Es muy importante que cada uno de nosotros hagamos un examen y análisis de nuestra forma de ser, de nuestros hábitos y costumbres, de nuestro carácter y personalidad. Antes de nada, deberíamos convertirnos en líderes de nosotros mismos, asumir plenamente el liderazgo de nuestro propio crecimiento personal y profesional. convertirnos en un motivador natural.
En este contexto, es trascendental desarrollar una actitud apropiada para enfrentar las diversas circunstancias, hechos y situaciones que se presentan en nuestra vida diaria, en tiempo y espacio.
Significa que todos los seres humanos sin excepción, tenemos el gran poder de decisión, para adoptar una determinada actitud. Frente a cualquier acontecimiento, usted siempre tendrá dos opciones: ser una persona positiva ó ser una persona negativa.
Cada mañana al despertarse, usted puede escoger estar de buen humor ó estar de mal humor; es su decisión y responsabilidad. Y deje de buscar algún culpable de su mal humor.
Cada vez que le suceda algo malo, usted puede escoger entre ser una víctima ó aprender de ello. Usted decide si el fracaso le destruye ó lo considera un escalón en su aprendizaje y crecimiento.
Usted elige: criticar ó elogiar, odiar ó amar, ser corrupto ó ser ético y moral, juzgar ó comprender, agradecer ó ser desagradecido, ser pobre ó próspero, ser trabajador eficiente ó deficiente, etc., etc.
Cada situación es una elección ¿Verdad que sí?, piénselo con calma y serenidad. Usted tiene la facultad para elegir la forma de reaccionar ante cada situación. Usted elige cómo la gente afectará su estado de ánimo. Es necesario romper los paradigmas de culpar a otros por la forma en que reaccionamos.
En resumen, la decisión de cómo es usted, cómo se ve, cómo se siente, cómo vive, es suya. Usted elige cómo vivir la Vida.
En su libro La Verdad de la Vida, Vol. 2, Imagen Verdadera, el Dr. Masaharu Taniguchi dice: “No se puede comprobar la eficacia de un medicamento. Hay científicos que defienden vehementemente la eficacia de ciertos fármacos, sin embargo, no es posible comprobarla definitivamente”.
Los científicos investigan el efecto de los medicamentos realizando experimentos con animales. Es evidente que los animales de experimentación (cobayas, ratas, etc.) no son seres vivos iguales al ser humano. Esta es la falla fundamental de las experiencias científicas en animales y luego aplicarlas en el hombre.
Pero, por el resultado positivo de repetidos ensayos con animales, un medicamento es rotulado como eficaz contra cierta enfermedad humana y el médico con esta idea y creencia lo receta al paciente y ese medicamento se muestra efectiva. Aquí, no se puede concluir definitivamente que la eficacia, se debe única y exclusivamente al medicamento. Aquí también actuaron las creencias del médico y del mismo paciente con relación al medicamento. También actuó el poder creador de la palabra del médico (una de las leyes de la mente que gobiernan el cuerpo físico o carnal del ser humano).
También sabemos, que cuando un medicamento ingresa en el cuerpo de una persona, éste reacciona secretando diferentes elementos de defensa y variando su perfil inmunológico; así, el fármaco mezclado con esos elementos de defensa, puede producir un efecto completamente diferente del obtenido en el laboratorio de investigación.
Indudablemente, un mismo medicamento administrado a varias personas, puede causar diferentes efectos en ellas. Esto se debe a que cada persona es única en sus hábitos y costumbres, es única en su carácter y personalidad, y es única en fuerza mental. Es decir, es única en su mundo interior.
Muchas personas utilizan en su vida cotidiana, reglas y normas, pensamientos o creencias, ideas y conceptos aprendidos de sus antepasados (padres, abuelos, bisabuelos, etc.). A éstos se suman nuevas reglas o ideas, establecidos por ellos mismos conforme su experiencia.
