Cuando uno nace, crece, aprende y descubre el mundo, lo hace dentro de una familia, por lo general. Dentro de esta familia, uno se siente protegido, querido, estimado, considerado y dispuesto a aprender cada día más.
Entonces, la familia forma algo así como un capullo imaginario de protección e influencia alrededor de uno. Por lo tanto, al formar este capullo, la información que uno puede obtener del mundo exterior accede, pero con los filtros familiares.
Es decir, uno tiene acceso a mucha información, pero siempre con el punto de vista familiar impregnado. Uno recibe muchas ideas, pero que muchas veces pueden llegar distorsionadas o incompletas, debido a estos filtros que pone la familia, sin ninguna mala intención.
Es en este escenario que aparecen los amigos. Uno encuentra amigos en muchos lugares, en la escuela, en la universidad, en el trabajo, en el club, etc. Pero estas personas a las que llegamos a conocer muy bien, provienen de otras familias con costumbres, puntos de vista y opiniones diferentes a las nuestras. Entonces, ellos llevan consigo, las experiencias y aprendizajes de universos distintos y nuevos para nosotros.
Eso precisamente es una de las grandes cosas que se puede encontrar en un amigo: un universo diferente y nuevo. Un mundo por explorar y conquistar. Nuevas experiencias, nuevos pensamientos, nuevas ideas, todo un viaje extraordinario hacia el conocimiento. Y es así, con cada amigo que conocemos.
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