Las diversas formas de sufrimiento de la humanidad, se manifiesta en todos los niveles socioeconómicos, y a través de todas las generaciones del ser humano.
Muchos de aquellos que reconocen la “pobreza” y se creen “pobres”, sufren por sus carencias materiales e inmateriales. Se enferman, se alimentan sin sabiduría, tienen pensamientos mediocres, codiacian los bienes ajenos, desarrollan antipatía y rencor contra los “ricos”. De este modo ingresan a un círculo vicioso de pensamientos y sentimientos negativos (autoestima baja) que los aleja cada vez más, de la verdadera felicidad.
Muchos de aquellos llamados “ricos”, se apegan demasiado a sus riquezas materiales y sufren pensando que algún día se les puede acabar ó alguien les pueda quitar. Igualmente sufren enfermedades, suicidios, tratan de acumular más riqueza aun a costa de oprimir a los demás (grandes poderes económicos y políticos), desarrollando antipatía y desprecio hacia los “pobres”. Así, ingresan al círculo vicioso de los pensamientos y sentimientos negativos (ego gigante)que los aleja cada vez más de la verdadera felicidad.
Todos estos infortunios que padecen la gran mayoría de personas, se debe a dos causas principales:
1.- En verdad no saben quiénes son. De dónde vienen y a dónde van. Es decir, ignoran su verdadera naturaleza y vida.
Ignoran su verdadera misión en este mundo.
2.- No conocen las leyes de la mente, las cuales gobiernan nuestra vida en este mundo visible. Y, si las conocen, no saben cómo utilizarlas o aplicarlas positivamente en su vida diaria.
El día que el hombre, despierte a la Verdad y resuelva las dos causas principales de su infelicidad, se volverá realmente feliz.
El ser humano sufre enfermedades, dolencias, corrupción, fracasos y otros infortunios por dos razones fundamentales:
La primera, porque piensa y cree que es un ser material y por lo tanto efímero porque tarde o temprano morirá y todo se acaba para él. Esta visión de vida materialista engorda su ego y lo llena de temor de: sufrir enfermedades, fracasos, corrupción, perder su riqueza monetaria, oprimir y ser oprimidos, robar y ser robados, engañar y ser engañados, etc. En otras palabras, busca la satisfacción de sus deseos egoístas antes que le llegue la muerte. Aquí se incluye también, el hecho de pensar y creer que sus cinco sentidos perciben el mundo verdadero; no es así; los cinco sentidos del hombre, sólo perciben las proyecciones de su mente y la mente colectiva.
La segunda, porque no conoce las leyes mentales. Las leyes de la mente son inexorables y rigen la vida del ser humano en este mundo proyectado o manifestado:
Ley de causa y efecto: todo lo que usted piensa y cree se convierte en “causa” y consecuentemente tendrá un “efecto” correspondiente.
Ley la Palabra tiene poder creador: todo lo que usted piensa y cree se concreta en su vida.
Ley de atracción de los semejantes: si usted alberga en su mente pensamientos de engaño, atraerá a su vida personas con semejante pensamiento.
Aquella persona que piensa y cree que es un ser espiritual, que su Yo Verdadero o esencia espiritual es hijo de Dios; y, conociendo las leyes de la mente, las comprende y las utiliza con inteligencia y sabiduría, infaliblemente, se convertirá en su propio líder para alcanzar el éxito y la prosperidad en su vida.
Es de vital importancia para el ser humano, distinguir con claridad, la naturaleza y efecto de estos dos sentimientos que se manifiestan en su vida cotidiana: autoestima y ego.
Con mucha frecuencia, algunas personas pueden confundir el autoestima con el ego, y viceversa. Cuando esto sucede, se violan las leyes naturales y mentales, rompiendo el equilibrio armonioso del universo; y, como consecuencia, las personas involucradas, llevan una vida de insatisfacción, sufrimiento ó de felicidad poco duradera.
El autoestima y el ego, son sentimientos que tienen orígenes o causas (semillas) diferentes, por tanto, sus efectos o consecuencias (cosechas) también son diferentes.
