espiritual

No se si a usted le gusta jugar ajedrez, pero seguramente en alguna oportunidad ha visto un tablero y la disposición de las piezas en el mismo.

En un buen juego de ajedrez, las piezas no están esparcidas por el tablero de forma aleatoria o por azar. Cada pieza tiene una habilidad en particular y en conjunto, mediante la posición, determinan una estrategia de ataque o de defensa en particular. Como sabe, las piezas no se mueven por si solas, por lo que también debemos mencionar al líder o general que comanda a estas piezas (jugador de ajedrez).

De igual forma en la vida, tanto profesional como personal, nosotros nos convertimos en líderes, generales de un equipo de personas, a las cuales tenemos que llevar a cumplir un objetivo específico.

Para Sun Tzu el tema es muy claro. Él dice: “Considera a los soldados como a niños, y ellos irán hasta los valles más profundos”… “Considera a los soldados como a hijos amados, y ellos estarán a tu lado hasta la muerte”.

En su obra El Arte de la Guerra, Sun Tzu nos explica la elevada responsabilidad que conlleva ser un líder. No solo llevas contigo el deber de la tarea, sino las vidas de los que te siguen. Por lo tanto, un buen líder debe medir con cautela la situación y la posición en la que se encuentra. El terreno, el clima, el ánimo del ejército, entre otros deben ser analizados y estudiados con precaución para no perder la meta, ni llevar a la ruina al equipo.

La estrategia de la posición, al igual que en el ajedrez, gana una gran importancia en la vida. Debemos preparar los ataques y las defensas con anticipación y meticulosidad. Si se avanza, debe ser porque es el momento indicado para avanzar. Si se retrocede, debe ser porque es el momento propicio de hacerlo. Cada movimiento del equipo debe estar en armonía con el plan y el objetivo trazado.

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