En nuestra vida diaria experimentamos una serie de situaciones, agradables y desagradables.
Nuestro deseo natural es querer experimentar sólo sucesos agradables, porque ellos nos proporcionan emociones de bienestar; y, naturalmente deseamos evitar los sucesos desagradables porque ellos nos causan emociones de malestar (enfermedades, fracasos, sufrimientos, etc.)
Es preciso discernir y distinguir nítidamente lo que es el “Yo Verdadero” y el “yo falso” del ser humano.
El Yo Verdadero es nuestra naturaleza verdadera, es nuestra esencia espiritual, es nuestra naturaleza divina interior. Este Yo Verdadero, originalmente es perfecto y armonioso.
El yo falso es el fenómeno manifestado en base a pensamientos y sentimientos equivocados. Este yo está estrechamente relacionado con el cuerpo carnal y los cinco sentidos. Este yo falso es el que se corrompe, es el vicioso, es el que genera conflictos en su familia y en la sociedad, es el que enferma y sufre.
En verdad, lo único existente es el Yo Verdadero. El yo falso es una proyección o sombra del Yo Verdadero encubierta con ilusiones por una mente equivocada. Es la mente inmadura e infantil, el que proyecta un yo distorsionado o falso.
Entonces, una de las principales claves de éxito es educar y ejercitar nuestra mente para que se concentre solamente en lo que es Verdad. Debemos dominar nuestra mente y evitar que ella nos domine. Si la mente nos domina, sálvese quien pueda, porque puede suceder cualquier cosa.
Por tanto, utilizando nuestro Yo Verdadero, deberíamos esforzarnos en ver siempre sólo lo positivo de las personas, cosas y hechos, y nunca lo negativo. De este modo, se potencia la fuerza natural de vivir en armonía y felicidad con nuestros familiares y con toda la sociedad.
Hagan la prueba en su diario vivir.
En la actualidad los adolescentes cuentan con mayor información sobre temas de sexualidad, pues la reciben en la casa, en el colegio y también por los medios de comunicación. No obstante, aún no existe total confianza para abordar ciertos temas con profundidad, por la existencia de mitos y tabúes al respecto.
La base o fundamento clave para tratar estos temas, además del conocimiento de la verdad y de la metodología por parte de los padres y profesores, es el Amor. El amor por sí mismo, por el prójimo y por Dios.
Quien se ama a sí mismo, es capaz de amar al prójimo y también a Dios.
Quien se respeta a sí mismo, es capaz de mostrar respeto por los demás y también por Dios.
Quien se conoce a sí mismo, es capaz de conocer a los demás y también puede conocer a Dios.
Es importante aclarar que, conocer, amar y respetarse a sí mismo significa no sólo cuidar su cuerpo físico o carnal, sino reverenciar a su propia esencia espiritual, a su Yo verdadero que se aloja en el interior de cada persona, el cual es la verdadera vida.
Dentro de este contexto, es mucho más fácil que los padres hablen con sus hijos, por ejemplo:
Sobre el enamorado o enamorada y los conceptos que manejan ellos.
Sobre tener relaciones sexuales inteligentes o no, cuándo y por qué.
Sobre los métodos anticonceptivos, para evitar procrear bebes no deseados aún, y otras consecuencias desagradables por obrar de forma irresponsable e ignorante.
Sobre enfermedades que se contagian por relaciones sexuales con la persona incorrecta, en el momento incorrecto y en el lugar incorrecto, como el VIH/sida y su forma de prevención.
Sobre el abuso sexual y las consecuencias perjudiciales tanto para el hombre como para la mujer, que se originan especialmente por ignorancia de su verdadera naturaleza de seres espirituales.
Sobre la homosexualidad y su aparente existencia debido al desconocimiento de su Yo verdadero, al pensar de forma equivocada que la verdadera vida es su cuerpo carnal.
Es saludable que los padres se esfuercen por, mantener una comunicación abierta, sincera, transparente, siempre con la verdad y, fundamentalmente con el sentimiento del verdadero amor, con sus hijos en todo momento.
Es preciso comprender lo que es el ser humano. Desde que se forma como embrión hasta su fallecimiento como adulto mayor, sufre una serie de cambios en su apariencia física, incluyendo la renovación total de sus células. Estas evidencias visibles todos las conocemos.