El Autoestima se origina en la Verdad. En una fe correcta en Dios. Se origina en la naturaleza esencial, en el aspecto verdadero, en el Yo verdadero o Esencia espiritual del ser humano; es decir, en el Alma en su versión más perfecta y pura.
El autoestima crece por medio del Valor cuyos sustentos son: Amor, Sabiduría, Vida, Abundancia, Alegría y Armonía infinitas de Dios. Esto significa que en forma natural, todas las personas somos esencialmente buenas; y, teniendo una alta autoestima, podemos lograr el bienestar general de la humanidad (bienestar propio y de los demás).
El Ego se origina en la falsedad. En una fe incorrecta en Dios. Se origina en pensamientos y creencias equivocadas como por ejemplo, que el hombre es un ser material, que Dios está en los cielos y el hombre en la tierra y son entes separados, y muchas otras creencias erróneas.
El ego crece por medio del temor o miedo, basados en todos los pensamientos errados que alberga el ser humano en su mente. Las consecuencias de un alto ego es el malestar: pecado, enfermedad, muerte, conflictos, celos, desarmonía, ignorancia, corrupción, etc. que provocan la autodestrucción o autocastigo de la humanidad.
Veamos una diferencia sutil:
Cuando alguien dice con convicción “yo soy respetable y todas las demás personas también lo son, porque tenemos la misma naturaleza esencial”, está demostrando una gran autoestima y nada de ego.
Cuando alguien expresa “yo soy respetable, porque me ha costado mucho trabajo y esfuerzo llegar a mi posición”, está demostrando un gran ego y poca autoestima porque sólo reconoce su propio mérito y niega el mérito o ayuda de los demás y hasta del mismo Dios.
El autoestima tiene relación directa con el “Yo Verdadero”. en cambio, el ego tiene relación directa con el “yo falso”.
Me ha parecido muy interesante, ilustrativo y oportuno el artículo de Memo: Cómo-disculparse-correctamente-con-alguien. El autor, resalta la importancia de cultivar y mantener relaciones armoniosas entre los seres humanos, para asegurar el crecimiento de la humanidad, dentro de un marco de armonía, satisfacción y felicidad.
Al respecto, para complementar el tema, convendría preguntarnos a nosotros mismos ¿Dónde se originan esos hechos o conductas no correctas, por los cuales debemos pedir disculpas? ¿Es la naturaleza normal de las personas cometer errores?. Las respuestas debemos buscarlas no en el ambiente exterior o mundo de los cinco sentidos, sino, en el mundo interior de cada uno de nosotros.
El “mal” comportamiento de una persona se manifiesta a través de su “yo falso o yo carnal” (personalidad y carácter formados en base a pensamientos y creencias erróneas), y se origina en el sentimiento llamado “ego” (cuyo principal producto es el egoísmo), el cual a su vez es alimentado por el temor o miedo, que se sustenta en el conocimiento del mal.
El deseo de cultivar y mantener relaciones armoniosas, y también el deseo de pedir disculpas en caso necesario, se manifiesta a través del Yo Verdadero o Esencia Espiritual (personalidad y carácter formados en base a pensamientos y creencias verdaderas), y se origina en el sentimiento llamado “autoestima”, el cual a su vez es alimentado por el valor o valentía, el cual se sustenta en el Amor, Sabiduría, Vida, Abundancia, Alegría y Armonía infinitas; éstos son los atributos originales con los cuales hemos llegado a este mundo.
Nuestra Naturaleza Esencial, nuestro Yo Verdadero o simplemente nuestra Alma en su versión más original y pura, es limpia, perfecta, armoniosa y eterna.
Por lo tanto, nuestra naturaleza normal es ser siempre correctos y buenos. Esa sabiduría e inteligencia divina fueron ocultados o encubiertos por la inteligencia humana, con el conocimiento del bien y del mal.
En nuestras manos está, por así decirlo, mejorar nuestro presente con el poder de la mente, y la construcción del mañana será más luminoso para la humanidad.
