Con frecuencia, muchos de nosotros afirmamos que “Dios es Amor”. Pero, a la vez que sostenemos esta afirmación, pensamos y creemos que el Amor de Dios es perfecto, en cambio, el amor del ser humano es imperfecto. Se trata de un proceso mental que reconoce esta diferencia.
El hecho de pensar y reconocer que el Amor de Dios es diferente del amor del ser humano, lamentablemente nos conduce por el camino equivocado de aceptar como “algo normal” las imperfecciones de nuestra vida. Nos permite justificar las conductas de odio, rencor, celos, rabia, etc. de las personas, creyendo que son las características que tenemos como seres humanos de “carne y hueso”.
Una reflexión profunda sobre este aspecto de nuestra existencia, considerando que en nuestro interior se aloja, la Esencia Espiritual o Yo Verdadero o Alma o Vida Verdadera, creado por Dios, a su imagen y semejanza, podemos llegar a la conclusión de que en verdad, no existe diferencia entre el Amor de Dios y el Amor del ser humano. En otras palabras, ambos tienen la misma naturaleza.
¿Cómo se originó esta distorsión mental que representa un paradigma de autodestrucción en la vida del hombre?.
Todos los pensamientos y sentimientos, las creencias, la forma de pensar, el modo de ver las cosas, el modo de vivir, el modo de educar, sean positivos ó negativos, nos han transmitido nuestros antepasados, a través de las generaciones, y también han sido adquiridos o aprendidos por cada uno de nosotros, a lo largo de nuestra vida terrenal.
Creo que siempre hay oportunidad o momento de cuestionar, si todas nuestras creencias y pensamientos son verdaderos ó falsos. Pensar que el Amor de Dios y del ser humano son distintos, es un falso pensamiento.
Sabemos que el Amor de Dios, es infinitamente Bien y bueno para todos, es pureza absoluta, que genera felicidad en todos. Este Amor, es el mismo que existe en nuestra Alma o Yo Verdadero. Por lo tanto, este es el Amor Verdadero.
Este amor verdadero se exterioriza y manifiesta cuando luchamos y trabajamos para la felicidad de los demás. Es lo mismo que pensar, hablar y actuar buscando la felicidad de los demás. Cuando lo hacemos pensando sólo en nuestra propia felicidad, se está manifestando el ego y egoísmo que es la fuente de las maldades, eso no es amor verdadero.
Aquellas personas que sienten envidia ó simplemente albergan pensamientos y sentimientos de rencor hacia otras personas, difícilmente podrán alcanzar felicidad y prosperidad. Por el contrario, atraerán para sí, las mismas vibraciones mentales sombrías, y manifestarán en su vida, fracasos y desgracias; lo cual es consecuencia de las leyes mentales “los semejantes se atraen” y de “causa y efecto” según la cual, todo lo que se siembra se cosecha.
De otro lado, aquellos seres humanos que albergan pensamientos y sentimientos de bien, amor, generosidad, solidaridad, honestidad, alegría, armonía, etc.; es decir, vibraciones mentales de iluminación hacia otras personas, infaliblemente, alcanzarán éxito y felicidad, cumpliéndose igualmente, las leyes mentales mencionadas anteriormente.
Esto ocurre en nuestra vida cotidiana y muchos de nosotros, hemos experimentado que una sensación desagradable nos invade, después de criticar o hablar mal de alguien. Es conveniente recordar que todas estas manifestaciones negativas y sombrías son desempeñadas por nuestro “yo falso”, basándose generalmente en lo que perciben los cinco sentidos. En estos casos, el espíritu eterno está casi anulado y encubierto totalmente.
En cambio, si pensamos y trabajamos con el fin de beneficiar al mayor número de personas, sin perjudicar a nadie; si creemos que en todas las personas se aloja la Esencia espiritual o Yo Verdadero (hijo de Dios), entonces, se desarrollará y crecerá en nosotros, el noble sentimiento del amor verdadero, que nos hará sentir la sensación de que “yo y el otro somos uno”, teniendo el mismo espíritu divino.
Lo mismo ocurre, si mediante un buen manejo y control de nuestra mente, nos esforzamos en desarrollar el amor al prójimo, infaliblemente, nuestros pensamientos, palabras y acciones, estarán dirigidas a beneficiar a la humanidad; y, ese hecho nos proporcionará la máxima felicidad y satisfacción.
Todos hemos escuchado comentarios sobre las labores que realizan las personas en sus puestos de trabajo; y varían desde un trabajo encantador y satisfactorio en un extremo, hasta un trabajo agotador y humillante en el otro extremo.
