espere a estar 100% seguro de que las cosas resultarán bien para recién casarse, porque ninguna teoría, estudio científico o análisis de variables le dará esa seguridad. Sólo usted puede estar seguro de lo que es y las habilidades que posee para sacar adelante la responsabilidad de estar casado.
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Definitivamente solo puedes llegar a comprender a los padres de familia, cuando te conviertes en uno de ellos.
Los padres entregan todo la atención y amor del mundo a los hijos. Cuando son bebés los cuidan, bañana y alimentan. De niños les enseñan y los guían. De adolescentes los aconsejan y facilitan, de adultos… he aquí un ligero cambio en la relación padre e hijos, cuando estos últimos llegan a la adultez.
Inevitablemente los hijos crecen, se independizan, y se van. Ese es el camino correcto que deben de seguir, irse en busca de mejorar y de formar una familia ellos mismos. Pero, ¿qué ocurre con los padres?. Es común y humano que aparezcan muchos sentimientos encontrados en ese momento, ya que por una lado sabes que los hijos deben irse, pero por otro no quieres que lo hagan.
Yo recién pude comprenderlo al ser padre. Mi niña aún está pequeña, pero sé que algún día se irá y no puedo ni debo evitarlo. Se irá pero no porque no le guste estar con nosotros o porque en otro lugar estará mejor necesariamente. Lo hace porque así es la vida, es la forma de crecer, de madurar, de cambiar. No puedo negarle a mi hija la experiencia de descubrir el mundo, de cometer errores y aprender de ellos, de formar una familia y de tantas cosas más que yo, ya no podré darle.
El consejo para todos los padres es: no se preocupen por el futuro de sus hijos, preocúpense por el ahora. Cuando son niños y adolescentes, que es cuando más les podemos enseñar e inculcar. Lo que aprenden de nosotros sentarán sus bases en la vida y le pérmitirán navegar en el mundo por su propia cuenta. No nos cansemos de enseñar a nuestros hijos pequeños, porque de eso depende su futuro.
Por otro lado, no esperemos nada a cambio. Así es, aunque a algunos padres les cueste difícil asimilarlo. ¿Por qué después de que le di todo y sacrifiqué tantas cosas, no muestra siquiera un poco de gratitud ahora?… no señor, usted eligió ser padre de familia, y ese es nuestro destino. Claro, hay algunos casos en que los hijos tienen muestras de afecto con los padres, luego de haber formado una familia, pero lo importante es que no debería mortificarse si es que no las hay. Dependerá de cómo los hemos formado de niños, el comportamiento que muestren de adultos.
Nuestro destino como padres es enseñar y dar todo a nuestros hijos hasta que puedan valerse por sí mismos. Luego de eso, observarlos y quizás algunas veces aconsejarlos, disfrutar de los nietos y tal vez retomar las cosas que sacrificamos por ellos; pero jamás esperar nada a cambio. ¿Que entrega tan generosa, verdad?, es que eso es padre, dar sin esperar recibir nada.
Los dejo con un pensamiento final, que me conmovió y me hizo reorientar mi forma de pensar hace algunos años: “Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma. No vienen de ti, sino a través de ti y aunque estén contigo no te pertenecen. Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, pues, ellos tienen sus propios pensamientos. Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas, porque ellas, viven en la casa del mañana, que no puedes visitar ni siquiera en tus sueños. Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no procures hacerlos semejantes a ti porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer. Tú eres el arco del cual, tus hijos como flechas vivas son lanzados. Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea para la felicidad”. KHALIL GIBRAN
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Usted se preguntará… ¿en dónde radica la esperanza del futuro?, ¿donde quedarán las ilusiones del ser humano en el mañana?, ¿si bien tenemos un hoy, tendremos un mañana, un futuro?. Le aseguro que no es el único que hace este tipo de preguntas.
Y es que en los tiempos actuales, estas preguntas son lógicas e incluso, necesarias. Temas como la violencia a nivel mundial, el calentamiento global y la contaminación ambiental hacen que estas preguntas no suenen extrañas.