Muchas personas (también me incluyo), generalmente viven su día a día, absorto en sus quehaceres y enfocados en resolver los problemas propios y familiares. En este contexto, poco o nada les puede importar lo que sucede con las personas en los países vecinos y menos en los lejanos.
No podemos decir que este hecho está bien ó está mal, sencillamente es el resultado de las decisiones que tomamos en todo momento. Estas decisiones a su vez, obedecen al tipo de carácter y personalidad que hemos desarrollado.
En este sentido, es importante comprender que el ser humano en su afán de establecer su propia identidad, erróneamente puede llegar a realizar acciones que perjudica a sí mismo y a los demás, como es el caso del 11 de Septiembre de 2001. Como dice Andrea Riccardi en su capítulo “La civilización de la convivencia” del libro “Islam y Occidente”, 1a. ed. 2005: “…con el fin del largo enfrentamiento ideológico y político, se están repensando todas las identidades: casi todos aspiran a poder decir con mayor claridad quiénes somos nosotros y quiénes son los otros”.
Es fundamental distinguir los dos aspectos del ser humano: aspecto verdadero y aspecto aparente.
El aspecto verdadero, es su esencia espiritual o Yo verdadero, es el hijo de Dios y es el que tiene existencia real y eterna. Está dotado de los atributos divinos: sabiduría, amor, vida, abundancia, alegría y armonía infinitas.
El aspecto aparente, es el cuerpo físico o cuerpo carnal, es la sombra del espíritu y producto de la mente. Cambia contínuamente y tiene existencia efímera (cuando fallece la persona, se acaba el cuerpo carnal).
Entonces, ¿pueden convivir en paz y armonía, musulmanes, judíos, cristianos, budistas, sintoístas y otras identidades, para alcanzar felicidad y éxito?. La respuesta siempre será: es muy difícil, pero también es muy fácil.
Resulta difícil y tal vez imposible, si las personas intentar convivir utilizando su aspecto aparente cargado de ego.
Resulta fácil, si las personas utilizan su aspecto verdadero, porque en nuestra esencia, todos somos la verdadera vida de Dios, “yo y el otro somos uno”, y “todos somos uno con Dios”.
Creo que en todos los lugares y países del mundo entero, se considera la democracia como el sistema más avanzado de gobernar los pueblos.
Es una idea actualizada que como sistema puede garantizar una convivencia de paz, progreso y felicidad del ser humano, dependiendo de su actitud y conciencia.
Recordemos que nuestra llegada a este mundo físico de tres dimensiones tiene un doble propósito que debería convertirse en uno solo: “ser feliz y hacer feliz a los demás”.
Aquella persona que dice creer en Dios, previamente debe saber quién es ella misma y quiénes son sus prójimos. Quien se conoce a sí mismo, es capaz de conocer a los demás y en consecuencia puede conocer a Dios.
El Amor de Dios se manifiesta amando y sirviendo a los demás. Quien se ama a sí mismo, es capaz de amar a los demás y en consecuencia es capaz de amar a Dios. Es preciso no confundir el amor a sí mismo con el sentimiento autodestructivo del ego. El autestima es muy distinto del ego.
El gobierno peruano se ha trazado tres retos importantes para mejorar el bienestar general del pueblo:
1. Defender al país y a los peruanos de la dramática crisis financiera internacional que lo amenaza.
2. Luchar activamente y preventivamente contra la amenaza de la corrupción y, librar a nuestro país de ese fantasma.
3. Luchar por la erradicación y la disminución de la pobreza total.
Considerando que estas tres ideas son esenciales en términos de buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones, y todos estamos de acuerdo con ellas; sólo resta que cada ciudadano cumpla con el deber que le corresponde, conforme a su posición en la sociedad.
Esta lucha la debemos enfrentar con “verdadera ética, responsabilidad social, moral y una actitud mental de sabiduría y amor, para dar felicidad a los demás.
Todos los seres humanos tenemos una o más motivaciones para realizar las actividades que hacemos en la vida cotidiana. Estas motivaciones varían de una persona a otra, constituyendo paradigmas individuales (propias), familiares, regionales y hasta de cada país, marcando las diferencias en la humanidad.
