espiritual

Con mucha frecuencia, el ser humano suele responsabilizar de lo que le ocurre en su vida, a otros. Parece que se trata de cultura e idea colectiva que tuvo su origen cuando Adán culpó de haber comido la fruta prohibida a Eva, y ésta a su vez, culpó a la serpiente.

En otras palabras, entre las personas, predomina el hábito y costumbre de culpar de sus fracasos unos a otros. Parece ser el camino más fácil para buscar culpables y no asumir nuestra propia responsabilidad.

Reflexionemos sobre este importante aspecto de la vida.

La serpiente no fue culpable de que Eva comiera la fruta, fue ella misma quien decidió hacerlo, la serpiente pudo haberla floreado con mil argumentos, pero al final, fue Eva quien tomó la decisión de comer, por tanto, la única responsable del hecho. De igual modo, Eva no fue culpable de que Adán comiera la misma fruta, fue él quien tomó la decisión de hacerlo, sea por lo que sea, por amor o por miedo a Eva, al final, él decidió comerlo y por tanto, debió asumir su responsabilidad.

En los tiempos actuales, la historia se repite. Por ejemplo, escuchamos decir que un hombre se volvió alcohólico por culpa de su esposa que lo abandonó. En verdad, fue el hombre quien decidió volverse alcohólico, teniendo otras alternativas de decisión, como trabajar con más alegría en lugar del vicio.

En la vida diaria, tomamos decisiones en todo momento y lugar. Siempre y contínuamente estamos decidiendo qué hacer o qué no hacer, qué pensar o qué no pensar, qué creer o qué no creer, qué decir o qué no decir, etc.

Se trata de un contínuo proceso mental consciente e inconsciente. Quiere decir, que todas nuestras decisiones obedecen a creencias y pensamientos, tanto de nuestra mente consciente como de nuestra mente inconsciente o subconsciente.

Lo que somos y hacemos en nuestra vida y destino, es consecuencia de nuestras decisiones, por tanto, debemos tomar decisiones inteligentes y asumir nuestra responsabilidad.

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