Podemos decir que la mayoría considera que su trabajo les demanda mucho esfuerzo ó la rutina los agota, y a la vez, la compensación económica no es satisfactoria.
Pocos disfrutan de su trabajo y encuentran satisfacción en lo que hacen. En cambio, muchos trabajan por obligación, realizando labores que no les agrada, por tanto, insatisfactorios.
Si reflexionamos, nos daremos cuenta que la manera de enfrentar nuestro trabajo, depende de nosotros mismos. Somos nosotros los responsables de la actitud mental y decisión de la manera de hacer frente a nuestras obligaciones.
Para cambiar los viejos paradigmas heredados o aprendidos, y lograr éxito y felicidad, abundancia y prosperidad, deberíamos modificar nuestro esquema mental o forma de pensar, mediante una reingeniería e innovación de nuestra mente consciente y subconsciente.
Un magnífico punto de partida es tener la firme convicción y conciencia, de ser hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza, por tanto, dotados de las más nobles virtudes divinas: fuerza y capacidad infinitas, sabiduría y amor infinitos, alegría y armonía infinitas. Todos, en nuestra esencia espiritual o Yo Verdadero “somos uno” con Dios.
Entonces, los trabajadores de construcción civil, podrían trabajar con alegría y gratitud, porque a la vez que construyen obras en beneficio de la comunidad, se mantienen en óptimas condiciones físicas.
Los funcionarios y empleados públicos, podrían disfrutar, realizando sus trabajos de servicio a la colectividad.
Los empresarios y gerentes, también disfrutarían promoviendo y brindando facilidades a sus trabajadores, y asignándoles salarios justos.
Los trabajadores del hogar, podrían realizar sus labores, con alegría y gratitud, pues benefician a todos los miembros del hogar.
Si todos asumimos con nobleza y dedicación, las responsabilidades y obligaciones, beneficiando con nuestra actitud al mayor número de personas, infaliblemente, alcanzaremos la verdadera y duradera felicidad, así como un mayor crecimiento espiritual.
Todos sabemos que el poder y capacidad de la mente es infinita. Haciendo uso de esta capacidad, el ser humano halla la motivación necesaria para romper sus paradigmas, cambiar sus hábitos/costumbres y desarrollar una personalidad y carácter que lo lleve a la felicidad.
Muchos investigadores afirman que hay personas que por naturaleza son positivas. Tal afirmación por ende, acepta que las demás personas por naturaleza son negativas. Creo que en esta afirmación existe un pensamiento y creencia equivocados.
Creo más bien, que todas las personas sin excepción, por naturaleza son positivas, porque nuestro origen es positivo. La vida original, la verdadera vida que viene de Dios y que se aloja en el interior de cada persona, es el formato original con el que nacemos todos.
Si hubiera alguna persona que tenga duda al respecto, le invito a observar detenidamente el comportamiento de los bebés y niños pequeños. En un bebé recién nacido no existe conducta maliciosa ni viciosa, ¿alguien conoce un bebé corrupto, conflictivo ó violador?.
El modo de vivir de los bebés está conducido por la sabiduría e inteligencia divina. Toda su naturaleza es de Bien, natural y positivo, alegre y amoroso, tierno y saludable. Estas sensaciones y emociones, las sentimos todos porque también tenemos la misma naturaleza.
Lo que ha sucedido es que, esa sabiduría e inteligencia de Dios con el cual nacimos, la hemos perdido gradualmente. Creo que el término más adecuado sería que la “hemos encubierto con la inteligencia humana”, que es la que nos ha “enseñado” a calcular ventajas o desventajas, y a reconocer el bien y el mal; en resumen, nos ha llevado a una situación de dualidad actual.
Todos nosotros, en nuestra naturaleza verdadera, en nuestra Esencia espiritual o Yo verdadero somos: amorosos, alegres, tiernos, armoniosos, generosos, felices, prósperos, exitosos, somos vida eterna y maravillosa. He aquí, la motivación más importante para reeducar nuestra mente y desarrollar y cultivar pensamientos de buena calidad para vivir bien, como hijos de Dios.
¿Es posible lograrlo?. Depende de usted y el esfuerzo que haga para alcanzar este propósito.
Es realmente extraordinario y satisfactorio, observar y experimentar la docilidad mental de los niños, desde que nacen hasta que aprenden a usar completamente su mente consciente y sus cinco sentidos (generalmente hasta los 5 años de edad). (Lea nuestros artículos: Las etapas de la vida humana: Nacimiento perfecto y maravilloso).