Cuando los planes y objetivos de nuestras vidas, se establecen obedeciendo motivaciones basadas en el temor y ego, con seguridad obtendremos resultados poco satisfactorios y efímeros, más bien, nos veremos envueltos en un círculo vicioso de los sufrimientos de la humanidad.
Por ejemplo, si un empresario decide ofrecer bienes/servicios con el principal objetivo de ganar dinero y hacerse rico, es muy probable que sus empleados, proveedores y clientes también tengan esos objetivos, por la ley mental “semejantes se atraen”. Entonces, quizás en el corto plazo logre sus propósitos, pero en el largo plazo está destinado a fracasar y no alcanzar felicidad eterna.
Cuando nuestra misión en la vida, se establece obedeciendo motivaciones basadas en el amor, gratitud y autoestima, infaliblemente obtendremos resultados muy satisfactorios y duraderos, generando felicidad para los demás y para sí mismo.
Sigamos el ejemplo del empresario, pero esta vez, su principal objetivo es ofrecer bienes/servicios de calidad superior, que satisfagan las necesidades de sus clientes, a precios “razonables” y buscando beneficiar a todos. Tal vez en el corto plazo enfrente algunas dificultades, pero, con seguridad en el largo plazo alcanzará prosperidad y felicidad duraderas, tanto para los demás como para sí mismo.
Al respecto, muchos pensarán y dirán que hoy en día, casi todas las empresas manifiestan obsesión por sus clientes, lo cual es cierto pero en teoría, son declaraciones para las tribunas; en la práctica su principal objetivo sigue siendo la “rentabilidad” y “utilidad” económica y financiera. Con esto, no quiero decir que las empresas no tengan utilidad ni rentabilidad, lo que sostengo es que éstas sean mesuradas o razonables, de modo que “todos las personas se beneficien, sean felices y prósperas”.
Haga usted la prueba, cambie sus paradigmas, comience a trabajar por amor al prójimo, buscando beneficiar a los demás; y, logrará resultados sorprendentes y muy satisfactorios.
Hay una cierta tendencia en el ser humano, para vivir el día a día, pensando en el pasado, en el presente y en el futuro. Es la mente la que nos lleva y nos distrae, obedeciendo a la mente colectiva como si fuese un paradigma.
Con frecuencia traemos al presente, situaciones o escenas del pasado en el cual tuvimos momentos de felicidad, que nos llena de alegría en el presente. Pero, también recordamos momentos tristes o desagradables, los que nos hacen rabiar en el presente.
Recordar hechos del pasado para experimentar tristeza ó rabia en el presente, es muy dañino para el ser humano. La rabia ó tristeza, mejor dicho, todos los sentimientos negativos que la persona experimenta, produce en el organismo sustancias tóxicas que al ser transportados por la sangre, intoxican todas las células del cuerpo, y en consecuencia, las funciones normales de nuestros órganos se alteran totalmente, llevando a la persona, a su autodestrucción y sufrimiento, con las enfermedades y muerte.
Tal vez, recordar el pasado triste trae beneficio sólo cuando se aprovechan las enseñanzas de las experiencias vividas, lo cual, pudo habernos hecho crecer en valores, sentimientos y pensamientos buenos, y nada más que eso. Para esto no necesitamos malgastar gran tiempo de nuestro precioso presente.
Recordar el pasado alegre y feliz, tampoco es muy beneficioso, porque bloquea nuestra visión del presente, y muchas veces es el ego que goza y este ego no nos permite crecer en valores, sentimientos y pensamientos buenos.
Por lo tanto, el pasado ya no existe más, ya fué y no será alterado por nada. El futuro tampoco existe. Realmente, sólo existe el presente, es decir, el Ahora Eterno.
Trate de vivir el ahora eterno, inténtelo con todas sus fuerzas haciendo bien las cosas; siendo feliz y haciendo feliz a los demás. Concéntrese en el ahora, usando pensamientos, palabras y acciones buenas. Si hace este esfuerzo, infaliblemente, cosechará un gran futuro.
Un proverbio árabe dice: “Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo”.
