Jun
02
2009


espiritual

Imagine la vida como una enorme balanza… de un lado está la razón y del otro las emociones. Usted sabe que es importante razonar, pero no puede desprenderse de sus sentimientos o carga emocional al hacerlo. Son cosas que no podemos separar, precisamente porque somos seres humanos.

De la misma manera, el liderazgo se puede concebir como una gran balanza. De un lado está el pensamiento crítico y del otro la inteligencia emocional. Así, todo ser humano que quiere convertirse en un líder o practicar un liderazgo efectivo tendrá que saber encontrar su propia combinación de ambos. Es decir, la fórmula perfecta para sí mismo.

El pensamiento crítico llama a nuestro lado plenamente racional. Cuando resolvemos situaciones, tomamos decisiones o enfrentamos problemas, requerimos ordenar nuestras ideas, analizar, sintetizar, definir, conceptuar, etc. Por otro lado, la inteligencia emocional evoca la expresión de nuestros sentimientos hacia los demás. Asimismo, contiene un elemento básico e importantísimo que es la empatía. Esa característica es la que nos ayuda a relacionarnos de forma adecuada con otras personas, considerando siempre el contexto y las diferentes personalidades que podemos encontrar.

Entonces, el liderazgo es buscar la forma de balancear de la mejor manera para cada quién, el pensamiento crítico y la inteligencia emocional. Todo depende de ese balance. Un buen líder podrá sobrellevar cualquier situación si puede mover la balanza a su favor en cada lugar y con cualquier persona. Los líderes efectivos pueden encontrar la fórmula adecuada para mantenerse y sobresalir en un oceáno plagado de abundantes cambios e incertidumbres.

Si usted es un líder, o está en camino de serlo, no pierda de vista la interdependencia que existe entra la razón y los sentimientos. Ambos forman una simbiosis, la cual en el balance correcto, puede convertirse en un arma muy poderosa.

Lea también nuestro artículo Una de las estrategias principales del líder, la mirada en 360°.

La foto es de Stock.Xchng

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Feb
16
2009

espiritual

La felicidad y en realidad, cada etapa de nuestra vida, depende de un solo factor: el equilibrio. Así es, aunque parezca frase de alguna película antigua, es la verdad; el equilibrio gobierna el éxito o fracaso de toda acción o proyecto personal.

El estar en constante equilibrio, no sólo refleja que sepamos controlar nuestras emociones y tengamos un plan detallado para nuestra vida, sino también un gobierno pleno sobre el corto y largo plazo. El balance entre ambos, es fundamental para triunfar en la vida y obtener el éxito.

Hay acciones que deben tomarse en el corto plazo, porque es necesario que arreglen ciertas situaciones urgentes e importantes; mientras que hay otras que deben considerarse como de largo plazo, pues asegurarán un mejor y más duradero estado positivo.

Para ser más claros, usted debe tener de los dos tipos. Seleccione y clasifique correctamente sus acciones de largo y corto plazo. Pero tenga cuidado… no caiga en el abandono del largo plazo que es un estado perfecto, armonioso y prometedor, pero falta mucho por llegar ahí, además de requerir esfuerzo y tiempo. Por otro lado, no se equivoque durante el corto plazo, que es de ejecución rápida y podría solucionar muchos problemas actuando rápido.

Cada vez que pueda, enfrente los problemas con estas dos estrategias; ya que ambas se complementan y sostienen entre sí. Una acción inmediata resuelve el problema y nos permite empezar a ocuparnos de otros temas; mientras que un plan de largo plazo es muy importante para remediar el problema de raíz y prometernos un mejor entorno más adelante.

El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie, el realista ajusta las velas. WILLIAM ARTHUR WARD.

La foto es de Stock.Xchng.

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