espiritual

Cuando se menciona la palabra “pobreza”, generalmente y en forma instantánea, nuestros pensamientos se dirigen a una situación de carencia de recursos, propiedades, desempleo, mendicidad, indigencia y hasta falta de higiene y limpieza; es lo que llamaríamos “pobreza material”. Y, cuando se habla de “riqueza” igualmente nos referimos a la abundancia material, aunque no necesariamente al aspecto de higiene y limpieza; es lo que llamaríamos “riqueza material”.

Estos conceptos están muy difundidos entre los seres humanos y parecen constituir paradigmas poco cuestionados y difíciles de romper.

Lo cierto es que, estos conceptos son usados ampliamente en el mundo entero bajo esta percepción material. Muchos políticos como si fuera su manjar preferido, usan como caballito de batalla “su lucha contra la pobreza” y sus resultados dependen de las estrategias utilizadas.

Los países ricos planean y ejecutan programas de “lucha contra la pobreza”, algunos con características duraderas y otros sólo con fines asistenciales. Los líderes religiosos y los líderes sindicales, también tienen lo suyo, estrategias para “luchar contra la pobreza”.

¿Realmente la lucha contra la “pobreza material” es la más correcta? ¿Es correcta la dirección de este esfuerzo? ¿No será que estamos mayormente enfocándonos en los síntomas y no en las causas del problema?.

Si reflexionamos serena y profundamente, llegaremos a la conclusión de que la pobreza material es un efecto, es consecuencia, es síntoma de una causa. La verdadera causa es la “pobreza mental”, que es una situación previa al efecto.

La creencia de que sólo somos cuerpo carnal con imperfecciones, limitaciones, carencias, conflictos y desarmonías, nos hace perder de vista nuestra naturaleza verdadera de seres espirituales, con provisión infinita como Hijos de Dios, nos anula ese sentimiento maravilloso de sentir que “todos somos uno”.

No estamos cuestionando aquellas acciones que se realizan en bien de los más necesitados, tales como educación, salud, infraestructura, etc.

Lo que se requiere es un cambio radical en nuestra Actitud mental, en el sentido de desechar de la mente subconsciente todos los pensamientos y sentimientos negativos; y, más bien ocuparla con pensamientos y sentimientos de Amor, Bien y Sabiduría. De este modo, lo que concibe y reconoce nuestra mente es lo que se proyectará en el mundo material.

Si pensamos y reconocemos la pobreza, aprecerá la pobreza. Si pensamos y reconocemos la enfermedad, aparecerá la enfermedad. Si pensamos y reconocemos el bien, aparecerá el bien. Si pensamos y reconocemos la felicidad, aparecerá la felicidad. Así funcionan las leyes mentales.

Todo ésto no es tan fácil, es un proceso cuya velocidad de logro dependerá de su esfuerzo y dedicación. Más esfuerzo y trabajo, más logro.

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