espiritual

Desde muy pequeños, nuestros padres intentan que aprendamos el valor de compartir nuestras cosas. Con nuestros amigos o primos, los juguetes se convertían en el blanco principal de enseñanza, para aprender a compartir.

En lo personal, nunca tuve problemas con esto de niño, pero claro, sufrí muchas veces las consecuencias de ello, y mis juguetes terminaron o rotos, o en casa de alguien más.

Resulta que a medida que usted crece, podrá ver que el compartir cobra otra importancia. Ya no es el gesto solidario de “te lo doy sin esperar nada a cambio”. Sino que, el ser solidario y compartir conocimiento, experiencia, vivencias; tanto en lo profesional como en lo laboral, nos hace ingresar a un círculo virtuoso de enseñanza-aprendizaje con el mundo.

Muchas cosas no las enseña la escuela, la universidad o los padres; sino la vida y las personas que nos encontramos en el camino.

Aprenda a compartir con estas personas, con el mundo. Todo lo que usted aprenda y lo enseñe a su vez, le será devuelto con creces en algún momento.

Entonces, en la vida uno juega dos roles constantamente:

1. Mentor: se encuentra con personas que saben menos que usted, o les toca trabajar juntos; a usted le toca enseñar.

2. Aprendiz: se encuentra con personas que saben más que usted; le toca aprender,

Otro punto importante, es darse cuenta en qué momento se juegan esos roles. Que no nos pase desapercibido. Es decir, cuando sea mentor, enseñe de verdad, con el corazón. Ponga toda su voluntad en hacerlo bien. Igualmente cuando sea aprendiz; aproveche el momento y pregunte, indage, observe, aprenda.

Así, mentor o aprendiz, en cualquier caso la vida confabula esa unión, temporal o no, para que uno aprenda y el otro enseñe. Forme parte de esto, trate de no rechazarlo por ningún motivo; ya que es un círculo y si usted busca su desarrollo espiritual o prefesional, tiene que entrar en él.

0 Comments