May
06
2009


espiritual

El ser humano sufre enfermedades, dolencias, corrupción, fracasos y otros infortunios por dos razones fundamentales:

La primera, porque piensa y cree que es un ser material y por lo tanto efímero porque tarde o temprano morirá y todo se acaba para él. Esta visión de vida materialista engorda su ego y lo llena de temor de: sufrir enfermedades, fracasos, corrupción, perder su riqueza monetaria, oprimir y ser oprimidos, robar y ser robados, engañar y ser engañados, etc. En otras palabras, busca la satisfacción de sus deseos egoístas antes que le llegue la muerte. Aquí se incluye también, el hecho de pensar y creer que sus cinco sentidos perciben el mundo verdadero; no es así; los cinco sentidos del hombre, sólo perciben las proyecciones de su mente y la mente colectiva.

La segunda, porque no conoce las leyes mentales. Las leyes de la mente son inexorables y rigen la vida del ser humano en este mundo proyectado o manifestado:

Ley de causa y efecto: todo lo que usted piensa y cree se convierte en “causa” y consecuentemente tendrá un “efecto” correspondiente.

Ley la Palabra tiene poder creador: todo lo que usted piensa y cree se concreta en su vida.

Ley de atracción de los semejantes: si usted alberga en su mente pensamientos de engaño, atraerá a su vida personas con semejante pensamiento.

Aquella persona que piensa y cree que es un ser espiritual, que su Yo Verdadero o esencia espiritual es hijo de Dios; y, conociendo las leyes de la mente, las comprende y las utiliza con inteligencia y sabiduría, infaliblemente, se convertirá en su propio líder para alcanzar el éxito y la prosperidad en su vida.

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Mar
27
2009


El ser humano, desde los inicios de su creación, siempre ha estado inmerso en discordias y disputas entre unos y otros, motivados por diversas causas.

Analizando la Historia de la humanidad, comprendemos que, si la misma humanidad no experimenta una transformación radical, la paz y la felicidad no se concretizarán en este mundo material, por más que muchas personas pidan eso en oración.

A lo largo de la historia, hubo innumerables guerras y conflictos entre los hombres, y la humanidad vivió épocas terribles, de miedo, rencor, celos, corrupción, destrucción de ciudades y extrema pobreza. Hoy en día la situación es similar.

Todas las personas desde el fondo de su corazón, anhelan por el fin de las guerras y conflictos entre los seres humanos. A través de generaciones, los religiosos vienen orando por la paz y suplicando a Dios: “¡Por piedad, danos la paz! que se acaben las guerras para que los hombres no continuen matando e hiriendo unos a otros”.

Mientras tanto, los conflictos siguen ocurriendo. Dios debería escuchar las fervorosas oraciones de las personas; sin embargo, ellas no fueron atendidas y no terminaron las guerras ¿Por qué será?.

Es porque la propia humanidad no cambió. Las oraciones pedían el fin de la situación fenoménica llamada conflicto (que es una consecuencia) y no el cambio de la humanidad (la causa).

Toda situación fenoménica (mundo material susceptible a cambios) es reflejo de la mente humana. Por esa razón, para acabar con los conflictos, disputas y desacuerdos entre los seres humanos, es preciso antes que nada, hacer oraciones para cambiar la mente de la humanidad.

Sabemos que el conflicto es consecuencia de las hostilidades que ocurren en el ámbito mental, y para que exista la paz, es necesario eliminar esas hostilidades. Pero, no debemos orar pidiendo que se acaben las hostilidades mentales, porque eso equivale a aceptar su existencia y ellas se manifestarán cada vez más de acuerdo con la ley mental “se manifiesta concretamente aquello que se tiene en la mente (atracción de semejantes)”.

Nuestra oración debe ser de Amor y Gratitud a Dios. Sentir que el infinito Amor de Dios fluye hacia nuestro interior, vivificando nuestro Yo Verdadero o Esencia espiritual, nuestra naturaleza verdadera de hijos de Dios, reconociendo mentalmente lo que verdaderamente somos en nuestra esencia: seres espirituales divinos dotados sólo de Bien, Amor, Paz y Felicidad; que nuestra Imagen Verdadera es perfección y armonía.

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Feb
07
2009

espiritual

Algunas personas piensan y creen que la buena suerte y la mala suerte, son oportunidades que se presentan al azar en la vida cotidiana; y por tanto, están sujetos a la probabilidad de ocurrencia.

Otras piensan y creen que son situaciones que atraemos nosotros mismos, siendo por tanto, responsables de esas ocurrencias.

Otro grupo de personas opinan que la buena suerte y la mala suerte son generados por terceros, siendo ellos los responsables de esas ocurrencias.

Por último, un cuarto grupo de personas piensan y creen que la buena suerte y la mala suerte no existen, y las ocurrencias obedecen a las buenas ó malas decisiones que adoptan en su vida diaria.

Todas las personas, para llegar a este nivel de pensamiento y creencia con respecto a la buena suerte y mala suerte, han pasado por un proceso mental previo. Este proceso mental involucra repetidos pensamientos, palabras y acciones que finalmente consolidan en su mente subconsciente, un determinado tipo de pensamiento y creencia.

Considerando que la misión del ser humano es ser feliz y hacer felices a los demás; los cuatro tipos de pensamiento y creencia descritos, también producirán diferentes niveles de logros de esta felicidad ó desgracia.

Simplificando; el primer grupo considera una probabilidad igual de ser felices e infelices. El segundo grupo, siempre se estará agradeciendo ó culpando a sí mismo. El tercer grupo, siempre estará agradeciendo ó culpando a los demás de su felicidad ó desgracia. El cuarto grupo es el que mejor se acomoda para logra la felicidad total.

Las leyes mentales existentes, rigen y gobiernan la vida física de las personas en este mundo material. Se hace necesario cambiar la actitud mental, rompiendo paradigmas con una reingeniería mental o innovación mental; y, aprender a utilizar mejor nuestra mente consciente y subconsciente.

Por la ley de la fuerza creadora de la palabra: los buenos pensamientos, las buenas palabras y las buenas acciones, siempre se concretarán en felicidad.

Por la ley de atracción de semejantes: las personas con buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones, atraerán acontecimientos felices, en otras palabras, sólo estarán presentes en dichos acontecimientos.

Por la ley de causa y efecto: al sembrar semillas de buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones, sólo cosecharán frutos de la misma naturaleza.

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