Este conjunto de pensamientos y sentimientos (forma de pensar, forma de hablar y forma de actuar), constituyen los hábitos y costumbres familiares que van a dar lugar al carácter y personalidad de sus miembros. A esto lo llaman tradición familiar.
De otro lado, nosotros no somos simplemente cuerpo físico o carnal, sino esencialmente espiritual. Nuestra verdadera vida es el Yo Verdadero, eterno y perfecto por naturaleza. Como tal, en forma natural, propendemos al crecimiento espiritual para lograr nuestra verdadera felicidad y la de los demás.
Por tanto, conviene reflexionar sobre las “tradiciones” o “valores” familiares. Algunas de ellas, analizadas con mente natural, resultan ser negativos, impiden el crecimiento espiritual y conducen a la autodestrucción de sus miembros.
Por ejemplo, el “apego” a determinadas formas de contraer matrimonio, con testigos, vestimenta especial, fiestas, etc., son formalidades materiales. Cuando los contrayentes no siguen estas costumbres, generalmente los padres sufren. En verdad, lo más importante es el acuerdo libre, voluntario y responsable de los que se casan para iniciar una nueva vida en común y formar un hogar de crecimiento contínuo, reverenciándose y respetándose entre sí.
Muchas veces, por mantener la “manía de pureza” y/o “rigidez de carácter”, los seres humanos nos hacemos sufrir unos a otros, en lugar de desarrollar, nuestra magnanimidad y capacidad de perdonar, que son virtudes mayores.
¿Acaso Jesús no perdonó sus pecados a una famosa prostituta?
¿Acaso Jesús no compartió la mesa con un detestado recaudador de impuestos?
El día de ayer, observé en un canal de TV, los anuncios de la buena campaña “Lea la Biblia”, donde varios personajes conocidos por el público daban su testimonio del cambio positivo que habían experimentado en sus vidas al leer la Biblia.
Todo esto me parece muy bueno, porque la verdadera felicidad y bienestar de la humanidad sólo puede ser alcanzado a través del crecimiento espiritual de los hombres.
Lo que no me pareció bien, es la finalidad. Afirmaron que esta campaña “Lea la Biblia” la habían iniciado con el fin de contrarrestar el avance y crecimiento del Islamismo. Creo que es una forma errada y poco ética de pretender crecer espiritualmente, porque genera confrontaciones innecesarias.
Yo respeto y reverencio la esencia de todas las religiones(Cristianismo, Budismo, Shintoísmo, Islamismo, etc.), porque ellas fueron creadas bajo inspiración divina y todas buscan consolidar la “unión del hombre con Dios”.
El mayor problema de las religiones (teniendo todos el mismo origen), es que se han apartado de su “origen y esencia”, distanciándose unas de otras cada vez más, debido principalmente, al sello personal (carácter y personalidad) que le imprimen sus principales dirigentes.
La Biblia, como todo libro sagrado, es fuente de la Verdad y valores eternos. Su lectura, interpretación y comprensión, debe ser hecha con fe, y no en forma superficial.
Cuando se lee con verdadera fe, los milagros ocurren porque el Yo Verdadero (Alma) que es la esencia de cada ser humano, comienza a ser reconocido por nuestra mente, y crecer y manifestarse en nuestra vida diaria.
Simultáneamente, el ego o yo falso (que se apega a los valores efímeros, a los bienes materiales, a la riqueza, ostentación, vanidad, etc.) pierde terreno y deja de manifestarse en nuestra vida diaria.
En esto consiste el crecimiento espiritual: hacer crecer el Yo Verdadero y anular el yo falso.
Carlyle dijo: “Tus pensamientos son el arma que subyuga tu propio destino. Si mantienes pensamientos destructores con relación a un individuo o a un grupo, terminarás por herirlo mortalmente, aunque no aprietes el gatillo de una arma de fuego. Lo que resulta de los pensamientos que el hombre mantiene en su mente, acaba manifestándose inevitablemente”.
