Probablemente la palabra “líder” sea una carta demasiada jugada en mesa, es decir, algo ya muy maltratado de tanto uso. Sin embargo, no podemos negar que un buen líder es lo que siempre necesita una sociedad o empresa para salir adelante.
Desde ya hace mucho tiempo se habla de los líderes y de como estos pueden cambiar el mundo. Asimismo, al hablar de un líder, se mencionan una lista de cualidades que son difíciles de conseguir para cualquiera. Lo que es nuevo en el ambiente del liderazgo es que ahora se habla de dos tipos de líderes, ambos buenos, pero enfocados a tareas distintas.
De esta forma, en la actualidad, se habla de un líder transaccional, encargado de trabajar con las personas para que los objetivos trazados se cumplan, y otro líder transformacional, quién se encarga de inspirar a las personas para que puedan ir en la dirección deseada. Este líder transformacional, como bien su nombre lo dice, transforma el mundo que lo rodea hacia una realidad mejor y posible en todos los aspectos.
El líder transformacional, educa, enseña y motiva a las personas para que cada una de ellas saquen a relucir lo mejor que llevan dentro y lo pongan al servicio del equipo y de las metas. Es este tipo de liderazgo que no se encuentra a la vuelta de la esquina y que tampoco puede ser aprendido de libros. Mientras que el liderazgo transaccional se aloja en un mundo académico, el liderazgo transformacional subyace en las capas más profundas de las habilidades interpersonales, guardando sus secretos solo para una élite en particular, capaz de revelarlos.
El líder transformacional es el visionario que tiene esa capacidad innata de ver al futuro y dirigir adecuadamente a un equipo o una organización. Es por esto que, a partir de ahora, cuando le hablen de liderazgo, preguntese usted mismo qué tipo de líder quiere ser y que necesita para conseguirlo, ya que como le menciono, una está en las páginas de libros más selectos, mientras que el otro está en las profundidas de la experiencia y la actitud.
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Imagine la vida como una enorme balanza… de un lado está la razón y del otro las emociones. Usted sabe que es importante razonar, pero no puede desprenderse de sus sentimientos o carga emocional al hacerlo. Son cosas que no podemos separar, precisamente porque somos seres humanos.
De la misma manera, el liderazgo se puede concebir como una gran balanza. De un lado está el pensamiento crítico y del otro la inteligencia emocional. Así, todo ser humano que quiere convertirse en un líder o practicar un liderazgo efectivo tendrá que saber encontrar su propia combinación de ambos. Es decir, la fórmula perfecta para sí mismo.
El pensamiento crítico llama a nuestro lado plenamente racional. Cuando resolvemos situaciones, tomamos decisiones o enfrentamos problemas, requerimos ordenar nuestras ideas, analizar, sintetizar, definir, conceptuar, etc. Por otro lado, la inteligencia emocional evoca la expresión de nuestros sentimientos hacia los demás. Asimismo, contiene un elemento básico e importantísimo que es la empatía. Esa característica es la que nos ayuda a relacionarnos de forma adecuada con otras personas, considerando siempre el contexto y las diferentes personalidades que podemos encontrar.
Entonces, el liderazgo es buscar la forma de balancear de la mejor manera para cada quién, el pensamiento crítico y la inteligencia emocional. Todo depende de ese balance. Un buen líder podrá sobrellevar cualquier situación si puede mover la balanza a su favor en cada lugar y con cualquier persona. Los líderes efectivos pueden encontrar la fórmula adecuada para mantenerse y sobresalir en un oceáno plagado de abundantes cambios e incertidumbres.
Si usted es un líder, o está en camino de serlo, no pierda de vista la interdependencia que existe entra la razón y los sentimientos. Ambos forman una simbiosis, la cual en el balance correcto, puede convertirse en un arma muy poderosa.
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