Si observamos con mucha atención a los niños en esta etapa de su vida, nos daremos cuenta que ellos están manifestando un aspecto que la mayoría de nosotros los adultos hemos olvidado, esto es, “el modo de vivir que vivifica el ahora”. El “ahora” es el momento más importante.
Supongamos que estando inspirados para escribir un texto, por alguna razón no lo hacemos de inmediato; más tarde, nos costará mucho esfuerzo recordar y a pesar de ello, no lograremos reproducirlo fielmente.
De igual modo, si reprimimos en el niño, la idea o energía que está brotando “ahora”, tendremos que realizar un esfuerzo extra para hacerlo brotar posteriormente. De todas maneras, el resultado no será satisfactorio y la pérdida puede ser grande.
Los primeros elementos que ayudan a los niños a despertar su inteligencia y desarrollar su mente, son las sensaciones que experimentan a través de sus cinco sentidos. Ellos no tienen el mismo conocimiento de la vida y del mundo como los adultos; pero por ejemplo, saben mamar en cuanto nacen, y no se preocupan si se morirán si no lo hacen.
Los niños están dotados de una Sabiduría Divina, independiente de los conocimientos adquiridos por el cerebro humano. Pueden trascender toda preocupación humana y actuar naturalmente, sin especular ni calcular ventajas o desventajas. ¡Felices e iluminados, aquellos adultos que logran vivir de este modo tan admirable!.
La inteligencia Divina (atributo de la Esencia espiritual o Yo Verdadero) que permite al ser humano proceder del modo adecuado en cualquier circunstancia, se manifiesta, cuando se deja de lado las especulaciones de la inteligencia humana.
Hemos afirmado que nuestro cuerpo físico o cuerpo carnal tiene una vigencia limitada y pequeña, comparado con nuestra verdadera Vida que es eterna y maravillosa. (Lea nuestro artículo: Las etapas de la vida humana ¿Nacer, crecer, reproducirse y morir?).
Ese corto período de nuestra vida en este mundo físico, permite que nuestro espíritu y mente evolucione y crezca. Esta evolución y crecimiento debería manifestarse en nuestro cuerpo carnal, a través de todas nuestras actividades diarias, tal como somos, hijos de Dios.
La niñez es la segunda etapa de la vida humana, que se inicia con el nacimiento y finaliza con la adolescencia. (Lea nuestro artículo: Las etapas de la vida humana: Nacimiento perfecto y maravilloso).
No pretendo competir con las investigaciones y conocimientos logrados por psicólogos, educadores y otros profesionales, en el abundante tema de la niñez. Sólo quiero referirme a lo esencial.
Los primeros años de la niñez, son trascendentales para su vida posterior (aproximadamente 5 años). Recordemos que la vida humana carnal es un todo en proceso contínuo y cambio constante.
Así como en la gestación, el bebé después de nacer, presenta una mente completamente dócil y receptiva. Su mente subconsciente asimila y graba todos los pensamientos, palabras y gestos provenientes de las personas de su entorno inmediato (al principio, en forma de vibración mental), principalmente sus padres y familiares. Su mente consciente, apenas comienza a desarrollarse conjuntamente con sus cinco sentidos.
¡Adultos: padres, familiares y educadores, mucha atención con lo que piensan, dicen y hacen! Las leyes mentales actúan inexorablemente, quieran ó no, lo sepan ó no.
La ley mental “La palabra tiene poder creador”, utilizado con pensamientos, palabras y acciones malas o negativas, establecerá los cimientos de un ser humano sin autoestima y mucho ego, que podrá causar la autodestrucción de la humanidad.
Si se utiliza con pensamientos, palabras y acciones buenas, reafirmando los atributos originales de nuestra Esencia espiritual o Yo verdadero, se estará construyendo los cimientos sólidos de un ser humano con alta autoestima y ego nulo ( con mucho valor, respetando y amando a los demás como a sí mismo), que podrá generar el progreso y felicidad de la humanidad. (Lea nuestro artículo: ¿Quiénes somos en realidad?).
Después de estos primeros años, el niño, ya es capaz de utilizar completamente su mente consciente y sus cinco sentidos.
El término nacer se aplica de diversa maneras en nuestra vida diaria. Principalmente, significa “salir del vientre materno”; también puede entenderse como salir del huevo un animal ovíparo; en otro sentido, también puede aplicarse cuando aparece una hábito o costumbre; y, muchos otros significados más.
