No pretenda esperar a que alguien se de cuenta de lo formidable que es usted; de lo inteligente, calmado, lógico, audaz y valiente que es. Si usted lo sabe, entonces no necesita esperar la coronación, ponga esa corona en su cabeza y si realmente es rey, le quedará a su medida.
Muchas veces esperamos a que alguien reconozca nuestro valor o nuestro talento, y no nos damos cuenta que dicho reconocimiento debe empezar por nosotros mismos. Debemos estar seguros y confiados de lo que somos y de todo nuestro potencial. Tomemos conciencia del poder que llevamos dentro, de nuestra fuerza interior, aquella que nos hace levantarnos de los problemas y seguir adelante con hidalgía y valor.
La gente lo tratará como lo perciba y como usted sea percibido depende de cómo se muestre ante los demás en todo momento. Muestre su valía a cada instante y sienta orgullo de lo que es y de lo que hace. Las personas percibirán dicho poder y lo tratarán tal cual.
Si usted se siente rey, compórtese como tal, sin tiempo que perder. Calze la corona en su cabeza y empiece a gobernar, tal vez inicie dicho acto con su propia vida. Hágase dueño y responsable de su destino, hoy y en el futuro. En rey lleva en las manos el destino de un pueblo, al igual que usted lleva entre sus manos su futuro y el de su descendencia.
Sienta pasión y valor en cada acto y verá como las personas empezarán a tratarlo de la misma forma en que usted se mira y se siente consigo mismo. Un príncipe o un rey, caminan entre la gente e irradian fortaleza, de espíritu y de mente, irradian una fuerza infinita que hace a los demás confiar, ceder y entregarse.
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