Todo lo que existe de valor en este mundo se ha originado en la mente de aquellas personas que tuvieron sueños con coraje.
En verdad, solamente los soñadores son los que alcanzan los puestos de vanguardia de la cultura humana. Aquellos que vencieron las adversidades, aplanaron los obstáculos, transformaron las dificultades en felicidad, fueron todos soñadores. Son los que guiaron a la humanidad y construyeron la cultura de hoy.
Obviamente, no me refiero a las personas que simplemente duermen y acumulan sueños simples. Me refiero a aquellos que tienen grandes sueños (aun estando despiertos) de alcanzar un ideal de lo que “desean ser” en su vida.
Todos aquellos que van a ser lideres en cualquier emprendimiento nuevo deben tener la capacidad de tener sueños. Asimismo los industriales, los comerciantes, los políticos y los reformadores sociales. Es necesaria la idealización del nuevo mundo ideal en nuestra mente, para lograr progreso en este mundo.
La invención del avión se hizo realidad, gracias a que alguien tuvo sueños de la posibilidad de que el hombre podría volar como las aves. Alguien tuvo sueños que seria posible oír la voz de las personas que estuviesen lejos y se inventó el telégrafo sin cable y la radio. Singer, tuvo sueños de que seria posible coser sin mover las manos y se inventó la maquina de coser.
Los sueños son la fuerza motriz que, trascendiendo todas las limitaciones cronológicas y espaciales, permita la realización de la capacidad infinita alojada en el Yo Verdadero de cada ser humano. Esto ocurre porque Dios es la fuente inagotable de la provisión.
Por mayor que sea la miseria e infelicidad en que se encuentren en este momento, en el mundo de los sueños ya son ricos y felices. Si logran comprender, en este momento, que todo es creado por la mente, así como Cristo dijo “Sea hecho conforme tu fe” y sean capaces de creer verdaderamente en la concretización de sus sueños, ya son millonarios.
Para que los sueños idealizados se hagan realidad, es necesaria una decisión firme en relación a los sueños. Después de la decisión, son indispensables un coraje inquebrantable y una perseverancia en el esfuerzo para conseguir la realización total de ese objetivo.