Ahora, ¿qué soluciones tenemos?… por un lado hay un grupo de científicos que opina que los efectos del calentamiento global no podrán reversarse con las acciones que actualmente están ejecutando los países más grandes del mundo. Por otro lado, hay otros hombres de ciencia que si confían en que los efectos del calentamiento disminuyan con estas acciones. En fin, las opiniones de científicos y estudiosos son muchas y distintas. Sin embargo, cabe resaltar que todo esto proviene de personas actuales.
No quiero decir con esto que las personas de hoy no puedan cambiar el mundo, ¡claro que pueden!, pero mi punto es otro… ¿por qué no pensar en personas del mañana?.
Estas personas del futuro, son los bebes y niños de hoy. Si usted es padre, tome conciencia que tiene un poder formidable y único para cambiar el mundo. Este poder radica en sus hijos. Todo lo que usted les enseñe lo aplicarán en sus propias vidas. Entonces… ¿por qué no enseñarles de una vez y con convicción a respetar a los demás, a ser buenos ciudadanos, a cuidar el medio ambiente, a ser solidarios, etc.?.
No parece mala idea, ¿verdad?. Como le digo, tomemos conciencia que el ser padre, no sólo conlleva una responsabilidad hacia los hijos, sino hacia el mundo entero, ya que esa personita, tomará acciones y decisiones que podrían llevar por rumbos distintos a la civilización.
Piense en este siempre que les diga algo o les enseñe algo a sus hijos. El poder que usted tiene como padre es excepcional, úselo sabiamente.
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Recuerdo que cada navidad con mis padres, cuando era niño, teníamos un ritual establecido. Primero rezábamos, luego comíamos y finalmente abríamos los regalos.
¡Ya se imaginará que tortura!, más aún cuando se es niño. Yo quería abrir los regalos cuanto antes y poder jugar con ellos, sin embargo teníamos que rezar y cenar primero.
El rezar, bueno, generalmente era siempre el mismo tiempo, pero me pregunto yo: ¿a qué niño le entretiene rezar?. En fin, era parte de la costumbre, del ritual del hogar. Luego de rezar, venía la cena. Esta si podía demorar horas.
Tuve la suerte (en aquél momento no lo veía así, pues era sólo un niño pequeño) de tener unos padres que se preocupaban por el mínimo detalle de la navidad. Las ensaladas, el pavo, el puré de manzana, el pan, la mantequilla, el chocolate, los refrescos, etc. Creo que de lo que sirvían en la mesa podían haber comido 20, pero sólo éramos 4. Y como fondo, una casa exquisitamente decorada de navidad, de pies a cabeza, desde un mes antes.
Para mí, en aquel momento, no había cosa más esperada que abrir los regalos, pero lamentablemente cuando llegaba el momento de hacerlo, muchas veces ya no tenía fuerzas para jugar y, luego de abrirlos, me iba a dormir.
Todo esto era parte del ritual de navidad en mi casa. Pero ahora entiendo, que cada hogar tiene rituales, no sólo para navidad, sino para cualquier evento.
Es la característica de ese hogar, es propio, único y que forma a los padres e hijos. Son cosas que no se le pueden discutir ni quitar a un hogar, sus rituales. Porque son su esencia, su alma, su corazón, esos pequeños detalles son sobre los que edifican una vida en familia.
El ritual en cada caso, identifica al ser humano, dentro un grupo, de una sociedad. Lo de un sentido de pertenencia y orientación. Le da las herramientas y recursos para que puedan vivir esos rituales, decidir por ellos mismos, y en el caso de los hijos, formar los suyos propios cuando tengan un hogar.
Recuerde siempre que el ser humano está en constante aprendizaje. El aprender es algo que nunca terminar, incluso en la vejez. La diferencia, es que son etapas de aprendizaje distintas. Pero no se canse de aprender y de conocer. Es algo innato del ser humano, así como sus ritos y costumbres, nadie puede apropiarse de ellos ni de su aprendizaje infinito en el camino de la vida, en su camino hacia el éxito.