Pero, hay algo que permanece inmutable en la persona, es el ser eterno que existe por detrás de la existencia física, es su esencia espiritual; esta esencia es su Yo verdadero que es eterno e indestructible porque es perfecto. Es la esencia que se aloja en el cuerpo carnal y gobierna a éste a través de la mente.
Retomando el ejemplo de la drogadicción (leer artículo: Cómo romper paradigmas y, cómo cambiar Hábitos y Costumbres de una persona: Parte I), comprenderemos que aunque el cuerpo carnal de la persona manifiesta deterioro y cambios desagradables por el vicio, su Yo verdadero se halla intacto. Es su mente la que está contaminada y manchada por ilusiones o falsedades y por sentimientos de autodestrucción, por tanto, es su yo falso el que se está manifestando en su cuerpo carnal.
¿Cómo es posible cambiar los hábitos y costumbres de drogadicción?
En primer lugar, la persona y las de su entorno inmediato, deben comprender que las manifestaciones del vicio no pertenecen a su Yo verdadero sino a su “yo falso” (yo corrupto y vicioso) que es producto de la mente ilusoria, es decir de la mente impregnada de falsedades, tal como vimos en el artículo anterior (Parte I). Su Yo verdadero no es vicioso, sino limpio y puro; el Yo verdadero de la persona posee cualidades originales de amor, sabiduría, vida, provisión, alegría y armonía infinitas, como hijo de Dios.
En segundo lugar, la persona y las de su entorno inmediato, una vez que tomen conciencia de su naturaleza verdadera, deben usar las cualidades originales del Yo verdadero, para reemplazar los sentimientos negativos almacenados en su mente subconsciente, con ayuda y buen uso de las leyes mentales (leer artículos: Cómo influye la Ley de Causa y Efecto en la felicidad; El poder de la palabra cura las enfermedades; El primer gran error del ser humano que genera conflictos y sufrimientos de la humanidad).
Es fundamental que la persona interesada tome conciencia de su situación actual de vicio y ¡quiera cambiarla!.
Desarrollar, buenos pensamientos repetidos que papá y mamá lo aman mucho, sentimientos de amor, gratitud y perdón; pensar que todos lo aprecian y consideran, etc.
Proferir buenas palabras repetidas en la misma frecuencia y vibración de los pensamientos, habladas o escritas con palabras que contengan la verdad. Si fuera necesario, contactarse con personas que conozcan la verdadera naturaleza de la vida.
Realizar buenas acciones que sean coherentes con los nuevos pensamientos y palabras que se están empleando, por ejemplo: lectura de buenos libros, practicar deportes, trabajos dirigidos, etc.
En resumen, usando su Yo verdadero y purificando su mente, con buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones, se puede cambiar los hábitos y costumbres de una persona; siguiendo el mismo proceso de formación de éstos, detallados en la Parte I de nuestro artículo.
El caso de la drogadicción y alcoholismo es uno de los más complicados, pues requiere mucha paciencia y esfuerzo de la persona misma y el entorno inmediato.
La vida física o carnal del ser humano, comprendido desde que se forma como embrión en el vientre materno hasta el momento en que fallece, es relativamente corto, y representa una etapa del crecimiento espiritual en la Gran Vida eterna.
Nuestro propósito como habitantes de este mundo físico, es alcanzar la felicidad total ó felicidad inteligente, que se puede definir como la suma de las felicidades individuales. Es decir, que no es suficiente sólo la felicidad propia sino también la de los demás. La felicidad parcial no sirve, no cumple el objetivo.
Para lograr este propósito grandioso, nosotros disponemos de varias herramientas que deben ser utilizadas conjuntamente por su interdependencia y no en forma aislada. Siempre debemos utilizar todas estas herramientas en nuestra vida diaria.
Estas herramientas son sentimientos o condiciones que vienen grabados a manera de formato original, en nuestra naturaleza verdadera, en nuestro yo verdadero, en nuestra esencia espiritual, como esencia fundamental de nuestro verdadero ser.