El nacimiento se acepta como la “acción y efecto de nacer”.
El nacimiento referido concretamente al ser humano, marca el final de la primera etapa o primer período de la vida humana, la gestación. Al mismo tiempo, constituye el inicio del segundo período de la vida humana, la niñez, la que se prolonga hasta la adolescencia.
Debemos recordar que el nacimiento no significa la aparición de un nuevo ser vivo en nuestro mundo, como mucha gente piensa y cree como un paradigma equivocado. Antes de nacer, el nuevo ser vivo ya existía en nuestro mundo (generalmente desde hace nueve meses), con la diferencia que no estuvo en contacto directo con el medio ambiente, sino en forma indirecta, a través de la madre. (Lea nuesto artículo: Las etapas de la vida humana: gestación, inicio maravilloso).
Así como en la etapa de gestación, se cuidó y protegió con amor y responsabilidad, a la madre y al bebé como “uno solo”; también el nacimiento debe ser planeado y preparado con la misma dedicación de los padres, la familia y autoridades competentes, a fin de que este acontecimiento ocurra en las mejores condiciones de calidad y salubridad humanas.
El bebé, al nacer, se pone en contacto directo con el medio físico que lo rodea y comienza a aprender a usar gradualmente su mente consciente.
Debemos tener presente, que la identificación de las etapas o períodos de la vida humana, sólo se realiza con fines didácticos y aprendizaje. En verdad, la vida del ser humano es un todo en evolución y cambio constante, desde su formación en el útero materno como cigoto, hasta el fallecimiento de su cuerpo físico o cuerpo carnal, siempre gobernado por su Esencia Espiritual o Yo Verdadero, pero, a través de su mente consciente y subconsciente.
Existe en la humanidad, la idea generalizada de pensar y creer que las etapas de la vida del ser humano son básicamente nacer, crecer, reproducirse y morir.
Dicho en otras palabras, muchas personas piensan y creen que la vida del ser humano en este mundo físico de tres dimensiones, se inicia el día en que nace, y termina el día en que fallece.
Prueba de este pensamiento y creencia es, que se otorga importancia sólo a la celebración de los cumpleaños. Vemos también, que muchos programas de salud, educación y nutrición, llevados a cabo por las autoridades y familias en general, están orientados desde el nacimiento del niño; evidenciando escasa actividad dedicada a la etapa anterior, que es la gestación o embarazo.
No critico la celebración de los cumpleaños ni resto importancia. Sostengo que hay una etapa importante y trascendental en la vida de las personas, al cual no se está dando la debida importancia: gestación o embarazo.
Esta etapa, se inicia en el momento en que papá y mamá, en una demostración de amor, gratitud y responsabilidad, propician la unión de sus células vitales -espermatozoide y óvulo- dando origen a una nueva célula llamada cigoto (óvulo fertilizado): ¡es la nueva y maravillosa vida!.
Esta nueva vida, gracias a la sabiduría infinita que llevamos en nuestra Esencia espiritual o Yo verdadero, a través de su mente intuitiva, se implanta en el útero materno, y en este lugar, inicia el desarrollo y crecimiento de su cuerpo físico o cuerpo carnal, que abarca generalmente nueve meses.
Los científicos sostienen que los primeros meses, son críticos, cruciales y de trascendental importancia (toda la gestación es importante), porque la mente intuitiva pura y original del bebé puede ser afectado por la mente subconsciente de los padres.
En otras palabras, tanto los hábitos y costumbres, así como el carácter y personalidad de mamá y papá influyen en la mente intuitiva de su hijo. Esta influencia se concretizará en el desarrollo mental y físico del nuevo ser.
En mi opinión, muchas personas deberían romper sus paradigmas y haciendo una reingeniería mental, prestar mucho más atención a la etapa de gestación desde su inicio.
Todos nostros hemos llegado a este mundo, no el día en que nacimos, sino, el día en que fuimos formados como cigoto. Ese día comienza la vida terrenal del ser humano.
En esta oprotunidad, deseo comentar y en todo caso, complementar el artículo publicado días atrás por Memo: “¿Qué hay más allá de los cinco sentidos del ser humano?”.
El tema en sí es extraordinario e interesante, porque está rodeado de la belleza misteriosa de la vida misma. Hablar de “intuición o mente intuitiva”, es dirigirnos hacia el interior de nosotros mismos, no al interior del cuerpo físico o carnal, sino hacia nuestra Esencia espiritual o Yo verdadero, hacia el ser perfecto y eterno, amoroso y bondadoso, que se aloja en nuestro interior.
