El alma del hombre recuerda su pasado, explica su presente y busca su futuro, todos los días. Todos los seres humanos andamos en busca de algo. Ese algo puede ser dinero, fama, conocimiento, formar una hermosa familia, o bien todo lo anterior junto (la del ambicioso). En ese sentido, todos nuestros actos van orientados a conseguir esos objetivos (suponiendo una vida congruente).

Sin embargo, los resultados no siempre van acorde con lo esperado. Muchas veces las decisiones que tomamos en la vida nos hacen desviarnos del camino por un tiempo o incluso para siempre. Más allá del destino que uno quiere para su propia vida, está también el rol que jugamos cada individuo en el universo. Me refiero al fin único de la existencia humana. Si bien cada alma tiene un destino, existe uno sólo para la humanidad (formado quizás por la suma y resta de nuestros destinos individuales).

Ese camino lo construimos todos, cada día que vivimos. Por lo tanto, nuestro papel a jugar dentro de la vida, debe estar alineado con ese único fin. ¡Pero qué casos más extremos vemos en la historia!. Judas por ejemplo, el que yo conocía como el discípulo malvado que traicionó a Jesús (es lo que me enseñaron de niño). Resulta que ahora, después de los últimos hallazgos, se piensa que Judas fue uno de los discípulos más queridos y que la traición que cometió era el rol que le correspondía para que otros eventos posteriores ocurran. Es decir, una pieza del tablero.

¿Cuántas personas a lo largo de vida fueron piezas jugando un papel determinado para la continuidad de la vida?, ¿cuántas personas lo serán aún?. Sé que el espíritu y la voluntad humana, quizás sean las fuerzas más grandes que existen pero, queda claro que no andan a su libre albedrío, sino que van por un camino y hacia un final.

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