Estas sublimes y originales herramientas dotadas al ser humano, para ser utilizado en su crecimiento contínuo son: Sabiduría, Amor, Vida, Provisión, Alegría y Armonía.
Visto así, obviamente debemos descubrir, conocer y utilizar la totalidad de estas condiciones originales. Si dejamos de utilizar tan solo una de ellas, se hace imposible lograr la felicidad total ó felicidad inteligente.
Haga un esfuerzo de innovación mental y comience a disfrutar su verdadera vida, creeando nuevos conceptos de felicidad y armonía.
Hay enfermedades del ser humano que no responden al tratamiento con los medicamentos físicos o materiales. Estas enfermedades son las referidas principalmente al carácter de la persona.
Realmente es muy bueno y gratificante sentir verdadero autorespeto. Sin embargo, “la arrogancia y el orgullo del yo falso” y el temor a enfermedades e infelicidades materiales son dos grandes obstáculos para el desarrollo de la naturaleza verdadera, o sea , de la esencia espiritual. En otras palabras, son obstáculos para que el hombre obtenga la libertad y éxito verdaderos.
El orgullo y la arrogancia no sólo crean defectos de carácter, sino, también a veces, enfermedades físicas. En este caso, la enfermedad es mucho más complicada que la provocada por el temor, puesto que no se cura por la eliminación o transferencia del temor o por la aplicación de medicamentos, sino exclusivamente por la expulsión o destrucción del orgullo y arrogancia.
Para eliminar la arrogancia es necesario realizar una rigurosa autocrítica, después de muchas reflexiones y profundo autoanálisis.
La ciencia mental y el psicoanálisis modernos descubrieron muchos tipos de enfermedades que se curan sólo haciendo reconocer claramente al paciente, después de un análisis, la arrogancia oculta en su mente.
Esta arrogancia oculta en la mente del paciente se manifiesta como: el deseo de estar siempre en un nivel superior a los familiares, a sus amigos, a su médico, o a la sociedad; ésto lo lleva a permanecer en el nivel de la imperfección y a vivir siempre insatisfecho.
El sentimiento de temor origina la otra gran cantidad de enfermedades, donde el médico juega papel preponderante para realizar la transferencia del temor del paciente, mediante el uso de palabras adecuadas (poder de la palabra) y el tratamiento con medicamentos apropiados.
No existe otro terreno más misterioso que el de la mente humana. Si la semilla plantada en la mente es la de la Verdad (Esencia espiritual, Yo verdadero), la persona tendrá salud; si la semilla es la de la ilusión (idea enfermiza), inmediatamente germinará y brotará una enfermedad.
En este sentido, el médico que posee la confianza del paciente debe tomar con mucho cuidado en relación a las palabras que le dirije. Si utiliza el “poder de la palabra” con sabiduría, sin duda alguna podrá curar al paciente. Si lo hace sin sabiduría, es posible que no logre curarlo, pudiendo empeorarlo y hasta crear en el paciente nuevas enfermedades.
Cuando se descubre y presenta un nuevo medicamento, durante algún tiempo éste muestra mucha eficacia, hay abundante propaganda del producto a través de los medios de comunicación (radio, televisión, carteles, etc.) y también en los consultorios médicos.
De esta manera se utiliza el “poder de la palabra” a través de todos estos medios, exaltando el medicamento; el paciente recibe toda esta información y generalmente se cura o alivia de su enfermedad.
Pero con el pasar del tiempo, dejan de escribir sobre el medicamento, cesan las propagandas, es decir, disminuye el poder de la palabra, lo cual debilita la creencia en la eficacia de tal remedio y, consecuentemente, pierde su poder de curar.
En realidad, la mente humana es tan poderosa que por el poder creador que tiene la palabra, pone en acción la “fuerza curativa existente en el cuerpo”. Por consiguiente, se comprende que no es la materia que produce efecto en la cura de una enfermedad, sino la mente total.
Con mucha frecuencia, escuchamos comentarios de la gente en el sentido que, el ser humano no es perfecto y que por la misma razón, alberga imperfecciones tales como odio, celos, resentimiento, ignorancia, enfermedades, pobreza, tristeza, conflictos, desarmonías y todos los demás sentimientos y pensamientos negativos que azotan a la humanidad.
