A veces la vida diaria y su turbulencia cotidiana nos impide ver con claridad el horizonte incluso algunos metros adelante nuestro. El ritmo con el que se desenvuelven las cosas va tan rápido, que es probable que nos veamos sumidos en un frenesí sin fin.
En estas situaciones, tomar decisiones es difícil. Es más, debemos tener cuidado de como las tomamos o las mismas acciones que ejecutamos, ya que cada una de ellas podría llevar una carga emocional intensa, producto de este estilo de vida.
Es precisamente ahí cuando funcionan nuestros cimientos, nuestras bases. Es decir, la formación que hemos recibido cuando niños, la educación de nuestros padres, de nuestra escuela, de nuestro entorno en general. Son los valores y principios que nos han enseñado en el transcurso de nuestra vida, los que juegan un papel ahora muy importante. Ellos dan las bases y el marco en el cual sabemos actuar y decidir. Si nuestros cimientos o bases son fuertes, entonces resistiremos cualquier tempestad.
Por otro lado, si estas bases no son fuertes y no han crecido adecuadamente, entonces no resistiremos el fuerte oleaje y nos derrumbaremos. Los retos nos parecerán imposibles y no podremos avanzar.
Siempre que le parezca que las preocupaciones o el ritmo de vida lo están abrumando, regrese a sus bases. Piense en sus principios, sus ideales, sus valores. Verá que los problemas no son tan complicados de resolver, sino que uno mismo, desde cierto punto de vista, hace complejas las situacionesl, porque el mundo nos lleva a eso.
Vuelva a sus bases, recuerde las buenas enseñanzas y buenos consejos recibidos. Sus raíces y cimientos fuertes lo ayudarán a salir de cualquier problema.
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Lo peor que puede hacer una persona, es tener miedo a tomar decisiones, a avanzar o a hacer cosas. Es decir, tenerle miedo a la acción en lugar de a la inacción. Esto quiere decir que el ser humano, por naturaleza, busca su comfort, su comodidad.
Lo más fácil, es quedarse tal cual uno está. Sin cambios. Recuerde lo que dijo Albert Einstein acerca del cambio. Quizás el cambio sea lo que necesitamos para reinventar nuestro mundo desde adentro y crecer como seres humanos.
Entonces, basta ya de temerle a la acción. Tome decisiones cada vez que pueda y hágalo con la certeza que, sea bueno o malo el resultado, lo que siempre será bueno son las enseñanzas que aprenderá luego de esas decisiones.
A nadie se le puede asegurar un 100% de éxito al tomar decisiones en su vida. Si fuera lo contrario, ¿qué fácil sería vivir, verdad?. Eso no tiene ningún sentido. Lo único que podemos hacer es maximizar nuestra posibilidad de éxito, al evaluar bien nuestras decisiones, pero jamás podremos asegurarlas.
Siempre témale más a no hacer nada. No se deje llevar por el comformismo. Recuerde que el ser humano tiene una capcidad de aprendizaje y crecimiento infinitas. No se limite nunca para lo que puede hacer o conseguir. El mundo esta en sus manos, y es una plena decisión personal el tomarlo.
El tiempo pasa rápido y usted verá en el camino a personas que se han tomado mucho tiempo para pensar las cosas o tomar decisiones importantes, y han terminado mal, sin futuro, sin aprendizajes, como detenidos en el tiempo, esperando a que venga otra ola para ponerlos nuevamente en movimiento. No espere a que eso pase, póngase a remar con toda su fuerza y haga cosas.
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Alguna vez ha escuchado historias tales como las de una persona educada, exitosa, de buena familia, con buena reputación y grandes logros en su vida, de repente causa un accidente grave a otra persona y todo el mundo se le viene abajo.
De estos casos hay muchos y ocurren generalmente porque no nos enfocamos en la importancia de nuestras decisiones y acciones. Obviamente, el ejemplo mostrado se refiere a un evento negativo, sin embargo también pueden darse casos positivos y a su vez estos tienen que ver con las decisiones y acciones que nos rodean.
Es muy importante concientizarnos que cada una de nuestras decisiones hoy día, ponen en movimiento una serie de eventos en el futuro, fruto de estas acciones en el presente. Y más aún, estos eventos muchos veces no se pueden predecir, observar y menos detener.
Es por eso que la palabra aquí es: RESPONSABILIDAD.
Siempre que actuemos con plena responsabilidad sobre nuestros actos, estaremos incrementando la probabilidad que las consecuencias de los mismos sean positivas. Pero fíjese que hablamos de un incremento en las probabilidades y no de asegurar, ya que el asegurar que no ocurra nada desafortunado será difícil, siempre que en el mundo existan variables de incertidumbre que no podemos controlar.
Recuerde, responsabilidad en todo lo que hacemos y decimos. Tan solo un paso en falso, puede traer abajo todo el esfuerzo de muchos años.
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Es extraño que en la vida, sea en lo personal como en la profesional, a las personas se nos juzgue casi siempre por la calidad de nuestros resultados, más no por la calidad de nuestras decisiones.
