Muchas personas suelen manifestar con cierto aire de orgullo, que ellos se mantienen igual, sin cambiar para nada, creen que no necesitan hacerlo. Aquellas personas seguramente dicen así porque no conocen la verdad o porque han escuchado a alguien importante decir eso y piensan que es bueno no cambiar, y otros sencillamente porque creen que no quieren cambiar.
De otro lado, hay personas que cambian constantemente a tal punto que su conducta se torna incierta; siendo considerados por los demás como volubles.
En todo este mar de cosas, cada persona tiene su propio marco teórico de conceptos que guían su vida y destino.
Tal vez un concepto común con el cual todos estamos de acuerdo, sea el hecho de anhelar crecer contínuamente; todos tratamos de ser más y mejor cada día, y lograr nuestra autorealización y felicidad. Creo sin lugar a equivocarme, que no existe ser humano que desee ser peor cada día.
Para mayor sencillez, consideraremos tres aspectos fundamentales del ser humano: alma o espíritu, mente y cuerpo físico o cuerpo carnal.
El alma o espíritu, es el aspecto verdadero de nuestra vida, es la esencia o Yo verdadero; y, es eterno, inmutable y perfecto desde su origen. Es la propia imagen y semejanza de nuestro divino creador Dios. En algunos, está tan oculto y encubierto como es el caso de las personas que practican maldades extremas: violadores, homicidas, secuestradores, etc.
La mente es el poderoso instrumento encargado de procesar la información, los pensamientos, las creencias, y almacenarlas. Tiene total capacidad y libertad para cambiar hacia el camino del Bien o hacia el camino del mal.
El cuerpo físico o cuerpo carnal es el aspecto que ejecuta las órdenes de la mente. Su característica es el cambio constante; hay células que se renuevan diariamente como las de la piel. Se sabe que en el transcurso de 15 años aproximadamente, el cuerpo ha renovado totalmente las células que la conforman.