Las ideas y pensamientos mantenidas constantemente en la mente humana, incluyendo aquellas que pasan rápidamente por el cerebro, hallan eco en este Universo, atrayéndose unas a otras, agrupándose y difundiéndose. Luego, al alojarse en la mente de determinadas personas, pasan a manifestarse como actitudes concretas y acaban moviendo el mundo entero.
Tanto los pensamientos como el carácter y la personalidad son vibraciones, por lo tanto, se propagan como ondas de radio. Una persona que mantiene siempre pensamientos deshonestos, irradia la atmósfera de deshonestidad, aun cuando hace intentos por parecer honesta.
Por lo expuesto, si deseamos realmente ser personas que emitan vibraciones alegres y armoniosas, debemos esforzarnos siempre por mantener nuestra mente alegre y pacífica, evitando vibraciones de odio, ira, desconfianza o temor.
Hacer que nuestra mente adopte el hábito de transmitir ondas vibratorias de salud, de paz y de armonía. Es muy importante cultivar y mantener esta actitud positiva, principalmente, con todas las personas de nuestro entorno: familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, etc.
Si usted tiene en su mente, el hábito y costumbre de guardar confianza, decisión, entusiasmo y autoestima, ciertamente la atmósfera que usted irradia es de éxito, felicidad, entusiasmo y seguridad. Una persona que transmite una atmósfera tan maravillosa, inspira confianza en todo momento y lugar.
El pensamiento es “semilla”, y tarde o temprano germinará y crecerá. Cultive usted en su mente buenas semillas.
Una de las más grandiosas y extraordinarias enseñanzas de Jesucristo para el bien de la humanidad, está relacionada la FE. Con frecuencia, en sus prédicas enseñaba, “Sea hecho conforme tu fe”, “Tu fe te ha salvado”, etc.
Esta enseñanza tan profunda, es válido no sólo para el Cristianismo y los cristianos, sino también, para todas las religiones (Budismo, Islamismo, Shintoismo, etc.) y sus respectivos seguidores. Todas las religiones, en su esencia, enseñan lo mismo con respecto a la FE.
Lamentablemente, la mayoría de las personas en el mundo entero, no dan la debida importancia ni reflexionan, sobre el verdadero significado e influencia que tiene el desarrollo de la fe, sobre sus vidas.
FE significa, creencia firme, convicción, confianza en lo que pensamos que es “verdad”. La fe nos permite creer como verdadero, algo que ni a veces comprendemos.
Nuestra fe tiene importancia clave y vital, en el desarrollo de nuestros hábitos y costumbres, en la formación de nuestro carácter y personalidad, y finalmente, en nuestro destino.
Luego, podemos afirmar que el ser humano, posee capacidad y poder para desarrollar dos tipos de fe: fe correcta y fe incorrecta.
La fe correcta, se desarrolla en base a valores eternos y conceptos verdaderos (amor, sabiduría, vida, alegría, armonía), es decir en base al YO VERDADERO. Nos conduce a la verdadera autoestima o autoconfianza y a la felicidad.
La fe incorrecta, se desarrolla en base a creencias falsas, pensamientos pobres, valores efímeros (temor, miedo, luchas sociales, egoísmo, enfermedad, etc.), es decir en base al YO FALSO. Nos conduce al sufrimiento, conflictos y autodestrucción.
Es preciso y conveniente, reflexionar y cuestionar en todo momento, si lo que pensamos, decimos y hacemos en nuestra vida cotidiana, es verdadero o falso, a través de nuestra mente y actitud mental.
Hace pocos días asistí a una reunión social en la cual se trataron, como es costumbre, muchos temas. Me llamó la atención un tema en particular: “el cambio que experimentan hombre y mujer en sus conductas, después del matrimonio”.
Muchos padres del varón que se casó, pueden pensar y comentar “nuestro hijo, cuando soltero, era muy amoroso, atento y manteníamos muy buenas relaciones con él; desde que está casado, ha cambiado mucho, lo vemos muy poco, se ha alejado de nosotros, etc, etc.”
Del mismo modo, muchos padres de la mujer que se casó, pueden pensar y comentar las mismas ó incidencias parecidas, con respecto a su comportamiento, antes y después del matrimonio.