Poniendo un simple ejemplo, si usted sabe que la probabilidad de ganar una lotería es de 70%, por lo tanto de no ganarla es de 30%, ¿la jugaría?. Le aseguro que la respuesta más común sería: “SI”. Y esto, como usted pueder verlo, sería la mejor decisión frente a la opción mostrada.
Sin embargo, ¿que pasaría si no gana la lotería?¿tomó usted una buena decisión?, entonces, ¿porqué no ganó?. Eso es porque tenemos que desprendernos de una vez del paradigma que los resultados de los eventos no están ligados necesariamente a las decisiones que tomamos día a día.
En efecto es un paradigma el querer juzgar siempre las acciones de las personas por los resultados que provocan, y no por las buenas decisiones que toman. Pongámonos en el caso contrario, si usted toma una mala decisión y por una coyuntura externa, el resultado es positivo, ¿merece que lo premien o reconozcan?. Este caso quizás es común en el ámbito político, ser reconocido sin haber tomado buenas decisiones.
Vea como paradigmas como este puede sesgar de algún modo las evaluaciones que podemos hacer sobre las personas o situaciones que enfrentamos. Puede entonces haber buenas decisiones y malos resultados, así como también malas decisiones con buenos resultados.
Lo que hace una buena decisión es maximizar la probabilidad de obtener un buen resultado, pero definitivamente no lo asegura. De hecho, si el mundo fuera plano y sencillo, tal vez podríamos esperar una seguridad en el resultado, pero recuerde que el entorno es incierto, cambiante, alterado por un sin número de variables en diferentes momentos y lugares.
Los líderes conocen la diferencia entre una buena decisión y un buen resultado. Al margen del efecto, el líder siempre se asegura de generar una buena causa, de tomar una buena decisión. En general el liderazgo se basa en esto, el buscar maximizar las opciones de obtener siempre buenos resultados, es decir, encontrar siempre las mejores decisiones.
Entonces, concéntrese siempre en maximizar sus oportunidades de éxito, ya que de eso se trata. No busque buenos resultados, busque tomar buenas decisiones, luego lo otro llegará por si solo. El camino del éxito no puede estar trazado por buenos resultados, porque sería como ir de adelante hacia atrás, no podemos ver el futuro ni asegurar que el mundo no cambiará; sin embargo, le aseguro que este camino si está lleno de buenas decisiones.
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Tal vez usted no se de cuenta, pero hay una fuerza poderosa que guía contantemente su destino.
Generalmente ocurren hechos en nuestra vida a los cuales pretendemos atribuir un significado o próposito de forma inmediata. Sin embargo, no percibimos que la simple y rápida interpretación que podamos darle, no se compara con la magnitud de los cambios que estos hechos traerán a futuro y en las vidas de los demás.
No hay forma de saberlo. Podemos indagar y pretender entender nuestro mundo y nuestras acciones, pero cada una de ellas obedece a factores subconscientes del ser humano, así como a desenlaces escalonados e impredecibles para otros.
Es decir, tal vez pensamos que una sola acción nuestra impacta únicamente nuestro presente y a nosotros. Nada más falso que tal afirmación, ya que no podemos vislumbrar los cambios y consecuencias que podemos inflingir en la vida misma. Es como el efecto de “bola de nieve”. Una pequeñe bola de nieve empieza a rodar por la montaña, va creciendo y creciendo hasta que finalmente se convierte en un alud.
En esta analogía es en lo que debemos pensar cada vez que decidimos o actuamos de alguna forma. Debemos observar y prestar atención a todos los ángulos de nuestros decisiones, de tal forma que no provoquemos un alud.
De esta forma, y volviendo al inicio de este artículo, la fuerza poderosa que dirige nuestros actos y consecuencias en la vida es la de nuestras buenas acciones. Lo digo de esa forma tan simple para que no confundamos el tema. Las buenas acciones, implican también buenas pensamientos. Es entrar en el ciclo virtuoso de dar sin pensar en recibir nada a cambio, ayudar alos demás, ser solidario y generoso, sumar en vez de restar, optimismo y buena actitud.
Es posible que, como el agua del río, no sepamos los cauces que nos llevarán o el clima que encontraremos más adelante. Pero estemos seguros que si nuestras acciones y pensamientos son buenos, no existirá lugar peligroso en el que podamos terminar.
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Sin duda es un buen consejo el darle una segunda oportunidad a la percepción que tenemos acerca del mundo que nos rodea. Es decir, tener presente siempre que “no todo lo que brilla es oro”… no dejarnos llevar por la primera impresión.
Más aún, si de esta primera impresión dependen decisiones o acciones; será prudente siempre el dedicar un tiempo adicional al análisis y meditación de las cosas. Recuerde que nuestra percepción es una habilidad muy buena, pero debe ser utilizada con cuidado.
La fuerza de la percepción es muy grande, pero sus resultados no siempre son positivos y dependen enteramente de nosotros. Nuestra percepción se sirve de las experiencias pasadas y de nuestro propio punto de vista. En base a esto genera una idea y la transmite al cerebro, para conocer y comprender aquello que tenemos en frente. Por lo mismo, las percepciones que tendrán las personas acerca del mundo serán siempre distintas, ya que cada ser humano ha pasado por experiencias diferentes y además tienen perspectivas desiguales.
