Todos los días por las mañanas, usted se propone un plan. El conjunto de estas propuestas diarias, suman su objetivo o meta en la vida.
Así, cada ser humano define sus metas. Ahora simplemente es cuestión de seguir los pasos trazados para llegar a esos objetivos, en donde cada pequeña acción, movimiento y decisión, debe ser consecuente con el final deseado.
La pregunta en base a la cual empecé a escribir este artículo es la siguiente: ¿Qué razón o circunstancia haría cambiar estos planes?. Si supuestamente es lo que deseamos en la vida, ¿por qué habría de cambiarlo?.
De niño, anhelas juguetes; de adolescente, una novia; de adulto, una profesión, un buen trabajo, una familia; de viejo, tranquilidad. Si la felicidad está siempre en función a cosas que quizás aún no tenemos, entonces podríamos concluir que la felicidad es algo utópico. Bueno, este es otro tema (lea nuestro artículo La Felicidad está en el próximo minuto).
Si existen razones por las cuales usted pueda alterar los planes inicialmente trazados, estas no lo llevarán a un final distinto de la felicidad que siempre ha buscado. Es decir, obviamente nadie cambiaría una promesa de una vida feliz por otra de infelicidad.
El fin se mantiene entonces. Lo que cambia son los medios. Lo que parecían ser metas, ahora vea que se han convertido en medios y es por eso que se pueden alterar. La meta no cambia, sólo se redescubre.
Usted debe cambiar sus medios cuantas veces le parezca necesario. No se asuste si estos cambios le parecen radicales en algún momento. Siempre tenga presente que su meta no cambia, sólo los medios para conseguirla.
El ser humano, en su esencia y espíritu, posee la capacidad para cambiar sus medios y redescubrir su meta en la vida de forma constante.
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