Dec
21
2008

espiritual

El Amor es la fuerza que produce, es la fuerza que crea; es también fuerza que cura todo.

El Amor verdadero es más amplio y profundo que el significado que le da el diccionario, es necesario romper paradigmas. Es un sentimiento grandioso e infinito que une a todos los seres vivientes, y a todos ellos, con Dios.

No podemos hablar de amor sin pensar en Dios, porque sencillamente Dios es Amor infinito. El sentimiento por el cual, hombre y mujer se atraen sexualmente y que muchos acreditan equivocadamente como el amor en toda su dimensión, es tan solo una pequeña parte de lo que realmente constituye el Amor.

Las palabras de Jesucristo definen en toda su magnitud y comprensión el significado de amor: “No hagas a tu prójimo lo que no quieres que hagan contigo”, es lo mismo decir “Haz a tu prójimo lo que quieres que hagan contigo”.

El verdadero amor todo lo soporta. La característica del amor es la perseverancia. La persona que luego pierde la paciencia y abandona un propósito, tiene poco amor.

En el amor verdadero no hay celos. Se tiene celos cuando hay deseo de poseer exclusivamente para sí, y eso no es amor. El amor jamás busca exhibirse. El amor es responsable y ético. El amor es sereno. Una pasión ardiente que luego se extingue no es amor verdadero. El amor nunca es desesperación.

Cuando el amor es profundo y verdadero, jamás pierde la esperanza en el prójimo. El amor siempre ve la perfección del Yo verdadero. El amor jamás amarra o doblega al prójimo. El amor libera, pero, no abandona.

Amar es orar por el bien del prójimo.

Cuando se consigue amar a alguien, no por interés, felicidad o placer de sí mismo, sino con amor puro, entonces se manifiesta Dios en toda su dimensión.

Lo que abre la puerta de la felicidad no es la ciencia. La ciencia y tecnología sin amor puede a veces arrojar la humanidad a su autodestrucción y desgracia. Habiendo amor, aunque no haya ciencia, se abre la puerta de la felicidad.

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Nov
07
2008

espiritual

En verdad, es un cuestionamiento importante, persistente, justo y necesario; y, la respuesta correcta (sin menospreciar la complejidad que representa llegar a ella) con seguridad iluminará la vida del ser humano y llenará toda su necesidad de conocerse a sí mismo y comprender el objetivo de su misión en este mundo.

Amigo lector, en algún instante ó tal vez con frecuencia, obedeciendo a nuestro deseo de superación contínua en el día a día, nos preguntamos: ¿quién soy o quiénes somos? ¿somos seres espirituales ó seres materiales? ¿somos espíritu y materia a la vez? ¿si somos seres espirituales, el espíritu es superior a la materia? ¿si somos seres materiales, la materia es superior al espíritu?.

El Dr. M. Taniguchi -profundo estudioso y conocedor de todas las religiones- sostiene en su obra “La Verdad de la Vida” (40 volúmenes), que el ser humano en su Yo Verdadero, en su Esencia, en su Espíritu, es hijo de Dios dotado originariamente de Sabiduría, Amor, Vida, Abundancia, Alegría y Armonía infinitas, a imagen y semejanza del Padre.

Querido lector, de ser cierto lo anterior, estaríamos ante una verdad maravillosa. En un primer nivel de comprensión resulta relativamente fácil afirmar que somos hijos de Dios. Pero luego, manifestar esta condición en nuestro comportamiento diario, resulta más complicado y requiere mayores niveles de comprensión y despertar espiritual, mediante esfuerzo y entrenamiento mental.

Entonces en primera instancia, podríamos afirmar que cada uno de nosotros “somos lo que pensamos y creemos que somos”; este concepto y forma de reconocernos a nosostros mismos, va a diferir en la medida en que varíe nuestro despertar espiritual individual. Creo que ésto es válido también para aquéllos que piensan y creen que no son hijos de Dios.

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