Alguna vez ha escuchado historias tales como las de una persona educada, exitosa, de buena familia, con buena reputación y grandes logros en su vida, de repente causa un accidente grave a otra persona y todo el mundo se le viene abajo.
De estos casos hay muchos y ocurren generalmente porque no nos enfocamos en la importancia de nuestras decisiones y acciones. Obviamente, el ejemplo mostrado se refiere a un evento negativo, sin embargo también pueden darse casos positivos y a su vez estos tienen que ver con las decisiones y acciones que nos rodean.
Es muy importante concientizarnos que cada una de nuestras decisiones hoy día, ponen en movimiento una serie de eventos en el futuro, fruto de estas acciones en el presente. Y más aún, estos eventos muchos veces no se pueden predecir, observar y menos detener.
Es por eso que la palabra aquí es: RESPONSABILIDAD.
Siempre que actuemos con plena responsabilidad sobre nuestros actos, estaremos incrementando la probabilidad que las consecuencias de los mismos sean positivas. Pero fíjese que hablamos de un incremento en las probabilidades y no de asegurar, ya que el asegurar que no ocurra nada desafortunado será difícil, siempre que en el mundo existan variables de incertidumbre que no podemos controlar.
Recuerde, responsabilidad en todo lo que hacemos y decimos. Tan solo un paso en falso, puede traer abajo todo el esfuerzo de muchos años.
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Es extraño que en la vida, sea en lo personal como en la profesional, a las personas se nos juzgue casi siempre por la calidad de nuestros resultados, más no por la calidad de nuestras decisiones.
Poniendo un simple ejemplo, si usted sabe que la probabilidad de ganar una lotería es de 70%, por lo tanto de no ganarla es de 30%, ¿la jugaría?. Le aseguro que la respuesta más común sería: “SI”. Y esto, como usted pueder verlo, sería la mejor decisión frente a la opción mostrada.
Sin embargo, ¿que pasaría si no gana la lotería?¿tomó usted una buena decisión?, entonces, ¿porqué no ganó?. Eso es porque tenemos que desprendernos de una vez del paradigma que los resultados de los eventos no están ligados necesariamente a las decisiones que tomamos día a día.
En efecto es un paradigma el querer juzgar siempre las acciones de las personas por los resultados que provocan, y no por las buenas decisiones que toman. Pongámonos en el caso contrario, si usted toma una mala decisión y por una coyuntura externa, el resultado es positivo, ¿merece que lo premien o reconozcan?. Este caso quizás es común en el ámbito político, ser reconocido sin haber tomado buenas decisiones.
Vea como paradigmas como este puede sesgar de algún modo las evaluaciones que podemos hacer sobre las personas o situaciones que enfrentamos. Puede entonces haber buenas decisiones y malos resultados, así como también malas decisiones con buenos resultados.
Lo que hace una buena decisión es maximizar la probabilidad de obtener un buen resultado, pero definitivamente no lo asegura. De hecho, si el mundo fuera plano y sencillo, tal vez podríamos esperar una seguridad en el resultado, pero recuerde que el entorno es incierto, cambiante, alterado por un sin número de variables en diferentes momentos y lugares.
Los líderes conocen la diferencia entre una buena decisión y un buen resultado. Al margen del efecto, el líder siempre se asegura de generar una buena causa, de tomar una buena decisión. En general el liderazgo se basa en esto, el buscar maximizar las opciones de obtener siempre buenos resultados, es decir, encontrar siempre las mejores decisiones.
Entonces, concéntrese siempre en maximizar sus oportunidades de éxito, ya que de eso se trata. No busque buenos resultados, busque tomar buenas decisiones, luego lo otro llegará por si solo. El camino del éxito no puede estar trazado por buenos resultados, porque sería como ir de adelante hacia atrás, no podemos ver el futuro ni asegurar que el mundo no cambiará; sin embargo, le aseguro que este camino si está lleno de buenas decisiones.
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Tal vez usted no se de cuenta, pero hay una fuerza poderosa que guía contantemente su destino.
Generalmente ocurren hechos en nuestra vida a los cuales pretendemos atribuir un significado o próposito de forma inmediata. Sin embargo, no percibimos que la simple y rápida interpretación que podamos darle, no se compara con la magnitud de los cambios que estos hechos traerán a futuro y en las vidas de los demás.
No hay forma de saberlo. Podemos indagar y pretender entender nuestro mundo y nuestras acciones, pero cada una de ellas obedece a factores subconscientes del ser humano, así como a desenlaces escalonados e impredecibles para otros.
Es decir, tal vez pensamos que una sola acción nuestra impacta únicamente nuestro presente y a nosotros. Nada más falso que tal afirmación, ya que no podemos vislumbrar los cambios y consecuencias que podemos inflingir en la vida misma. Es como el efecto de “bola de nieve”. Una pequeñe bola de nieve empieza a rodar por la montaña, va creciendo y creciendo hasta que finalmente se convierte en un alud.
En esta analogía es en lo que debemos pensar cada vez que decidimos o actuamos de alguna forma. Debemos observar y prestar atención a todos los ángulos de nuestros decisiones, de tal forma que no provoquemos un alud.
De esta forma, y volviendo al inicio de este artículo, la fuerza poderosa que dirige nuestros actos y consecuencias en la vida es la de nuestras buenas acciones. Lo digo de esa forma tan simple para que no confundamos el tema. Las buenas acciones, implican también buenas pensamientos. Es entrar en el ciclo virtuoso de dar sin pensar en recibir nada a cambio, ayudar alos demás, ser solidario y generoso, sumar en vez de restar, optimismo y buena actitud.
