Es cierto que las rutinas que ponemos en nuestra vida nos ayudan a realizar actividades de forma más rápida y ahorrar energía para otras tareas (es posible que sean una de las mejores respuestas a cómo ahorrar tiempo en ell ritmo de vida actual).
También es verdad que estas rutinas o hábitos autogenerados pueden perfeccionarse en el día a día. De hecho, se considera recomendable que uno revise periódicamente sus hábitos para modificarlos y adaptarlos al entorno que está en constante cambio.
El poder de modificar los propios hábitos de una forma consciente radica en que uno puede hacer de sus costumbres, hábitos y rutinas, actividades cada vez más eficientes.
Sin embargo, conjuntamente con nuestros hábitos y rutinas, tan útiles en nuestra vida diaria, se generan también comportamientos programados en nuestro cerebro, que nos hacen realizar tareas de la misma forma siempre. Estos comportamientos, si bien es cierto que nos ayudan en ahorrar tiempo, también encasillan a nuestro cerebro en limitados movimientos y espacios de acción.
Es decir: bañarse siempre con la mano derecha o de arriba hacia abajo. Utilizar la misma ruta para ir de la casa al trabajo. Son ejemplos de estos comportamientos que su cerebro identifica como tareas preestablecidas que no se pueden hacer de otra forma.
He ahí el peligro. No limitemos las posibilidades de acción de la más poderosa herramienta del ser humano, su mente. En su día a día, intente cambiar de una u otra forma, estos comportamientos. Lo llevarán al mismo resultado, pero le dará a su cerebro otra visión de cómo hacer las cosas.
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¿De qué manera se adquieren los hábitos y costumbres? ¿Será que los hábitos y costumbres se heredan? ¿Tenemos poder para cambiar los hábitos y costumbres? ¿Cómo influyen los hábitos y costumbres en nuestra felicidad?.
Según los estudios recientes sobre el comportamiento humano y ciencia mental, y en base a nuestra experiencia, los hábitos y costumbres son una forma de vida, una determinada forma de pensar, una manera de ver las cosas, una forma de hacer las cosas y por último, es una forma de educar. Por ejemplo, si piensas que leyendo buenos libros enriquecerás tus conocimientos, entonces formarás el hábito de la lectura.
Estos se adquieren mediante pensamientos, palabras y hechos repetidos sobre un determinado aspecto o circunstancia de la vida cotidiana (ver artículos: La palabra tiene poder creador de felicidad y El poder de la palabra cura las enfermedades), y se depositan o gravan en la mente subconciente o inconciente. Desde aquí se manifiestan en nuestra conducta diaria, como respuesta a estímulos relacionados.
Querido lector, del mismo modo cómo se adquieren los hábitos y las costumbres, podemos cambiarlas tantas veces como sean necesarias, practicando la reingeniería apropiada de pensamiento, palabra y acción; y, con una correcta postura de nuestra mente conciente. Poseemos el poder para hacerlo, pues, nuestro yo verdadero o esencia espiritual tiene el Amor, Sabiduría y Capacidad infinitas del Hijo de Dios, que siempre apunta hacia el Bien y el crecimiento propio y del prójimo.
Amigo lector, es importante que nuestros hábitos y costumbres, nos lleven a desarrollar un buen carácter y personalidad, lo cual nos asegurará un destino lleno de felicidad. Recuerde que el ser humano puede decidir ser feliz ahora mismo y con su Alegría innata construir su felicidad eterna.
En todo lugar existe algo que agradecer. El despertar espiritual es, por ejemplo, sentir gratitud por el aire que respiramos, por la luz del sol que es muy beneficiosa cuando se utiliza con inteligencia y sabiduría.
Si las personas solo consiguiesen agradecer a hechos especiales, vivirán infelices, pues los hechos especiales no acontecen a todo momento. Un hogar iluminado es aquel donde viven personas que logran agradecer a hechos corrientes.
Amigo lector, si hay dolor y sufrimiento es porque aún falta el sentimiento de gratitud. Lo que nos encanta, nos alegra, y nos hace felices es realmente el sentimiento de gratitud. Si logramos agradecer aún dentro del sufrimiento es porque el sentimiento de gratitud transforma el sufrimiento en alegría, el dolor en placer.
“Agradece a tus antepasados. Agradece a tu padre y a tu madre. Agradece a tu marido o a tu mujer. Agradece a tus hijos. Agradece a tus empleados. Agradece a todas las personas. Agradece a todas las cosas del cielo y de la tierra. Solamente dentro de este sentimiento de gratitud es que podrás verme y recibir mi salvación”. Así está escrito en el inicio del volumen 1 de La Verdad de la Vida, del Dr. M. Taniguchi.
Querido lector, la gratitud viene del despertar del alma, de nuestra esencia espiritual, de nuestro yo verdadero. Debemos reverenciar y agradecer a nuestros padres porque nos dieron la Vida de Dios. Nuestros antepasados también son los canales de nuestra vida y les debemos gratitud eterna.
Aquel que ve sólo el lado alegre y bueno de las personas, hechos y cosas, evoluciona constantemente desarrollando hábitos y costumbres de felicidad, lo que formará en usted un buen carácter y personalidad, para un destino feliz.
Muchos filósofos han dedicado su vida para hacer interpretaciones personales de la ley de causa y efecto o intentar explicar una verdad relacionada con ella. Algunos psicólogos la denominan “principios de sugestionamiento”.
Amigo lector, de algún modo casi todos conocemos cómo se manifiesta esta ley en la vida del ser humano y muchos de nosotros no le damos la importancia que merece. Se puede expresar así: “lo que se siembra se cosecha”, “las personas se vuelven aquello que juzgan ser”, Jesús dijo “lo que pidieras con fe te será concedido”, y también “buenas semillas producen buenos frutos y malas semillas producen malos frutos”.
La ley de causa y efecto es la ley de la manifestación, llamada también ley de acción y reacción. Según esta ley, todo lo que lanzamos como causa (pensamiento, palabra, acción o sentimiento), regresa a nosotros concretizado como hecho o circunstancia.
Querido lector, nadie puede evadir la acción de esta ley. Una vez que el individuo creó la causa, no consigue huir de la consecuencia por más astuto que sea. La consecuencia vendrá infaliblemente más temprano o más tarde. Si no viene de una forma, vendrá de otra forma. De todos modos, la persona tendrá que recoger los frutos.
Entonces, lo que deberíamos hacer siempre es, crear buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones en nuestra vida diaria, a fin de formar buenos hábitos y buenas costumbres; ésto nos permitirá cultivar un buen carácter y una buena personalidad. Con un buen carácter y personalidad, sin duda, tendremos un destino de felicidad.
Amigo lector, debemos ser muy cuidadosos con nuestro espíritu y utilización de nuestra mente, pues también podría hacerse lo contrario, es decir, crear malos pensamientos, palabras, acciones y sentimientos, y las consecuencias no son difíciles de adivinar ¿verdad?. Usted puede utilizar su imaginación para encontrar ejemplos prácticos de esta ley mental; su vida diaria es el mejor ejemplo.