¿Qué es lo que sucede realmente?
Los seres humanos, fuimos creados por Dios a su imagen y semejanza; dicho en otras palabras, nuestra Esencia o Alma o Yo Verdadero es la misma Vida de Dios. Habiendo sido creados como hombre y mujer, cada uno como mitad de alma, tenemos la infinita sabiduría para desarrollar hábitos y costumbres a lo largo de la vida y para cada época de ella.
Hombres y mujeres solteros, desarrollan hábitos y costumbres que genera un determinado carácter y personalidad. Cuando llegan al matimonio, con inteligencia emocional y sabiduría, deberían desarrollar nuevos hábitos y costumbres, apropiados para su nueva vida de pareja.
Si, los hábitos y costumbres de solteros, afectan negativamente poniendo en riesgo el crecimiento y progreso del nuevo hogar, éstos deberían ser corregidos y cambiados, en base al amor verdadero (que consiste en buscar la felicidad de su pareja), sin ningún esfuerzo ni sacrificio, sino en forma natural.
Por ejemplo, un hombre soltero que suele beber con amigos los fines de semana, ó una mujer soltera que suele ir a la discoteca tres veces por semana; al casarse, no deberían mantener estos hábitos y costumbres, por razones obvias.
Por tanto, es saludable, un cambio necesario y adecuado, para asegurar que los nuevos hábitos y costumbres que adopte la nueva pareja, les permita corregir, desarrollar y enriquecer su carácter y personalidad, para construir un hogar de progreso infinito, y armonía con sus familiares.
Casi es un hábito y costumbre general de las personas, el hecho de observar no sólo las virtudes, sino pricipalmente los defectos de los demás. Conozco personas que son expertas en descubrir y señalar los defectos ajenos.
Este carácter y personalidad de juzgar a los demás, resaltando sus defectos y errores en lugar de sus virtudes, infaliblemente, nos conducirá hacia un destino repleto de conflictos y autodestrucción.
El Dr. M. Taniguchi, en su libro La Verdad de la Vida Vol. 7, aconseja y dice: “Vivamos según los principios del reloj de Sol”. Un reloj de Sol es un disco con las horas grabadas y con un clavillo fijado perpendicularmente; cuando los rayos del Sol inciden sobre el disco, la sombra del clavillo se proyecta en su superficie indicando así, la hora. Por tanto, vemos que el reloj de Sol, solamente registra las horas en que el Sol brilla.
Entonces, vivir según los pricipios del reloj de Sol, consiste en registrar solamente los momentos alegres y felices de nuestra vida, utilizando el poder creador de la palabra para expresar la alegría y felicidad.
Reverenciar el Yo Verdadero, la esencia espiritual o Naturaleza Divina de cada ser humano, es aplicar el principio del reloj de Sol; es decir, no hablar ni pensar en la aparente maldad de una persona, sino, reconocer y reverenciar su esencia de naturaleza divina, conforme a las enseñanzas de Jesucristo de “amar a nuestros enemigos”.
¿Cómo alcanzar tan elevado nivel espiritual que nos permita reverenciar la naturaleza divina de todas las personas, incluyendo a las que nos hacen el mal?. Es preciso un riguroso entrenamiento mental en el sentido de sólo ver el lado positivo y las cualidades de los demás.
Sin duda alguna, usted conseguirá eso, porque los aparentes males e imperfecciones de las personas, son “falsos aspectos”, comparables a las nubes que cubren el cielo que siempre es azul.
Aquellas personas que han viajado y conocido diferentes lugares en el mundo, han podido observar personas y sociedades, con hábitos y costumbres diferentes a las nuestras.
Cuando pensamos en todos los seres humanos que habitan el planeta, llegamos a la conclusión que cada uno manifiesta y exterioriza diferencias en el carácter y personalidad; y, por lo tanto, su vida y destino es particularmente distinto.
