El matrimonio es el camino para el eterno evolucionar del ser humano.
Continuamos con los consejos…
3.- Vea solamente las partes positivas de su cónyuge y nunca sus partes negativas.
No reconozca el mal en su cónyuge. Más bien, enumere las cualidades de su cónyuge, que ellas se incrementarán.
Abra sus ojos para ver únicamente el aspecto bueno de su cónyuge.
Abra sus oídos para oir únicamente el buen sentido encerrado en las palabras de su cónyuge.
Toda vez que abra su boca para hablar, elogie las cualidades de su cónyuge.
No empañe su mente detectando los defectos del otro; su pareja es su aliado, no su enemigo. La vida de a dos es una armoniosa competencia entre dioses. Competencia de reverencia mútua, de reconocer permanentemente cualidades y virtudes.
Elogie siempre, pues así su cónyuge descubrirá una fuerza oculta que ni él(ella) mismo(a) imaginaba poseer. El elogio es la fuerza propulsora que hace exteriorizar la capacidad infinita del Yo Verdadero (hijo de Dios).
4.- Mantenga siempre su fisonomía alegre, gratitud y palabras de amor.
La fisonomía de gratitud y las palabras de amor dan a todas las personas ánimo para practicar buenas acciones.
Lo contrario de la fisonomía de gratitud es la “cara enojada”, que juntamente con el insulto, son las causas de la desarmonía familiar.
No hay dicha más grande que ver la sonrisa pura y sincera de la persona amada. Estar feliz y esbozar una sonrisa en el rostro son un obsequio para el cónyuge. Un semblante de alegría es una fortaleza que protege la vida familiar.
Un estudio sobre el motivo de las peleas conyugales, revela que en el 99% de los casos la discusión se produce cuando uno de ellos se dirige al otro con tono tosco, agresivo ó desdeñoso.
Debemos tratar a nuestro cónyuge como en la primera cita, con voz suave y cariñosa.
Formas cariñosas de llamarse, palabras amorosas, elogios, gestos de cariño, crean una atmósfera romántica y hacen del matrimonio un eterno enamoramiento.
Continuaremos…