Relataré un hecho ocurrido con cuatro familias de igual número de hermanos: Fidel, María, Chacha y Coco, todos casados.
Fidel y Fidelina, ambos jubilados. María y Mario, también jubiliados. Chacha y Kirico, ambos jubiliados. Estos tres hermanos y sus familias, se puede decir que se encuadran dentro de lo que comúnmente llamamos sencillos y alegres. Coco y Lola, él aún labora y ella jubilada, conforman una familia con diferencias sutiles de las de sus hermanos, en su forma de vivir, por lo cual espontáneamente y con frecuencia se sienten aislados.
Cuando fue el cumpleaños de Lola, todos la saludaron excepto Chacha (se olvidó). Pasados unos días, fue el cumpleaños de Coco; un día antes, Lola llamó a todos, invitando a un almuerzo para celebrar a Coco, pero a Chacha le dijo que la celebración era para ella y su esposo Kirico porque hacía tiempo no se veían; Chacha agradeció el gesto y lamentó no poder asistir por la visita de su hija. Lola dijo que no se preocupara, que otro día harían un desayuno.
El día del cumpleaños, estuvieron todos en el almuerzo, menos Chacha y Kirico como era de esperar. Para disipar dudas, Lola manifestó que no se preocuparan por los ausentes, ya que ellos saludarían personalmente a Coco en la noche..
A los tres días, Lola llamó a Chacha preguntando si estuvo tan enferma como para olvidar el cumpleaños de su hermano Coco. Chacha sintió un frío helado que le recorría todo el cuerpo desde la cabeza a los pies, al darse cuenta de su olvido.
Lo resaltante aquí es la manifestación de baja autoestima y ego de buen tamaño de Lola, porque al sentirse de menos por no haber sido saludada en su cumpleaños, desarrolló esta trama, apoyada inconscientemente por los olvidos de Chacha ( a veces pasa).
Para evitar ésto, yo siempre sugiero que todos somos seres muy especiales y merecemos que cada día sea especial para cada uno de nosotros viviendo el presente, es decir el ahora eterno. No espere su día de cumpleaños para sentirse especialmente feliz, hágalo todos los días. No estoy sugiriendo hacer fiesta todos los días, sino sentir felicidad en su esencia. Usted tiene poder y capacidad para ello.
El ser humano posee algo grandioso y extraordinario, es el sentimiento natural, es decir, la armonía, la perfección, la ausencia de enfermedad.
Cuando se está apartado del sentimiento natural, surgen toda la infelicidad, fatalidad y sufrimiento consecuente de la enfermedad. El ser humano suele rodearse de paradigmas artificiales, creencias que lo conducen hasta incluso el deseo de autodestrucción.
Si la persona desea algo antinatural es porque aún no alcanzó la naturalidad; en otras palabras, su mente está enferma. Esa mentalidad enferma se está proyectando en su cuerpo físico, creando la enfermedad.
Todas las dificultades, preocupaciones, tristezas y sufrimientos surgen cuando no se vive naturalmente. Entonces, esa mentalidad antinatural es aquélla que no acepta los hechos naturales en forma natural. Existe el ego, la elección egoísta que no acepta todo con gratitud y naturalidad; se contenta con aquello que no es natural.
Esa mentalidad antinatural crea ambientes y estados de salud física que no son naturales. El ambiente es sombra de la mente, el cuerpo carnal también es sombra de la mente. En otras palabras, ambos vienen a ser proyecciones de nuestra mente.
Es algo natural que se curen las enfermedades, que sólo exista el Bien, Amor, Sabiduría, respeto. Lo natural y normal en nosotros es que tengamos salud. Lo correcto es el hombre que sabe contentarse con aquello que es natural.
Cuando la persona comprende que lo mejor es vivir de modo natural, esa persona recuperará la naturalidad y jamás tendrá sufrimientos ni preocupaciones.
Acepte la situación tal cual ella se presenta, con docilidad y gratitud, aunque haya realizado el máximo esfuerzo por lograr algo diferente. Para ello es necesario conscientizar que el hombre es originalmente perfecto y puro en su Esencia. Esta Verdad libera la Vida del hombre.