Podríamos decir que hay sociedades muy desarrolladas y evolucionadas, donde realmente el ser humano, la persona, es la existencia más importante, y por tanto es el centro de atención en el desarrollo de la civilización.
Es el caso de muchas ciudades de Alemania, Francia, Suiza, Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia, etc., donde han alcanzado un alto grado de respeto a sí mismo y a las demás personas, de tal manera que en su comunidad prevalece o predomina el orden, la justicia, la convivencia armoniosa, la limpieza, el amor al trabajo y la consideración mútua entre las personas; claro está, sin llegar a la perfección.
También podríamos decir, que hay sociedades poco desarrolladas y menos evolucionadas, donde realmente el ser humano no es tan importante como las posiciones socio-económicas (status), las posiciones políticas y religiosas, las diferencias de sexo, etc.
Es el caso de países donde aún persisten las monarquías con mayores privilegios para los gobernantes; y, en otros casos, los países donde los derechos humanos individuales de la mujeres son inferiores a los de los varones.
Estas situaciones se manifiestan porque el ser humano aún no se conoce a sí mismo y no sabe quién es en verdad; actúa solamente basado en sus cinco sentidos. Debemos recordar que los cinco sentidos sólo captan proyecciones de la mente y no la Realidad Verdadera.
En nuestra esencia, en nuestro Yo Verdadero, en nuestra naturaleza verdadera, nosotros somos muy respetuosos, amorosos, generosos y atentos con nuestros semejantes. Este alto grado de nobleza espiritual es la que debemos manifestar en nuestra vida diaria.
El conocerse a sí mismo podría suponer un asunto interesantísimo para algunas personas, y para otras, un tema algo abstracto y difícil de comprender, requiriendo mucho esfuerzo y concentración para su cabal conceptualización.
Cuando hablamos de conocernos a nosotros mismos, no está referido al conocimiento que debemos tener acerca de nuestro cuerpo carnal. Tampoco se refiere a nuestros gustos o deseos por las cosas materiales o físicas; ni el nivel de aceptación o grado de conformidad con las cosas y situaciones que percibimos con los cinco sentidos.
En otras palabras, algunas personas podrían pensar y creer que se conocen a sí mismas cuando dicen: “yo soy muy calmado, pero si me sacan de mis casillas, soy capaz de arrasar con todo”. Otros pueden decir: “si alguien me lastima, me resiento mucho y no olvido fácilmente”. Otros pueden decir: “Si alguien me da un golpe, yo le devuelvo dos golpes”. Y así por el estilo.
No nos engañemos, eso no es conocerse a sí mismo, es tan solo saber cómo es nuestra actitud y reacción ante determinados estímulos. Sólo es conocer la forma en que nos manifestamos basados en hábitos y costumbres adquiridas. Saber cómo es nuestro carácter y personalidad no significa que ya tenemos verdadero autoconocimiento.
Conocernos a nosotros mismos es mucho más profundo. Es saber quiénes somos realmente, y qué somos en verdad. Al respecto, tengo la firme convicción de que somos hijos de Dios y por lo tanto, seres espirituales. Nuestra verdadera Esencia, Alma o Yo Verdadero, es la fuerza y energía vital que comanda y da vida a nuestro cuerpo carnal.
Somo la máxima autoexpresión de Dios, dotados de su: sabiduría, amor, vida, provisión, alegría y armonía infinitas. Estas virtudes podemos manifestar y concretar en nuestra vida diaria mediante el adecuado uso y dominio de nuestra mente consciente y subconsciente.
A partir de este autoconocimiento, podemos ser mejores seres humanos, mejores padres, mejores hijos, mejores amigos, mejores líderes, etc. Podemos entender y comprender mejor a los demás, podemos saber cómo triunfar y alcanzar éxito en nuestra vida, ser felices y dar felicidad a los demás. Lea nuestro artículo: Confianza en uno mismo, el primer paso en el camino del éxito.
Queda claro, que guardo mucho respeto por aquellas personas cuyos pensamientos y creencias son diferentes a los míos.
¡Muchas gracias!