Si el ser humano fuera un simple cuerpo carnal, tal vez las afirmaciones anteriores, podrían tener algún fundamento. Pero, nosotros somos esencialmente seres espirituales con Vida eterna. Nuestro Yo verdadero tiene como formato original, la Sabiduría, Amor, Vida, Provisión, Alegría y Armonía infinitas propias de Dios Padre, nuestro creador.
Por lo tanto, originalmente somos exentos de pensamientos y sentimientos negativos. Toda nuestra Esencia es sólo Bien y Amor. Entonces, tenemos la capacidad y el poder para ser felices, tener felicidad y dar felicidad a los demás. Esta es la fe inquebrantable que debemos cultivar y hacer crecer cada vez más.
El origen de los pensamientos y sentimientos negativos posiblemente sea el temor (miedo); éste genera el ego, lo que a su vez desarrolla la envidia, celos, odio, tristeza, infortunios y demás aspectos destructivos.
Si una persona está con la mente repleta de odio y celos, envía estas vibraciones mentales al universo, y éste como tiene de todo, le responde con lo mismo pero magnificado, entonces la persona recibirá estas mismas vibraciones a través de otras personas, circunstancias ó hechos, en forma de infortunios, desgracias o enfermedades, causando así su autodestrucción.
Si una persona está con mente alegre y lleno de bondad, está lanzando contínuamente estas vibraciones al universo y éste le responde con lo mismo, generalmente magnificado; entonces la persona recibe situaciones, acontecimientos o hechos agradables que le generan más felicidad.
Debido a innumerables causas ó motivos, llámese, educación, formación, creencia de los padres, ilusiones mentales, etc., todos nosotros los seres humanos pensamos ó tenemos una actitud de quedar cerca o lejos de Dios, algunos en un grado mayor que otros.
Esos paradigmas tienen una importante influencia en nuestras vidas y por ende en nuestros éxitos o fracasos, alegrías o tristezas, felicidad o desgracia, etc.
Si usted y yo reflexionásemos al respecto, seguramente podríamos coincidir que la situación más sutil y fundamental es que, en el momento actual, nos sentimos como entidades diferentes a Dios o que Dios está en alguna parte, a veces observándonos y otras veces no; sentimos y pensamos que en este mundo estamos para luchar por la vida con nuestras propias fuerzas e inteligencia -que son limitadas- , motivo por el cual nos invaden el cansancio y agotamiento en el trabajo o en el estudio.
En verdad, el panorama descrito, ciertamente nos mantiene en un estado de inseguridad, y por ello, muchas veces pensamos que tenemos que competir por recursos y situaciones, entrando en conflicto con nuestros semejantes, pensando que así se gana o se pierde algo (es lo menos deseado).
Vamos a cambiar esta manera de pensar y sentir. Desarrollemos la convicción de que somos hijos de Dios en todo momento, las 24 horas del día. Desarrollemos la fe en un Dios Supremo, Sagrado, Infinito, Todopoderoso, que está presente en todas las cosas y en todo el Universo, prodigándonos en todo instante Sabiduría y Amor infinitos.
El Hijo de Dios es nuestra Esencia espiritual, nuestro Yo verdadero, ese Yo siempre perfecto, con la misma naturaleza de Dios Padre. La forma de entrar en contacto con Dios es cuando nuestro Yo verdadero sintoniza con la ondas de vibración de Dios; entonces, recibimos o mejor dicho, podemos utilizar todas las dádivas de Dios que ya nos han sido otorgados, para nuestra felicidad.
¿Podemos sentir mayor alegría y felicidad que tener la convicción de ser Hijo de Dios?. Creo que debe ser la suprema felicidad para los seres humanos y a partir de este punto, buscar también necesariamente la felicidad de los demás.
En la cultura oriental y a través de sus distintas religiones (Budismo,Sintoismo, etc.), son tradicionales las manifestaciones de amor, respeto y gratitud por los antepasados, mediante cultos y ceremonias especiales.
En la cultura occidental, de la cual formamos parte, está poco difundido estas actitudes hacia los antepasados, reduciéndose en muchos casos a simples recuerdos y/o pequeñas ceremonias aisladas e impulsadas por personas de origen oriental residentes en nuestro país, la diferencia es notable.
