El matrimonio no es tan sólo una unión física, no es una sociedad con fines de lucro, no es una búsqueda de felicidad personal; es una oportunidad que la Gran Vida del Universo ofrece para completarnos.
El matrimonio es el encuentro de dos mitades de una sola alma. Es un camino para el eterno evolucionar del ser humano.
El Dr. M. Taniguchi en su libro Enamoramiento, Matrimonio y Maternidad nos enseña: “… La verdadera unión conyugal consiste en la unión de dos personas de sexos opuestos por el principio de la complementación y para el eterno perfeccionamiento recíproco del carácter, a través de la realización del Amor de Dios en la vida práctica” (pág. 160).
A partir de esta Verdad, podemos formular los siete consejos para lograr la verdadera felicidad en el matrimonio:
1.- Elimine de su matrimonio el “yo falso” y haga prevalecer siempre su “Yo Verdadero”.
Elimine de su vida el yo egoísta que sólo piensa en sí mismo. Elimine ese yo carnal que basa todos sus actos en la percepción de sus cinco sentidos, ese yo falso al que sólo le importa su felicidad personal y no la de los demás.
Manifieste plenamente su Yo Verdadero que es su verdadera esencia espiritual. El matrimonio es entrega total. Es pura manifestación de amor. En el matrimonio nos volvemos “uno solo” con el cónyuge.
Desde el momento del matrimonio no hay más “tu” ó “mi” problema, sino “nuestro”. No existen más tus cosas, tu familia, tus padres, sino nuestras cosas, nuestra familia y nuestros padres.
Uno de los aprendizajes del matrimonio es pensar como un solo ser, sin eliminar la personalidad del otro. Respete la singularidad, la peculiaridad y la individualidad de su cónyuge.
2.- Arrepentirse, si la unión fue motivada por intereses físicos o materiales.
El cónyuge (esposa ó esposo) no es un instrumento de placer o un vehículo para enriquecerse. Es un obsequio de Dios, para que usted pueda manifestar todos sus más puros y bellos sentimientos.
Es importante aprender y saber que el amor es conciencia de que “yo y el otro somos uno”.
En el matrimonio tenemos la oportunidad de vivir en la vida práctica esta unidad y de exteriorizar el amor incondicional. De esta manera, el deseo sexual no es el objetivo del matrimonio, sino una consecuencia de la unión espiritual. La riqueza y prosperidad también son el resultado natural de la armonía conyugal.
Continuaremos…
Soy feliz , puedo serlo mas si tu quieres , pero si estoy contigo tambien puedo dejar de serlo , al menos , solo , es seguro que sea feliz pero si te conozco siento una felicidad distinta y me di cuenta que ser feliz es sonreir y llorar .