Es posible que, como el agua del río, no sepamos los cauces que nos llevarán o el clima que encontraremos más adelante. Pero estemos seguros que si nuestras acciones y pensamientos son buenos, no existirá lugar peligroso en el que podamos terminar.
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¡Por favor!, diferenciar el bien del mal es muy fácil, salvo que la decisión del momento sea tan complicada que genere controversia y se tenga que optar por ejemplo por lo “menos malo”, o algo así.
No considero que sea una tarea difícil el diferenciar lo bueno de lo malo al tomar nuestras decisiones ni acciones. Lo que si es difícil es, una vez que hemos hecho la diferenciación, elegir el camino correcto. El tomar la decisión buena, generalmente es complicado, porque puede ser que esta decisión no nos guste mucho o simplemente no nos traiga un beneficio directo, sin embargo, si tiene beneficios para otros o para la sociedad.
Todos podemos reconocer el bien y el mal de forma correcta, lo que muchas veces nos cuesta trabajo es tomar la decisión correcta, aún sabiendo que ya la hemos identificado. Precisamente esto es difícil porque por lo general el camino correcto, el bien y las buenas decisiones son costosas en el sentido que demandan un esfuerzo adicional nuestro, toman mucho tiempo o no son totalmente de nuestro agrado.
¡Pero anímese!, no está solo. Para todos nos es complicado el sobreponer lo correcto a nuestro intereses personales. Cuando estos dos coinciden, considérese afortunado, pero si es que no, entonces decida. Está en sus manos esa decisión, pero recuerde siempre que, si bien es cierto que una decisión correcta no nos puede traer beneficios a corto plazo; si hace lo siguiente: deja un precente de que usted es una persona correcta y de bien, da un ejemplo de comportamiento y conducta a los demás; siempre verá los beneficios de esa acción o decisión en el largo plazo; y lo dignifica a usted como lo que es, un ser humano en toda su expresión.
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Durante la vida, se nos presentan situaciones que exigen de nosotros una decisión: Hacerlo o no hacerlo, continuar o parar. ¿Por qué empezar algo nuevo, si así estoy bien?, ¿si lo hago, lo haré bien?, ¿será esta la forma de hacerlo?. Estas preguntas aparecen y nublan nuestra claridad para tomar una decisión.
El tema de esto está en que es ilógico creer que algo es difícil o tener si se podrá hacer o no, si ni siquiera se ha intentado.
Puede ser que la frase le suene conocida, pero es la pura verdad: usted no sabrá el resultado de algún proyecto o decisión, si es que antes no lo empieza o no la toma; es decir, tiene que intentarlo siempre.
Muchas son las personas que abandonan ideas, proyectos o tareas sin siquiera empezarlas. Es muy importante que considere esto en cada instante de su vida: inténtelo siempre. Es mejor perder en el intento que huir antes de empezar.
Incluso este tipo de decisiones se ven cuando aún nuestra vida no depende de nosotros mismos por completo, es decir, cuando somos bebés o niños pequeños. Los padres, con toda la buena voluntad y precaucación, sobreprotegen a sus hijos, impidiéndoles muchas veces explorar y conocer el mundo que les rodea. Entonces, no será raro escuchar a alguna madre o padre frases como estas: “mi hijo no puede hacerlo, aún está pequeño”, “él nunca ha hecho eso, no creo que pueda”, “mi niña no está acostumbrada a eso, no creo que le guste”. Observe lo negativas que pueden ser estas frases y peor aún, si las escucha el mismo niño.
Es necesario que, seamos niños o adultos, sepamos que debemos intentar hacer las cosas, tomar decisiones y comprender como nuestros actos, causan efectos en nuestro entorno.
Nadie sabe lo que es capaz de hacer, hasta que trata de hacerlo. MARDEN.
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En la vida le puede ocurrir a usted muchas cosas. Como mencionamos anteriormente, el hecho que sean malas o buenas, positivas o negativas, siempre lo decide usted (lea nuestros artículos Cómo cambiar su mundo, hoy mismo y Cómo lograr éxito y triunfar en la vida: siempre la decisión es suya).
Entonces, el estar deprimido o sentirse deprimido, no es más que una decisión propia, la cual puede estar fundamentada en hecho que usted considera negativos.
La depresión, lleva a la mente y al espíritu a un estado de inactividad extrema. Las ideas dejan de fluir, el optimismo se acaba y nuestra visión del mundo se nubla por completo; es decir, es la muerte en vida.
Este sentimiento debe ser evitado a cómo de lugar, ya que sume nuestros pensamientos y emociones en una tremenda negatividad, que hace daño a nuestra mente subconciente y por ende a nuestro futuro.
Existe una historia acerca de un rey y un soldado. El primero le encarga al segundo el encontrar algo que al mirarlo, pudiera hacer sentir feliz a una persona triste y a su vez, triste a una persona feliz. El ingenioso soldado grabó en un anillo el cual entregó luego al rey, la siguiente frase: “Esto también pasará”.
Sea conciente que por lo que esté pasando en este momento, irremediablemente va a pasar. Ya sea porque viene otra cosas que distrae su atención o por el tiempo, pero todo finalmente pasa.
Por lo tanto, es importante que los momentos felices, los vivamos con inmensa alegría y gratitud, mientras que los momentos tristes, las pasemos con optimismo y aprovechemos las enseñanzas que nos dejan (incluso a veces son necesarios momentos malos previos, para que ocurran cosas buenas).
No existe nadie que conozca el final de todos los caminos. Por eso viva feliz, disfrute los buenos momentos, aprenda de los no tan buenos y siempre vea su futuro con el mayor optimismo.
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