¿Que actitud mental se debe tener con respecto a nuestros antepasados?. Nuestros antepasados, representan el canal de vida. A través de ellos Dios nos dió la Vida. En este grupo se incluye a nuestros padres.. Si comprendemos ésto, con el sentimiento y el pensamiento, empezaremos a darnos cuenta la importancia que tiene en nuestra felicidad, las manifestaciones de amor y gratitud para quienes nos dieron la vida.
Estas manifestaciones y demostraciones de amor y gratitud, nos llevan infaliblemente a reconciliarnos con nuestros seres queridos que son las raíces de nuestra vida. Al reconciliarnos con nuestros antepasados, reverenciamos la Vida de Dios alojada en ellos y en cada uno de nosotros, sintiendo y concientizando que “todos somos una sola Vida”.
¿Sabe cuántas personas han habido para que usted naciera?. Vamos a reconocer con la Sabiduría, Amor, Gratitud, Alegría y Armonía de nuestra esencia espiritual, la relación creciente de nuestros antepasados:
2 Padres
4 Abuelos
8 Bisabuelos
16 Tatarabuelos
32 Cuartos Abuelos
64 Quintos Abuelos
128 Sextos Abuelos
256 Séptimos Abuelos
512 Octavos Abuelos
1024 Novenos Abuelos
2048 Décimos Abuelos
………..
Si retorcedemos aproximadamente 700 años, podríamos decir, que ha sido necesario que nacieran 2048 seres humanos que son nuestros décimos abuelos, para que nosotros podamos existir en este mundo. Es fécil seguir retrocediendo y reconociendo nuestros canales de vida, es decir, nuestras raíces.
Es un tema tan amplio que se presta a gran abundancia de respuestas, de los más simples a los más complicados. Sólo nos vamos a referir a un objetivo, tal vez el más importante. Cuando un hombre y una mujer se casan buscan ser felices, buscan la felicidad mutua. Esto resulta fácil de comprender, especialmente cuando se trata de una pareja joven.
Los seres humanos en su esencia espiritual, en su Yo verdadero gozan de Sabiduría, Amor, Vida, Provisión, Alegría y Armonía, recibidos directamente de Dios. Por lo tanto, el mayor anhelo de un joven matrimonio es desarrollar, crecer y manifestar esos dones en su vida diaria como pareja, y formar los cimientos del nuevo hogar.
A veces, estos nobles y justos deseos de la pareja, son obstaculizados por los familiares más cercanos, vale decir padres, madres y hermanos, no por maldad, sino guiados por el contenido de su subconsciente y algo de ego.
Entendemos, reconocemos y agradecemos que las madres (y los padres), sientan un amor profundo e incondicional por sus hijos, siendo capaces de realizar el máximo sacrificio en bien de ellos. Hasta cuando son solteros, todo va bien.
El problema empieza desde el momento en que contraen matrimonio y deciden hacer su propia vida, y la madre piensa erróneamente en seguir colmando de atenciones a su hijo ó hija ya casados, sin tomar conciencia que esta actitud, lejos de beneficiar a la joven pareja, los pueda perjudicar al impedirles desarrollar sus propios talentos, capacidades y habilidades conyugales.
La situación es muy sutil y complicada, porque muchos jóvenes recién casados pueden inconscientemente caer en la tentación de lo fácil y cómodo que viene de parte de mamá o papá. La ayuda de los padres es muy valiosa y merece gratitud, mas, esta ayuda debe dirigirse con sabiduría, sin bloquear ni interferir en las decisiones de la pareja que “ya es uno”, sobre todo cuando esta interferencia obedece al ego de papá y mamá.
Las madres (y a veces los padres también) debieran comprender que su deseo de felicidad para sus hijos recién casados, debe manifiestarse como “amor libre de apego”, amarlos debe significar respetar los criterios y personalidad de sus hijos y brindarles la libertad necesaria para desarrollar su propia felicidad. Por supuesto, eso no significa que los padres deban desentenderse de los hijos, por el contrario, siempre estar atentos y apoyarlos cada vez que lo necesitan verdaderamente.