Leí hace un par de días una breve reseña dedicada al escritor Julio Cortázar, explicando su particular forma de introducir el juego en sus trabajos literarios.
La parte lúdica que llevaba su niño interior se anteponía a muchas reglas ortodoxas de la literatura.
Esos juegos que rompen paradigmas y esquemas son los que precisamente necesitamos para el alma. Que liberen su espítiru de las cadenas y límites impuestos por la sociedad y lo eleven hasta un nivel de creación y diversión única, lo cual es un manjar para su desarrollo espititual.
Tengo recuerdos gratos que son inolvidables de cuando niño, la habitación de al lado en la primera casa de mis padres, el llamado “cuarto de juguetes”. Un lugar mágico, lleno de color, en donde uno podía ser lo que quisiera, en donde todo podía suceder.
Pienso que, al mejor estilo de Cortázar, usted debe enfrentar el día a día, con ese algo que teníamos de pequeños. Eso que nos hacía soñar y creer que todo era posible. Regrese su mente y alma a ese “cuarto de juguetes” en el que la imaginación no conocía fronteras y todo podía suceder.
La foto es de Fotosearch
Be heard... Be the first commenter!