Entonces, cuando su percepión venga en su ayuda y le transmita un significado acerca de alguna situación o persona; escúchela, pero dele también el beneficio de la duda. No podemos andar por la vida guiándonos siempre por nuestra primera impresión o impulso.
Recuerde una vez más, “no todo lo que brilla es oro”. Cuando se enfrente a una situación nueva, analice, profundice, medite y finalmente, decida. Ese debe ser siempre el camino racional hacia las decisiones y acciones; tomando muy en cuenta, por supuesto, la opinión de la propia percepción, a manera de guía.
Como en todo, hay excepciones. Por ejemplo, no ocurre lo mismo para la percepción o el punto de vista de un entrevistador de una empresa, para ocupar un puesto de trabajo. En este caso, muchas se aplica lo siguiente: ” No existe una segunda oportunidad, para una primera buena impresión”, pero esto ya será tema de otro artículo.
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Muchas personas (también me incluyo), generalmente viven su día a día, absorto en sus quehaceres y enfocados en resolver los problemas propios y familiares. En este contexto, poco o nada les puede importar lo que sucede con las personas en los países vecinos y menos en los lejanos.
No podemos decir que este hecho está bien ó está mal, sencillamente es el resultado de las decisiones que tomamos en todo momento. Estas decisiones a su vez, obedecen al tipo de carácter y personalidad que hemos desarrollado.
En este sentido, es importante comprender que el ser humano en su afán de establecer su propia identidad, erróneamente puede llegar a realizar acciones que perjudica a sí mismo y a los demás, como es el caso del 11 de Septiembre de 2001. Como dice Andrea Riccardi en su capítulo “La civilización de la convivencia” del libro “Islam y Occidente”, 1a. ed. 2005: “…con el fin del largo enfrentamiento ideológico y político, se están repensando todas las identidades: casi todos aspiran a poder decir con mayor claridad quiénes somos nosotros y quiénes son los otros”.
Es fundamental distinguir los dos aspectos del ser humano: aspecto verdadero y aspecto aparente.
El aspecto verdadero, es su esencia espiritual o Yo verdadero, es el hijo de Dios y es el que tiene existencia real y eterna. Está dotado de los atributos divinos: sabiduría, amor, vida, abundancia, alegría y armonía infinitas.
El aspecto aparente, es el cuerpo físico o cuerpo carnal, es la sombra del espíritu y producto de la mente. Cambia contínuamente y tiene existencia efímera (cuando fallece la persona, se acaba el cuerpo carnal).
Entonces, ¿pueden convivir en paz y armonía, musulmanes, judíos, cristianos, budistas, sintoístas y otras identidades, para alcanzar felicidad y éxito?. La respuesta siempre será: es muy difícil, pero también es muy fácil.
Resulta difícil y tal vez imposible, si las personas intentar convivir utilizando su aspecto aparente cargado de ego.
Resulta fácil, si las personas utilizan su aspecto verdadero, porque en nuestra esencia, todos somos la verdadera vida de Dios, “yo y el otro somos uno”, y “todos somos uno con Dios”.
Durante la vida, se nos presentan situaciones que exigen de nosotros una decisión: Hacerlo o no hacerlo, continuar o parar. ¿Por qué empezar algo nuevo, si así estoy bien?, ¿si lo hago, lo haré bien?, ¿será esta la forma de hacerlo?. Estas preguntas aparecen y nublan nuestra claridad para tomar una decisión.
El tema de esto está en que es ilógico creer que algo es difícil o tener si se podrá hacer o no, si ni siquiera se ha intentado.
Puede ser que la frase le suene conocida, pero es la pura verdad: usted no sabrá el resultado de algún proyecto o decisión, si es que antes no lo empieza o no la toma; es decir, tiene que intentarlo siempre.
Muchas son las personas que abandonan ideas, proyectos o tareas sin siquiera empezarlas. Es muy importante que considere esto en cada instante de su vida: inténtelo siempre. Es mejor perder en el intento que huir antes de empezar.
Incluso este tipo de decisiones se ven cuando aún nuestra vida no depende de nosotros mismos por completo, es decir, cuando somos bebés o niños pequeños. Los padres, con toda la buena voluntad y precaucación, sobreprotegen a sus hijos, impidiéndoles muchas veces explorar y conocer el mundo que les rodea. Entonces, no será raro escuchar a alguna madre o padre frases como estas: “mi hijo no puede hacerlo, aún está pequeño”, “él nunca ha hecho eso, no creo que pueda”, “mi niña no está acostumbrada a eso, no creo que le guste”. Observe lo negativas que pueden ser estas frases y peor aún, si las escucha el mismo niño.
Es necesario que, seamos niños o adultos, sepamos que debemos intentar hacer las cosas, tomar decisiones y comprender como nuestros actos, causan efectos en nuestro entorno.
Nadie sabe lo que es capaz de hacer, hasta que trata de hacerlo. MARDEN.
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