espiritual

En el artículo anterior referido a este tema, hemos afirmado que las “ilusiones mentales” son pensamientos y creencias erróneas, las cuales las hemos recibido de nuestros antepasados a través de nuestros padres, y también las hemos aprendido de nuestro entorno desde nuestra llegada a este mundo. Las ilusiones mentales no tienen existencia real, parecen existir porque el ser humano al reconocerlos con su mente, les da existencia.

Pero, ¿cómo saber y reconocer que tenemos ilusiones mentales?. Para ésto, es importante conocer lo que es contrario a las ilusiones mentales; por lógica, son los pensamientos y creencias correctas, y estos nacen de un grupo de atributos divinos: Sabiduría, Amor, Vida, Provisión, Alegría y Armonía infinitos.

Estos atributos son los que tienen existencia real y eterna. Están en el diseño original de nuestra Esencia espiritual o Yo verdadero. Esto constituye nuestra naturaleza verdadera. A ésto se refería Cristo cuando dijo: “El Reino de Dios está dentro de vosotros”.

En consecuencia, todos somos capaces de describir los pensamientos y sentimientos que constituyen las ilusiones mentales y que son contrarios a los atributos citados:
Sabiduría: ignorancia, terquedad, necedad, etc.
Amor: odio, celos, resentimiento, ira, venganza, etc.
Vida: enfermedad, muerte, debilidad, etc.
Provisión: pobreza, escazes, carencia, etc.
Alegría: tristeza, pesimismo, desánimo, depresión, etc.
Armonía: conflictos, rencillas, desorden, corrupción, etc.

Las ilusiones mentales influyen en forma negativa y nociva en nuestra vida diaria, conduciéndonos a un comportamiento igualmente nocivo, perjudicando a las demás personas y a sí mismos, es decir, con destino a la autodestrucción de la humanidad.

Las ilusiones mentales se eliminan y destruyen de una sola manera: cultivando, desarrollando y haciendo crecer, los atributos originales con los cuales hemos venido a este mundo.

Debemos enfrentar lo irreal con lo real; la mentira con la verdad; el yo falso con el Yo verdadero; la tiniebla con la luz.

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