Decubrir y manifestar el alma o yo verdadero en nuestra vida diaria, es la máxima misión y objetivo de nuestra existencia en este mundo terrenal.
Conscientizar que somos la suprema creación de Dios, la suprema autoexpresión de la Vida de Dios, es el primer requisito para nuestra crecimiento espiritual infinito, que nos llevará a manifestar y concretizar la gloria de Dios en nuestra vida cotidiana, es decir, el éxito y felicidad eternas que ya existen en el mundo de Dios, esto es, en el trabajo, en los estudios, en las relaciones interpersonales, en los negocios, etc.
Cuando Sakyamuni alcanzó la iluminación, declaró categóricamente: “…yo soy el Buda eterno y vengo enseñando a multitudes inmensas a través de todos los tiempos…”.
Leyendo la Biblia, vemos que Jesucristo había alcanzado el mismo despertar de Sakyamuni cuando le preguntaron “Aún no tienes cincuenta años y ¿viste a Abraham?” (Juan 8.57); Jesús les respondió firmemente: “En verdad, en verdad os digo, antes que Abraham existiese, yo soy” (Juan 8.58).
Jesús tenía una fe grandiosa y en sus enseñanzas, declaraba ser hijo de Dios, que venía del Padre, para manifestar la gloria de Dios.
Jesús nos enseñó diciendo: “El reino de Dios está en vuestro interior”. Ese reino de Dios es nuestro Yo Verdadero, es nuestra Alma, nuestra verdadera naturaleza, es la esencia del ser humano.
Cuando anulamos el ego o yo falso (que siente apego a todo), y tomamos consciencia que nuestra esencia es la misma Vida de Dios, nuestra vida y todo a nuestro alrededor comienza a cambiar, hacia la paz y prosperidad.
Usando los cinco sentidos con mente ilusoria (creencias y pensamientos falsos), percibimos un mundo con conflictos y enfermedades. Pero, si los usamos con mente pura (creencias y pensamientos verdaderos), podremos manifestar nuestro yo verdadero en todos los actos de la vida diaria.
Para lograrlo, es imprescindible, practicar la meditación de contemplar a Dios.