El ser humano, desde tiempos inmemoriales, siempre ha deseado vivir y convivir en armonía con sus semejantes; sin embargo, no ha podido concretar esa necesidad en forma plena. Constantemente, surgen conflictos y controversias entre: esposo y esposa, padres e hijos, hermanos, suegros y yernos, suegros y nueras, etc.
Muchas veces, nosotros nos proponemos estar en armonía y felicidad con nuestros familiares o seres queridos; pero como se dice, a la hora de la verdad, por alguna causa o motivación, entramos en conflicto con facilidad, generando resentimientos; y al reflexionar, nos damos cuenta que el motivo era pequeño o falso.
Permítanme citar un párrafo de la Sutra Sagrada “Lluvia de Néctar de la Verdad“, escrita bajo inspiración divina por el Dr. M. Taniguchi: “…Cuando Dios se revela, se realizan el bien, la justicia, la misericordia; por sí misma se instala la armonía, se ubica cada uno en su respectivo lugar y no hay disensiones, no hay quien hiera a su prójimo, no hay quien enferme, no hay quien sufra, no hay quien sea miserable. Dios es el todo de todo…”
La profundidad del texto citado, nos muestra con claridad, en qué consiste la armonía entre los seres humanos. Es necesario reconocer el Yo Verdadero, la esencia espiritual, la verdadera naturaleza, la conciencia moral, que se aloja en nuestro interior y constituye la vida verdadera y eterna de Dios.
Cuando, con profunda fe y absoluta convicción de nuestro Yo Verdadero, cada quien nos ubicamos en el lugar que nos corresponde y cumplimos el rol que nos compete, reverenciando y respetándonos mútuamente con amor y sabiduría, infaliblemente, se concreta y manifiesta la armonía y paz.
Significa: que el padre debe cumplir bien su función de padre en el hogar; la madre, su rol de madre; los hijos, su rol de hijos; la nuera, su rol de nuera; la suegra, su rol de suegra. Esto es posible de llevar a la práctica, con pensamientos, palabras y acciones de amor y sabiduría, es decir, con actitud mental positiva.
También es necesario, conocer y comprender, reconocer y aceptar, los derechos y obligaciones de cada miembro de la familia.
¡Haga la prueba y felicidades!.
El ideal interno es el Yo Verdadero, y representa una especie de juez interior que siempre nos guía y orienta. Es el que nos dice lo que esta bien y lo que esta mal.
No existe ninguna formula secreta para exteriorizar el valor de la persona. La única manera de exteriorizar el valor de nuestra alma es escuchando el clamor del “ideal interno” que se aloja en nosotros, y vivir según su orientación.
El juicio de este mundo físico esta sujeto a engaños. Este mundo que hoy concede la máxima gloria a un hombre, mañana podrá declararle la sentencia de muerte. Por ello, no debemos dejarnos engañar por los patrones o paradigmas creados por los hombres, sino, escuchar el juicio formulado por nuestro propio ideal interno.
El juicio de Yo Verdadero es inalterable desde el principio hasta el fin. Jamás arroja hoy al infierno a la misma persona a quien ayer lo elogio, ni jamás elogia hoy un acto que ayer lo condeno. El bien es siempre bien y el mal es siempre mal. Aquellos que siguen la orientación de su ideal interno jamás caen en la ilusión, en la mentira.
Recuerde que el verdadero valor del ser humano no esta en lo que “posee”, sino en lo que “el es”. Usted necesita situar su ideal de la vida “en aquello que desea ser”, y no “en aquello que desea poseer”.
Las posesiones solo son accesorias. Por más que los accesorios sean lujosos y atractivos, no ennoblecen al hombre ni aumentan su valor. ¿De que vale la bonita envoltura o la magnifica caja de joyas, si los diamantes contenidos en ellas son falsos?. Las personas que solo tienen fama y riqueza, son como las piedras falsas colocadas en una lujosa caja de joyas.
Debemos cuidar para que nuestro diamante (nuestra alma) sea verdadero. El alma humana detesta impurezas y manchas. Cuando nuestra alma este a punto de ser manchada, seguramente sentiremos algo en nuestro interior que nos transmitirá una especie de inquietud. Esa sensación de intranquilidad es el susurro de nuestra alma. No debemos intentar silenciar el susurro que viene del interior de nosotros mismos.
Si se sienten inquietos, es porque en sus pensamientos, palabras o acciones debe existir algo equivocado que su ideal interno no aprueba, entonces es el momento de corregir.
Sean fieles a su ideal interno y escúchenlo con docilidad. Realizando su ideal interno estarán siendo auténticos y concretizaran la alegría de vivir en felicidad.
La simpatía y la amabilidad también son cualidades necesarias que debe ser desarrolladas por el ser humano.
Si bien el hombre necesita desarrollar su talento mediante esfuerzo y estudio dedicado, en ciertas ocasiones debe dejar de lado el deseo de adquirir conocimientos para procurar dar atención a los demás; porque dar amor al prójimo es un acto más noble que empeñarse en aumentar los conocimientos.
El tiempo que nos pertenece es más valioso que el oro. Sin embargo, cuando es por amor, debemos ser capaces de gastar ese precioso tiempo para hablar con los amigos y personas que lo necesiten. Eso es diferente de desperdiciar irreflexivamente el tiempo. Sea dinero o tiempo, no debemos desperdiciarlo; pero, cuando lo ofrecemos por amor al prójimo, su valor aumenta.
En la oficina y otros lugares de trabajo, a veces, los funcionarios jóvenes, los auxiliares, etc., disponen de un tiempo libre para capacitarse estudiando alguna materia; los jefes y superiores deben demostrar comprensión y bondad no impidiendo que hagan eso.
Pueden existir jefes que piensen que por el hecho de pagarles esas horas de la vida de sus empleados ya le pertenecen; ese pensamiento es totalmente incorrecto. La Vida es mucho mas valiosa que el dinero. El dinero fue creado para servir a la Vida, y no para limitarla.
La Vida es demasiado preciosa para ser comprada. Aquel que piensa que puede comprar al hombre (que es hijo de Dios) debe sentir vergüenza. En verdad los hijos de Dios se aman y se ayudan unos a los otros, cada cual con su talento y sus cualidades, para poder servir y crecer juntos en paz y felicidad. Ese es el Yo Verdadero de la Vida. Miren el Yo Verdadero de cada hombre y no se dejen engañar por la apariencia.
Alégrese viendo el progreso de los demás, alégrese con la felicidad de los otros. No sacrifique el tiempo de otras personas con charlas inútiles. Sin embargo, si las personas quieren hablar con usted, escúchelas con placer y amor. Así, usted crecerá no solamente en “conocimiento y capacidad”, sino también en el “amor”.
Aquellas personas que desean alcanzar el verdadero crecimiento espiritual deben vivir de una manera que los haga crecer, tanto en conocimiento y capacidad, como también en el amor.