Es oportuno recordar que existe una armonía perfecta en todo el Universo, por el cual, todas las cosas y hechos ocupan su respectivo lugar. Los cinco sentidos del ser humano, solo sirven para conectarnos con el mundo exterior. En otras palabras, los cinco sentidos del hombre sólo captan proyecciones de la mente, es decir, el mundo de tres dimensiones donde nos movemos. No nos sirven para conocer nuestro mundo interior.
Según el Dr. Masaharu Taniguchi en su libro (en portugués) “Comande sua Vida com o poder da Mente” (Dirija su Vida con el Poder de la Mente), 14a. edición, 2006; la Mente Intuitiva se halla en las capas más profundas de la mente subconsciente, y es la que se conecta con la Mente Universal, llamada también Mente Superconsciente (pertenece a Dios y viene de Dios).
Luego, la intuición o mente intuitiva tiene invalorable importancia en el desarrollo de nuestra vida.
El ser humano por naturaleza, llega a este mundo con una gran mente intuitiva. El nuevo ser vivo formado por la unión amorosa de papá y mamá, utiliza la Sabiduría Divina de su mente intuitiva, para formar y desarrollar su cuerpo carnal en el útero materno; utiliza esta mente intuitiva para alimentarse, crecer y nacer. Después de nacer, sigue utilizando su mente intuitiva para realizar todas sus funciones.
Lamentablemente, esta capacidad de la intuición natural en los niños, se ve afectada por la influencia de pensamientos y creencias equivocadas. Durante la gestación, los pensamientos, creencias, sentimientos y emociones de la madre en primer lugar, y del padre en segundo lugar, afectan la mente intuitiva del bebé. Si son pensamientos y creencias verdaderas, hará crecer su intuición; si son pensamientos y creencias erradas, hará disminuir su intuición.
Después del nacimiento, la mente intuitiva del niño también se ve afectada por los pensamientos y creencias de los padres, y personas de su entorno inmediato; haciéndola crecer ó anulándola. Por lo general, ocurre lo segundo.
El hecho de que algunas mujeres tengan más probabilidades de desarrollar la intuición con respecto a los hombres, se debe a que éllas suelen manifestar más amor (aceptando la idea generalizada de que la mujer es más amorosa), por tanto, su mente subconsciente se conecta mejor con la Mente Universal (Amor Absoluto).
En el artículo anterior referido a este tema, hemos afirmado que las “ilusiones mentales” son pensamientos y creencias erróneas, las cuales las hemos recibido de nuestros antepasados a través de nuestros padres, y también las hemos aprendido de nuestro entorno desde nuestra llegada a este mundo. Las ilusiones mentales no tienen existencia real, parecen existir porque el ser humano al reconocerlos con su mente, les da existencia.
Pero, ¿cómo saber y reconocer que tenemos ilusiones mentales?. Para ésto, es importante conocer lo que es contrario a las ilusiones mentales; por lógica, son los pensamientos y creencias correctas, y estos nacen de un grupo de atributos divinos: Sabiduría, Amor, Vida, Provisión, Alegría y Armonía infinitos.
Estos atributos son los que tienen existencia real y eterna. Están en el diseño original de nuestra Esencia espiritual o Yo verdadero. Esto constituye nuestra naturaleza verdadera. A ésto se refería Cristo cuando dijo: “El Reino de Dios está dentro de vosotros”.
En consecuencia, todos somos capaces de describir los pensamientos y sentimientos que constituyen las ilusiones mentales y que son contrarios a los atributos citados:
Sabiduría: ignorancia, terquedad, necedad, etc.
Amor: odio, celos, resentimiento, ira, venganza, etc.
Vida: enfermedad, muerte, debilidad, etc.
Provisión: pobreza, escazes, carencia, etc.
Alegría: tristeza, pesimismo, desánimo, depresión, etc.
Armonía: conflictos, rencillas, desorden, corrupción, etc.
Las ilusiones mentales influyen en forma negativa y nociva en nuestra vida diaria, conduciéndonos a un comportamiento igualmente nocivo, perjudicando a las demás personas y a sí mismos, es decir, con destino a la autodestrucción de la humanidad.
Las ilusiones mentales se eliminan y destruyen de una sola manera: cultivando, desarrollando y haciendo crecer, los atributos originales con los cuales hemos venido a este mundo.
Debemos enfrentar lo irreal con lo real; la mentira con la verdad; el yo falso con el Yo verdadero; la tiniebla con la luz.